TURISMO SOMOS TODOS

Dice el dicho: "La gracia de la fea la bonita la desea". ¿Cuántos países no quisieran tener playas, montañas, lagos y ríos a menos de 45 minutos de su capital? Y no solo eso, se puede desayunar en una playa, ir a almorzar a un hotel de montaña y cenar en un restaurante en la ciudad, es decir, recorrer distintos relieves geográficos, climas y ambientes en menos de un día. Pero eso no es todo, El Salvador supera a Costa Rica, principal imán turístico del Istmo, no solo por la proximidad de distintos atractivos recreacionales y ecológicos, sino también por su variedad gastronómica y la amabilidad de nuestra gente.

El problema es que Costa Rica no solo vende volcanes, ecoturismo, turismo de aventura y playas, sino también la seguridad que un turista internacional requiere para sentirse cómodo disfrutando de la naturaleza o de vestigios coloniales. San José es, además, una ciudad ordenada y limpia, lo mismo que sus playas o zonas boscosas. Dado que la seguridad está ligada a la honradez, siendo honestos, salvo las excepciones el salvadoreño común es taimado. Si ve que a alguien se le cae un billete o la cartera, en lugar de devolverlo a su dueño mejor lo esconde pisándolo con un zapato para luego recogerlo.

Acahuita, una de las playas más bellas y extensas en la costa atlántica costarricense, cerca de la frontera con Panamá, no solo depara al visitante un cálido océano, sino también un parque ecológico. Por supuesto el turista debe pagar un tributo para disfrutar de playa, bosque y mucha tranquilidad de que no será asaltado o herido, pese a la soledad del lugar.

Eso no ocurre en nuestro país. La sensación del turista por ser atacado en un centro turístico compite con el miedo de padecer una enfermedad gastrointestinal, excepto que se hospede en un hotel 3 o 4 estrellas. Pese a este panorama de preocupación, El Salvador ha venido aumentando sus divisas en turismo, lo que augura un crecimiento gigantesco si los planes para recuperar la seguridad del actual gobierno resultan efectivos.

Volviendo al exitoso ejemplo de Costa Rica, en El Salvador no solo bastará garantizarle al turista  su seguridad mientras pernocte en cualquier parte del territorio, el ciudadano común también deberá apoyar los esfuerzos por consolidar la industria turística, siendo honesto y honrado con el viajero que nos visita, ya sea por placer o trabajo. Muy acertadamente lo ha dicho Taleb Rifal, experto en el tema: “El turismo es un sector horizontal e interconectado; nuestro éxito depende de la colaboración, es decir, darnos la mano unos a otros, compartir inteligencia y compartir experiencias”. Esto es igual a decir que turismo somos todos.

San Salvador, 29 de julio de 2019

CELEBRACIONES Y COMPETITIVIDAD

Recién concluyó el primer semestre del año y con él una serie de asuetos remunerados y otras celebraciones que, pese a tener carácter nacional, no hay feriado para los trabajadores, entre ellas la fiesta del 3 de mayo, fecha en que se veía y sentía la devoción por adorar la cruz, no solo en los hogares, sino también las instituciones educativas colocaban su cruz adornada con frutas de temporada. Creemos que no era para evitar que el diablo llegara a bailar por la noche, sino porque la devoción por la cruz era una de las pocas tradiciones masivas que aún se mantenían. Sin embargo, hasta la mismísima cruz, símbolo del cristianismo, ya perdió terreno frente a la frugalidad de los tiempos actuales.

Ahora el salvadoreño común tiene otras celebraciones, como por ejemplo el día del orgullo gay, la conmemoración de los mal llamados "acuerdos de paz" o el rimbombante "viernes negro" (black friday), aunque se mantienen las fechas tradicionales dedicadas al padre y el Día de la Madre.

Afortunadamente celebrar el día de halloween no prospero en nuestro país, ya que dejar que los niños deambularan por los vecindarios se volvió casi una amenaza fatal, pues tarde o temprano alguna criatura sería violada o asesinada con dulces envenenados.

Lo cierto es que los salvadoreños ya tenemos suficientes vacaciones al año. Descansamos más de lo que trabajamos y esa flojera colectiva le resta competitividad al país. En otras palabras, holgazanear nos resulta demasiado caro a todos, menos, por supuesto, a los comerciantes que aprovechan cada feriado para maquilar al pueblo lo poco que gana.

El colmo es que hay instituciones de gobierno que luego de las fiestas de fin de año, Semana Santa y Fiestas Agostinas, regresan días después de haber finalizado las vacaciones para el resto de los trabajadores, aparte de cerrar dichas dependencias el día del sindicato y cada vez que se les antoja dejar de servir al contribuyente, llámese también patrono de los burócratas, pues somos el pueblo quien con los impuestos pagamos los salarios del ventrudo aparato estatal.

Y como todas las instituciones de gobierno cobran onerosas tarifas por cualquier servicio: por un pasaporte, $25 dólares; por un trámite en el Ministerio de Transporte, $ 30 dólares, es justo pensar que dependencias como Migración, CNR, entre muchas, deberían ser autosostenibles y dejar que el presupuesto general sea invertido casi en su totalidad en salubridad, educación y seguridad.

Lamentablemente todos los gobiernos que hemos tenido en el último cuarto de siglo han hecho lo contrario. Disminuir cada vez los presupuestos a los ministerios de Educación, Salud y Seguridad, transfiriendo millones de dólares a la Presidencia de la República para que lo despilfarre el presidente y sus allegados, o a una inoperante Asamblea Legislativa, o bien a la incapaz Corte de Cuentas y a una ineficiente Corte Suprema de Justicia que poco hace porque haya una cumplida justicia en El Salvador.

El gobierno de turno debe hacer un diagnóstico profundo y exhaustivo para saber en qué gastan cada centavo aquellas dependencias que por ahora poco o nada inciden en solucionar el problema fundamental de los salvadoreños: la violencia e inseguridad sistémica, y transferir gran parte de esos presupuestos a su plan de seguridad, evitando en lo posible nuevos endeudamientos.

Bien lo dijo en tiempos de campaña el presidente Bukele, cuando no se roba el dinero alcanza, pero hay que agregar que no basta con el estricto control y transparencia de los gastos, hay que también darle un uso racional y efectivo al presupuesto, evitando despilfarros tal como ocurrió en ANDA y habrá ocurrido en el ISSS, en mas de alguna autónoma o en las superintendencias. Quedará también para el próximo año, resolver el problema de la reducción de un aparato burocrático demasiado obeso, que lenteriza los procesos, pues un sencillo trámite debe pasar por muchas manos con el fin de justificar el salario de activistas partidarios sin más mérito que haber hecho pinta y pega o colocado carteles proselitistas.

Volviendo a los asuetos en el gobierno, afortunadamente el segundo semestre es menos prolífico en días libres. Solo nos quedan el 15 de Septiembre y el 2 de Noviembre, además del feriado agostino. Ojalá que el próximo año el CNR, el ISSS, la ANDA y otras instituciones desentralizadas no vacacionen más allá de lo que descansa un trabajador de la empresa privada. Caso contrario, en el futuro no nos quejemos de hundirnos más en el fango de la miseria y ser más dependientes de las remesas, de los millones de dólares que mes a mes nos envían los hermanos lejanos, quienes si trabajan casi todo el año y muchos en condiciones que solo un inmigrante tercermundista puede hacerlo.

22 de julio de 2019.

A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS

La sabiduría popular no se equivoca cuando dice que los males según su dimensión, así habrá de ser su medicina. Sin embargo, hay quienes quieren curar un cáncer con aspirinas o una gangrena con pomadas, cuando lo que exige es cortar el área infectada, de un solo tajo y sin contemplaciones.

Por razones que solo se suponen, nuestro país dejó que la violencia que ahora nos aflige se extendiera hasta límites insospechados y, virtualmente fuera de control. Pese a que siempre se ha dicho que controlar a las pandillas era solo cuestión de voluntad, para ser honestos no es así, aunque la voluntad gubernamental sigue siendo piedra angular para erradicar la violencia generalizada que afecta principalmente a las clases más desprotegidas.

El actual gobierno parece ir por buen camino al intentar primero recuperar los territorios, acabar con las extorsiones y disminuir al mínimo los asesinatos. Una de las decisiones más correctas, aunque ilegal y éticamente censurable, ha sido asilar a todos los prisioneros que pernoctan en las distintas penitenciarías. Lamentamos que tal medida haya afectado a presos comunes, algunos de ellos solo por haber robado una gallina. Aquí para ser coherentes con nuestro titular, podemos decir que en la vida pagan justos por pecadores.

Lo cierto es que la voluntad de Nayib por controlar a las pandillas lo ha llevado a confrontar a los otros dos órganos del Estado. Entiéndase por voluntad el deseo consciente y vehemente de hacer algo, aun con riesgos y sacrificios que esa decisión puede implicar. Afortunadamente el actual presidente tiene a grandes sectores del pueblo como incondicionales a sus acciones, al margen de que estas sean legales, acertadas o todo lo contrario.

Cuando dijimos al inicio que a grandes males, grandes remedios, queremos decir que para erradicar la desbocada violencia que nos asola ya no se puede controlar con baños tibios o medidas apegadas estrictamente a lo que manda la ley o a los criterios laxos de quienes defienden los derechos humanos. Acá está correcto que se aplique la Ley del Talión, y aquellos que no tienen la más mínima consideración por una anciana o un bebe, ninguna consideración merecen. Suena a troglodita o salvaje decirlo, pero no hay otra alternativa.

Todos sabemos que si el actual gobierno no controla la violencia, parcial a mediano tiempo y total a largo plazo, los seguidores de su “excelencia” dejarán de creer en él como uno diferente a los mismos de siempre. Por otra parte, si el país no recupera la seguridad que tenía hace 30 años, cualquier crecimiento económico será igual… cosa del pasado, permitiendo que la pobreza sea el mejor caldo para que nuestros conciudadanos emigren y los más niños se vayan convirtiendo en los nuevos mareros.

Que haya tranquilidad, sosiego y paz en cada rincón de El Salvador es fundamental para que florezca el emprendedurismo y que los inversionistas locales y extranjeros establezcan nuevas fuentes de trabajo, porque el trabajo dignifica, da sentido a la vida, evita que la gente huya buscando un “sueño” y genera la riqueza que da estabilidad y crecimiento a una nación.

Esperamos con vehemencia que las fases que el gobierno vaya implementando funcionen, y si es por falta de recursos financieros, nada le cuesta a su “excelencia” pedir un decreto por el cual aquellas empresas que generan más de un millón de ganancias al año deban aportar el 10% de esos ingresos a una partida especial para la seguridad. Igual que deben aportar otro 10% todos aquellos ciudadanos que ganan más 10 mil dólares al mes. Mil menos no los hará pedir limosna, y entre estos habrá que incluir una cantidad enorme de medianos empresarios cuyos salarios pasan con creces los diez mil dólares mensuales.

Lo que no se vale es que se creen más impuestos indirectos a la clase trabajadora, ya que pagamos más de 20: Fovial, IVA, Fosalud entre otros. Pero además de exigir que todas aquellas empresas, empresarios y altos ejecutivos subsidien los gastos de seguridad, Nayib Bukele debe reconocer mundialmente que es incapaz, financieramente hablando, para terminar con la delincuencia y por lo tanto usar su encanto y carisma para solicitar a países amigos cuantiosas donaciones para echar andar las distintas fases que ha diseñado su gobierno para acabar con la delincuencia.

Julio 15 de 2019

Hay distintos retornos estudiantiles. Los de Primaria, Secundaria y Bachillerato regresan a la escuela o el colegio cada enero o en agosto, si están bajo el sistema anglosajón. Sin embargo, los universitarios vuelven a las aulas dos veces al año, como para darles la oportunidad de rectificar su rol de estudiantes, si es que acaso fallaron en algo.

Hoy en julio toca la segunda vuelta. Este retorno a clases debe ser una apuesta por dar lo mejor de sí y lograr un semestre exitoso, no solo en notas altas arriba de 8, sino también en aprendizajes para la vida que les permitan ser competitivos, pero sin caer en actitudes prepotentes por saber más que la mayoría de salvadoreños.

En un país donde apenas el 1 por ciento de la población logra estudiar una carrera universitaria, cada alumno inscrito debe saber que estudiar en una universidad es un privilegio y por lo tanto agradecer esa oportunidad con una fuerte dosis de dedicación y esfuerzo.

Huelga decirlo, pero en la realidad cotidiana muchos universitarios valoran poco ese privilegio y asisten a los salones de clases solo a perder el tiempo y distraer a quienes tienen toda la intención de formarse profesionalmente. No saben que el tiempo perdido los santos lo lloran.

Las competencias, tal como ahora se entienden las habilidades, actitudes y conocimientos que un estudiante debe desarrollar en determinadas áreas de la vida laboral y personal, son cada día más tecnológicas, por ello es que no importa únicamente lo que un estudiante sabe, sino también como lleva a la práctica ese conocimiento y cuál es su actitud de cara a las relaciones laborales con clientes, proveedores, jefes, subalternos y la comunidad circundante.

Esto último explica por qué actualmente las empresas ponen gran énfasis en la inteligencia emocional de sus ejecutivos. Aparte de ponderarse a nivel laboral lo que un graduado universitario sabe hacer, también se valora el cómo hace lo que sabe y los valores que posee.

La integralidad formativa a nivel de educación superior nunca estuvo tan exigida como ahora. Sea ingeniero, abogado o mercadólogo, la formación debe trascender lo académico y los propios saberes de una carrera. Al profesional de hoy se le exige que sea tan buen conocer de la conducta humana como de las leyes básicas del país; que sea bilingüe, experto en informática y que tenga una comunicación escrita y oral fluida.

La tendencia hacia áreas del saber cada vez más abstractas continúa. Los nuevos aprendices universitarios ya no se preparan para confeccionar o ejecutar, sino para desarrollar software, videojuegos o cualquier otra plataforma virtual, sea de contabilidad o para el diseño de modas.

Como parte de ese conglomerado universitario, nos sentimos igualmente emocionados de iniciar un nuevo ciclo, diferente que el recién pasado pero excitante como los anteriores. ¡De nuevo a clases!, aunque en distintos roles, pero no por ello exentos de continuar aprendiendo, pues todo experto algún día muy lejano fue aprendiz y esa habilidad no la debe perder quien tiene la preeminencia de enseñar, porque entonces pierde la magia del conocimiento y deja de ser un maestro ejemplar.

Julio 4 de 2019

Estamos a días para terminar el primer semestre del 2019. Es lo bueno que tiene el tiempo, que transcurre no solo raudo, sino inevitable e invariable, tan pronto como un segundo. Bueno para quienes quieren que los días, semanas y meses transiten rápido. Malo, en cambio, para quienes cada minuto que pasa significa un peldaño que los acerca más a la vejez o la muerte.

El tiempo cambia imperecedera y continuamente. Como habrá dicho el poeta Horacio: “Saca a luz todo lo que está oculto, encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor”. Y aunque en los libros se habla de un pasado, un presente y un futuro, la mera verdad es que de manera práctica solo existe el presente, un ahora tan breve que no has terminado de decirlo cuando ya se volvió pasado, pero es lo que cuenta. Es lo que recordamos y por lo que ansiamos tanto que el futuro llegue.

Sin embargo, tal como reflexionaría John Lennon, “algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora”, ya sea porque viven anclados en un pretérito que fue su zona de confort o su “vientre materno”, o bien por vivir preocupados por un futuro que, a pesar de los controles y preventivos que seamos, siempre es y será incierto, tal como lo vemos a diario con los pronosticadores del tiempo de la televisión. Anuncian tormentas y el clima los traiciona y nos da cielos brillantes.

Preocuparse por lo que hicimos o dejamos de hacer en el pasado o lo que podría venir en el futuro es dejar que cada gota del valioso tiempo presente se escurra entre las manos sin saborear la vida, que es la quinta esencia del presente.

Al casi concluir la primera mitad del 2019 cabe preguntarnos cómo ha sido este año. Sé que es una interrogante que tendrá distintas respuestas según cada quien. Para un diputado o funcionario recién nombrado será indudablemente tiempo de grandes beneficios. Para un empresario “negrero” que explota a sus empleados será igualmente unos excelentes primeros meses.

Sin embargo, para un jornalero o una obrera de maquila posiblemente ha sido un semestre más de penurias e inseguridades, aunque con el pronóstico de que lo que resta del año su realidad podría cambiar, dado que todos esperamos que los sesudos en el gobierno que han diseñado el nuevo plan antipandillas esta vez acierten y la inseguridad sea cosa del pasado. Es lo menos que un ciudadano responsable puede desear.

Caso contrario, si las nuevas medidas fallan, la triste realidad será que muchos obreros se queden tal vez sin empleo y con una canasta básica que se volverá cada vez más inaccesible, ya que, tal como lo hemos dichos en anteriores reflexiones, la seguridad es piedra angular de los demás factores vitales para el salvadoreño: salud, trabajo, vivienda y educación.

Ya no es posible ni soportable que años vayan y años vengan y el grueso de los salvadoreños sigan hundidos en la desesperación, viviendo más por fe que por condiciones que propicien su desarrollo humano, mientras los que tienen el poder económico y político enriquecen más. El pueblo escogió no solo dejar fuera a los mismos de siempre, sino también un basta ya con más de lo mismo.

Siendo positivos, hay que recordarles a quienes tienen el poder que “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, y esperamos que la clase política gobernante, encarnada en una sola persona con un solo nombre y apellido: NAYIB BUKELE,  piense en cambiar la manera de tratar al pueblo, pero no solo en la forma como lo viene haciendo dictando cambios vía twitter, sino también en su contenido o esencia, con beneficios reales.

Caso contrario, tarde o temprano este pueblo sufrido, abnegado pero al mismo tiempo sumiso despertará de su letargo y tomará las riendas de su propio destino, haciendo realidad una vez más el aforismo de que “un pueblo unido jamás será vencido”, tal como lo hizo en 1932 cuando derrotó al tirano Maximiliano Hernández Martínez, y no con armas, sino con acciones pacifistas en una huelga de brazos caídos.

El pueblo espero 20 años para que Arena lo sacara de la miseria. Luego espero otros diez años al Fmln. Al nuevo presidente solo le dará cinco años. Que no nos vaya a salir al cuarto año que las mejorías llegarán si su partido continúa gobernando. Ojalá que las estampas de doña María Chichilco comiendo tortillas no sean solo acciones cosméticas que busquen endulzar el dedo de nuestro pueblo, tal como la Democracia Cristiana lo hizo en los ochentas con la reforma agraria, la cual llegó pero tarde porque no logró detener el movimiento insurgente.

Los enriquecimientos ilícitos de nuestra clase política cuando están en el poder dejan de ser rumores de pasillo y se convierten en verdades que todo mundo sabe al ver cómo cambian los estilos de vida de presidentes, ministros, diputados y alcaldes. Eso ya no deberá continuar, ya que la población tiene grandes expectativas de que por fin un agente estatal haga bien su trabajo y la corrupción e impunidad sean vicios del pasado.

Por el bien del país y los ciudadanos honrados y trabajadores que día a día hacen un tesonero esfuerzo por sobrevivir, ya es hora que nuestros impuestos no vayan a parar a cuentas bancarias en el extranjero o en inversiones ostentosas que ofenden la dignidad del sufrido pueblo salvadoreño.

Bienvenido el segundo semestre de 2019. Esperamos que al final del año haya terminado de una vez por todas los abusos de poder. Que los políticos entiendan que la POLÍTICA los tiene en puestos de mando para servir al pueblo y no servirse de los impuestos y que no tienen más derechos que los estipulados por la Carta Magna.

Como escribiría en 1970 el colega Antonio Gramsci, con frases entre paréntesis  nuestras: “la verdadera razón de ser de la política, es que el Estado sea concebido como si se tratase de un organismo perteneciente al grupo que debe representar (nosotros el pueblo, los de a pie) a fin de conseguir expandirlo lo máximo posible pero que su desarrollo esté contemplado dentro de las expansiones del resto de las naciones… (y que) el grupo que ejerza la hegemonía (los políticos) no debe “escaparse de las manos”, al punto de conseguir una sociedad gobernada por un sistema cuyo único interés sea el económico-corporativo”.

Nuestros políticos entienden lúcidamente lo anterior. Lo que ocurre no es ignorancia de parte de ellos, sino picardía. Son unos taimados sin madre, pero como dirían nuestros abuelos, a todo marrano le llega su sábado…

Junio 24 de 2019

Padre, dice la frase popular, no es el que engendra sino el que cría, aunque algunos cambian el final y dicen “el que está topado en la Procuraduría”. Hay mucho que decir sobre los papás, en especial dentro de una sociedad que pese a ser patriarcal son las madres quienes dirigen los destinos de la familia.

Son distintas las razones por las que los padres están ausentes en el hogar y no vamos a divagar en ellas. Lo que importa, dirá más de alguno, es que estas ausencias son llenadas satisfactoriamente por las madres, quienes se convierten en madres, padres y cheras (amigas), es decir mujeres MAPACHE.

Sin embargo, para ser exactos, padre y madre son insustituibles si pensamos de forma rigurosa en una familia funcional, tanto desde el punto de vista sociológico como psicológico, pues cada uno tiene una función específica en la formación de los niños y cada uno influye de distinta manera en los hijos de uno u otro sexo.

De acuerdo a la teoría psicoanalítica, las madres afectan a los varones generando el complejo de Edipo, por el que manifiesta un evidente sentimiento de amor hacia al padre del sexo contrario y un sentimiento de rivalidad hacia el padre del mismo sexo; se aplica más concretamente al varón, quien expresa amor por su madre y rivalidad hacia su padre.

En el caso de las hembras está el complejo de Electra, en el que una mujer, durante su niñez, manifiesta amor por su padre y rivalidad hacia su madre. Pero ¿qué pasa cuando la figura paterna está ausente? No solo el psicoanálisis sino todas las demás escuelas psicológicas están de acuerdo que la relación del niño o la niña con ambos progenitores es crucial para posteriores relaciones interpersonales y que la ausencia de uno u otro es trascendente para el futuro del niño de llegar a ser un adulto dueño de una salud mental adecuada.

El problema en nuestras sociedades es que casi ancestralmente la figura del padre ha estado ausente del hogar, primero porque los conquistadores al cohabitar y preñar a nuestras indígenas las abandonaban pronto, obligados a seguir la invasión por tierras americanas. Luego en el posmodernismo la emigración masculina ha contribuido a separar a las familias, dejando a los hijos bajo la formación de las madres o abuelas, convirtiendo a nuestra sociedad en un matriarcado vigoroso, aunque no formal, pues la sociedad sigue siendo masculina en los aspectos políticos y económicos, que son fundamentales para estudiar y comprender fenómenos como el machismo y la exclusión de género.

Otro factor que conduce a la ausencia de la figura paterna es la paternidad precoz. Adolescentes y casi niños de pronto se ven convertidos en padres y no son capaces de soportar el régimen de responsabilidad que implica ser padres a tan temprana edad. Otros, ya mayores o adultos no asumen el compromiso de ser papás por falta de consciencia social o porque nuestra legislación es laxa con esta clase de hombres irresponsables.

Un “like” este mes y siempre a todo aquel salvadoreño que ha asumido el extraordinario rol de padre y no solo de macho semental, pues no es la cantidad de hijos lo que define a un hombre, sino el compromiso de saber criarlos y hacer de ellos ciudadanos igualmente responsables y con valores.

17 de junio de 2019

Destituciones potenciales en Secretarías echadas por tierra y otros despidos focalizados en familiares del expresidente Cerén y de prominentes jerarcas del politburó efemelenista han destapado el fenómeno del nepotismo y han puesto en el tapete de la reflexión la necesidad de aprobar la ley de la función pública, pero al mismo tiempo aflora la urgencia de disminuir plazas ociosas del aparato gubernamental.

No vale comparar la planilla gubernamental salvadoreña con la de otras naciones, pues sabemos que hay gobiernos como los de Noruega o Canadá donde los empleados públicos son escasos y que también hay países iguales o peores que el nuestro, donde los puestos de trabajo son como garrapiñadas puesta a la garduña de activistas, compadres, amigos y familiares de los funcionarios de turno.

Sin embargo, es ineludible decir que el mofletudo recurso humano burocrático no siempre fue así. Hasta finales de los años 70 los distintos salones del Palacio Nacional eran compartidos entre los 54 diputados de la Asamblea Legislativa y la mayoría de ministerios, excepto los de Salud, de Defensa, Obras Públicas y Relaciones Exteriores.

Recordamos lo anterior para que el lector menor de 40 años comprenda cuan pequeño era el número de “servidores públicos”. La mayoría de los empleados estatales se congregaban en las carteras de Salud Pública, DUA, Caminos, el magisterio y la Policías Nacional y de Hacienda junto con la Guardia Nacional.

Fue hasta la llegada al poder del malogrado Napoleón Duarte que el Gobierno comenzó a inundarse de activistas del PDC. Luego continuó el crecimiento exponencial con los presidentes areneros hasta cuadruplicarse o más con el arribo del fugitivo Mauricio Funes, que hizo de la administración pública su “fábrica de empleos” para allegados, correligionarios y parentela de los “dueños” del Fmln.

Ya vimos casi con estupor como Sánchez Cerén tenía a toda su familia, incluyendo nietos todavía mocosos en cargos con salarios arriba de los 3 mil dólares, igual que lo hicieron Lorena Peña, Norma Guevara, Sigfrido Reyes, Carlos Canjura y todos los demás jerarcas de ese partido en decadencia.

Sabemos que es apremiante disminuir el tamaño del gobierno ya que relentiza la eficiencia, pero eso no se logrará solo con despedir pública y con escarnio a unos cuantos cientos vía twitter. El gobierno debe despedir al menos 75 mil empleados de los más de 170 mil que había a finales del 2018.  ¿Cuántos más habrán ingresado en los últimos meses el Fmln? Y aún despidiento a unos 75 mil burócratas el aparato gubernamental será siempre descomunal.

Un gobierno que compense a los contribuyentes su esfuerzo de pagar impuesto deberá cuidar la calidad y cantidad de servidores públicos solo en dos áreas específicas: salud pública (médicos, enfermeras, paramédicos) y educación, porque si pronosticamos que el nuevo presidente instaurará la seguridad en todo el territorio, es lógico pensar que la sociedad necesitará cada día menos policías y soldados, pero sí más profesores pues solo la educación nos permitirá dar como país un salto significativo al desarrollo.

Debemos creer, como se cree en la magia, que cuando el recién estrenado mandatario habló en su discurso inaugural de “amarga medicina, quizá se refería a desaparecer esas miles de plazas superfluas y no congelarlas como hicieron sus antecesores para luego colocar a sus propios seguidores.

Un aparato gubernamental chico será más efectivo si quienes son contratados no tienen vínculos sentimentales con el funcionario de turno, sino porque son idóneos para el cargo al que llegan y no a la inversa como viene sucediendo desde Duarte.

Sabemos al dedillo, por haber impartido la cátedra de psicología laboral, que nuestro gobierno es excesivamente burocrático y masivamente inoperante con mucho personal ocioso que solo llega a calentar la silla donde ha sido asignado, en tanto otro buen número son típicamente empleados “cobra”, que solo aparecen el día de pago. El nuevo presidente tiene la oportunidad de impedir que la sociedad salvadoreña siga succionada por esa “tenia” que mes a mes recibe salarios muy por encima de quienes realmente mueven la economía del país: los empleados de la empresa privada y los trabajadores informales.

Cada nuevo empleado que es llevado a un ministerio o autónoma nos sale caro a los contribuyentes, que sin recibir nada o poco a cambio año tras año se nos imponen nuevos tributos para pagar esos excesos de salarios, pues tanto dinero en pagos de personal es un gasto que le resta presupuesto a la inversión pública, que es al final lo que lleva progreso a El Salvador.

Cabe decir que la disminución en personal debe aplicarse también en las alcaldías, en la Asamblea Legislativa, Corte de Cuentas y Corte Suprema de Justicia, igual de ventrudas que el Ejecutivo y donde el nepotismo es evidente, descarado y ofensivo, tanto a nivel de funcionarios como de los propios sindicalistas que también tienen trabajando a su parentela, lo cual resulta oneroso para los que pagamos los más de veinte impuestos y que siendo los verdaderos dueños de las oficinas que dan trabajo a tanto burócrata, al final recibimos una pésima atención por gente mal encarada y sin vocación de servicio, casi de la misma forma sarcástica que Exelsa, la sirvienta de la familia Peluche trata a Federica, su patrona.

Lunes 10 de junio de 2019.