EL PODER DE LA PALABRA

Periodista, escritor y catedrático universitario

“Una palabra hiere más profundamente que una espada”, afirmó con exacta propiedad el escritor inglés Robert Burton, sentencia de la que hacemos eco en nuestra reciente obra: “EXPRESIVIDAD EFECTIVA”. Esta ponderación de la palabra hablada pone de manifiesto que los mensajes orales pueden ser espadas, balas o bien rosas o algodones. Todo depende de la habilidad e intención del orador, en especial cuando se trata de la oratoria política, cuya elocuencia es una de sus mejores armas para convencer y persuadir a los votantes y luego ya electa la persona a sus partidarios.

Con palabras efusivas pero al mismo tiempo antisemitas, Hitler azuzó a la juventud germana de los años treinta para que iniciaran el mayor exterminio de judíos. Con palabras olorosas y cautivantes, Cirano de Bergerac sedujo, con la boca de otro, a la mujer que amaba. Con palabras fuertes y contundentes, Jesucristo expulsa a los mercaderes del templo.

Lo cierto es que la palabra hablada siempre estará presente cuando dos, diez, cientos o miles de personas interactúan. Es la misma palabra que Dios dio al ser humano como un “don”, para que se exprese de manera fluida y oportuna.

El orador político hace uso también en su discurso de la demagogia, pues mediante concesiones a los sentimientos elementales de los ciudadanos trata de conseguir o mantenerse en el poder, haciendo oír a los ciudadanos lo que estos desean vehemente escuchar, aunque al final no les cumplen ni jota.

El discurso del presidente Bukele dado un antes y un después de la toma violenta del Parlamento salvadoreño, durante el mitin organizado por gente de Nuevas Ideas, puso de manifiesta varios elementos que debemos destacar.

En primer lugar, Nayib Bukele asumió más de paladín que de mandatario, dirigiendo a una multitud enardecida por el propio discurso previo del presidente incitando a sus seguidores a la insurrección, llamamiento el cual ha sido calificado por el Washington Post como “discurso incendiario”.

Viendo por televisión tan tristes acontecimientos que nos recordaron los nefastos años de las dictaduras militares de los 60 y 70, llegamos a creer que la turba celestina ingresaría al recinto legislativo y acabaría con todo y de ser posible le daría fuego a las instalaciones del Primer Órgano del Estado, pero entonces volvió a surgir la figura cuasi mesiánica de Bukele y esta vez muy a la usanza maquiavélica de que más que un razonamiento lo que vale es una ficción, el presidente inventó su propia historia para calmar los ánimos de la turba que estaba más que acalorada muy encendida, expresándoles en un breve pero efectivo discurso: “Pregunté a dios, y dios me dijo: Paciencia”. Aquel hervidero de gente no tuvo más remedio que retirarse y dejar para luego la toma violenta de la Asamblea. Era dios quien les ordenaba paciencia. Vean el poder de la palabra.

Más adelante, tamizando el increíble y hasta surrealista mensaje, Bukele volvió a insistir en su discurso que la represalia hacia los diputados no finalizaba, sino que se postergaba para el siguiente domingo:

 “Si estos sinvergüenzas no aprueban en la semana... A todos estos sinvergüenzas los vamos a sacar por la puerta trasera. Una semana, señores. Pidan la paciencia, la prudencia por una semana. Ningún pueblo que va en contra de Dios ha triunfado. En una semana los convocamos acá. Yo no me voy a oponer de nuevo (a la insurrección)”, finalizó diciendo Nayib.

Esta extraña conversación nos recordó a muchos el diálogo que en su momento afirmó haber tenido el dictador Nicolás Maduro, diciendo que Chávez se le apareció como pajarito y le dijo: “Hoy arranca la batalla. Vayan a la victoria. Tienen nuestra bendiciones”.

Al margen de ese discurso salido de tono, con frases inconvenientes e inesperadas, que sin lugar a dudas ponen de manifiesto la viveza de Bukele como orador político, y de ninguna manera cualquier enfermedad psiquiátrica, por aquello de que quienes escuchan voces etéreas sufren de esquizofrenia o están psicóticos, pensar, como equivocadamente viene haciendo un 25% de los ciudadanos, que el bipartidismo es una amenaza, es menos peligroso que desear que un solo partido tenga el poder total, tal como ocurre en Cuba, Corea del Norte y Nicaragua, y ya nos ocurrió a los salvadoreños en los años ochenta con la aplanadora verde de la Democracia Cristiana, con terribles consecuencias a la economía.

Quienes así piensan, olvidan que, como diría Lord Acton, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Nayib ya tiene el poder ejecutivo y ha comenzado a demostrar su prepotencia. Si en el 2021 GANA y NUEVAS IDEAS obtienen más de 43 diputados, el siguiente paso será elegir a una Corte Suprema de Justicia, a un Fiscal General, a un Procurador de Derechos Humanos y a todos los funcionarios de elección de segundo grado a la medida de sus exabruptos futuros.

Lo expresamos en nuestra Reflexión del 3 de mayo del 2018, NAYIB BUKELE ES UNA PERSONA INTOLERANTE. Un estadista que pretenda cambiar el destino de un pueblo debe aceptar la disidencia. Quien no respeta las opiniones, ideas o actitudes de los demás si no coinciden con las propias, está condenado a ser déspota y políticamente un individuo que asume el derecho de gobernar sin someterse a la ley, con poderes autoritarios.

La historia nos dice que, desafortunadamente acertamos en nuestra percepción.

15/02/2020

DEMOCRACIA, PARTIDOCRACIA O TOTALITARISMO

El sistema de gobierno salvadoreño de todos conocido se denomina democracia. Desafortunadamente no otorga poder al pueblo, tal es la traducción de esa palabra del griego al castellano, ni tiene o ha tenido una sustentabilidad benevolente, dado que los griegos que crearon el término solo permitían el sufragio a una minoría de ciudadanos “libres”, todo dentro de una economía esclavista, en la cual hasta los maestros y artistas eran cautivos de ese régimen, aunque con más beneficios que un esclavo común dedicado a la construcción, el cuido de bebés u otras faenas rutinarias.

De la democracia a la usanza arcaica de los griegos transcurrieron mas de 1500 años para que este sistema político volviera a tener protagonismo, pues debemos recordar que por el siglo III después de Cristo el Esclavismo como sistema político y económico cedió su lugar al Feudalismo y cualquier atisbo de democracia fue suprimida de tajo.

El renacer de la democracia en el siglo XVIII está ligado al nacimiento del Capitalismo y un sistema económico llamado liberalismo que somete al hombre a sus más terribles sufrimientos en la historia humana, quizá con más rudeza que en los peores momentos del esclavismo.

Pero esa democracia usurpada por elites con poder económico fue decayendo paulatinamente, al menos en países desarrollados como Francia, Inglaterra, los países nórdicos y Alemania. Fue en este último país donde el sistema se aderezó e hizo más generoso con el pueblo, modificando el término por “social demócrata”.

La democracia ciertamente pregona que el ciudadano es quien tiene el poder de elegir a sus gobernantes. Esto no deja de ser una falacia si analizamos que, en El Salvador, por ejemplo, de todo el universo que está apto para votar de 5.740.800, solo 2.701.992 resultaron ser votos efectivos en las pasadas elecciones. mucho menos del 50% de la población que debe ejercer su derecho de votar. Y de esta pequeña porción solo un reducido porcentaje finalmente eligió al actual presidente. Pero como la regla es que será electo quien sobrepase el 50% de la votación.

Ahora bien, ¿quiénes han hecho las reglas para elegir a un funcionario? Los mismos políticos.  Con las reglas también han creado las trampas, de tal manera que el pueblo siempre será marginado de ejercer real y efectivamente su derecho a tomar decisiones trascendentales a su favor.

Por eso es que las pensiones son fiasco. El sistema previsional en El Salvador fue confeccionado para hacer más millonarios a quienes manejan las AFP y no para pagar una pensión digna a los jubilados, tanto presentes como futuros.

Sin embargo, y aquí viene lo paradójico, a pesar de que ya quedó demostrado hasta la saciedad que el sistema democrático es injusto, pues no hay auténtica equidad cuando 51 se imponen a 49; tampoco es inclusivo porque un ciudadano no puede acceder a un puesto de elección popular si no está inscrito en un partido político, el problema es que no hay por ahora otro sistema que sea mejor que la democracia, aunque está demostrado en varios casos (Chile, Indonesia) que cuando es roto abruptamente un sistema democrático y reemplazado por un régimen totalitario y tiránico, si el personaje que protagoniza de dictador tiene en claro qué debe hacer para mejorar las condiciones de vida y el desarrollo de su país, las mejoras son más evidentes y rápidas que en un sistema democrático manoseado por políticos corruptos, como es el caso de El Salvador.

Hemos hecho esta reflexión, porque así como se desempeña el actual presidente, no será raro que después de las elecciones de diputados Nayib Bukele vaya teniendo control de los tres poderes. Solo le basta llegar "democráticamente" a dos. El tercer órgano del Estado lo eligen los diputados.

Rafael Orantes. 8/02/20

OTRO PASO EN FIRME

Inició el ciclo uno del 2020 en todas las universidades. Más de 175 mil jóvenes, entre ellos muchos menores de edad, han comenzado a tejer sus sueños de formación profesional. La juventud merece oportunidades y los padres responsables deben dejar que sus hijos alcen el vuelo y escojan la formación que vaya con sus habilidades, destrezas y anhelos.

Las madres deben “destetar” de una vez por todas a sus hijos, enseñándoles que si quieren comer pescado, deben mojarse las nalgas y no solo poner la boca y decir “mamá tengo hambre”.

Las universidades y su educación liberal ciertamente cambian la mentalidad de los jóvenes. Los hacen madurar más rápido y rechazar los paternalismos que les impiden dejar sus zonas de confort.

Lamentablemente solo un mínimo 3% de la población tiene acceso a la educación superior. Esto significa que por cada 3 estudiantes inscritos en una universidad, más de 60 nunca podrán concretizar su afán de comenzar y terminar una carrera. Esta masiva población juvenil terminará convirtiéndose en ninis, otros escogerán malos caminos, algunos buscarán emigrar o en el mejor de los casos, trabajar “de lo que sea”.

La realidad concreta del joven salvadoreño nunca ha sido fácil. Y no solo la de los jóvenes de hoy. Siempre a la inmensa mayoría de salvadoreños entre los 18 y 30 años le ha tocado nadar contra corriente, expatriarse o sucumbir a vivir una vida paupérrima. El joven ha sido el gran desheredado de los beneficios sociales.

Afortunados el chico o la muchacha que ingresa a una institución superior, porque ellos tienen la oportunidad de obtener un título que viabilice conseguir un trabajo decente y bien remunerado, aparte de alcanzar el necesario conocimiento para mejorar significativamente su nivel de conciencia social.

Vale recordad a nuestros jóvenes lectores, la inmensa mayoría estudiantes de educación superior, que ser universitario supone ser intelectual, un académico que debe tener una percepción más clara y exacta de nuestra realidad social, política y económica.

Desperdiciar la valiosa oportunidad de egresar y luego graduarse, debe ser para todo aquel que ha logrado comenzar una carrera universitaria un sonoro fracaso, tanto para el estudiante como para la familia que financia el estudio y la sociedad que tiene buenas expectativas en los logros que un graduado universitario puede alcanzar para bien del país.

Sin embargo, en los niveles de deserción universitaria hay que reconocer que se imponen muchas circunstancias casi insoslayables para el estudiante. No necesariamente económicas. Muchos alumnos abandonan su carrera porque se autoperciben como incompetentes para coronar una carrera profesional, cuando el verdadero problema es su desordenado ambiente de estudio, su visión de prioridades e inscribirse en una carrera equivocada de acuerdo a las competencias con las que llega a la universidad.

Rafael Orantes. 1-02-2020

TENEMOS EL GOBIERNO QUE MERECEMOS

Luego de un par de semanas no de descanso, sino de evaluación sobre cómo mejorar nuestro sitio, retomamos nuestra labor reflexiva, Hemos suspendido algunas secciones, aunque su contenido seguirá disponible, tal es el caso de la sección Sexológico, que se queda como Sexualidad. Paulatinamente iremos colocando nuevas ofertas editoriales.

Continuamos con nuestra Reflexión, la cual precisamente dedicamos esta semana al tema de la corrupción, que es uno de los flagelos que daña la economía familiar y las ansias de superación de las familias más pobres. La corrupción, en efecto, perjudica a quienes dependen enteramente de los servicios estatales, llámense escuelas públicas, hospitales, construcción de caminos vecinales y demás infraestructuras que viabilicen el acceso de las familias de escasos recursos al agua y en general al desarrollo.

El Salvador refleja que su clase política es altamente corrupta. Un expresidente en prisión, otro prófugo, uno más fallecido pero con evidencias inobjetables de delinquir, son algunos de los ejemplos de cómo nuestro país ha sido, y quizá seguirá, gobernado por personajes cuyo único afán es enriquecerse a costilla del erario público.

Lo mismo que ha ocurrido en el Ejecutivo deberá estar sucediendo en los otros dos órganos del Estado. En la Asamblea Legislativa trascendió que la gran mayoría de diputados tienen "trabajando" en ese “feudo” a sus más cercanos familiares sanguíneos o políticos. El colmo lo representa el expresidente Guillermo Gallegos, quien ha colocado a su suegra, cuñados, hermanos, primos, sobrinos y… paremos de contar, pues tan numerosa familia quizá solo sea la punta de iceberg, ya que seguramente habrá de tener a más familiares en otras dependencias.

Lo cierto es que El Salvador ha tenido a cuatro partidos en el Gobierno, incluyendo al desastroso PDC de los 80, cuya administración generó la llamada “Década perdida”; ninguno, a la fecha, ha dado muestras de tener la voluntad política para controlar y erradicar la corrupción y con ello mejorar significativamente los índice de percepción que el ciudadano promedio tiene de la clase política corrupta. Peor aún, El Salvador bajó ocho puestos en el último informe mundial de los países más corruptos. El año pasado estaba en el 105 y ahora aparece en el 113. Es decir, vamos de mal en peor.

Por algo países como Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Singapur y Suecia encabezan la nómina de las naciones menos corruptas y al mismo tiempo son los países con las mejores condiciones de vida. Y no solo eso, son países donde sus gobiernos funcionan con poco personal, quizá la tercera o hasta quinta parte de empleados que tiene nuestro ventrudo gobierno central, alcaldías, autónomas y la Asamblea Legislativa.

Toda esta porquería que nace en los partidos políticos está mal, pero lo más criticable debe ser que gran parte del pueblo todavía justifica y hasta admira a los funcionarios pícaros. Ese es el caso del viceministro Osiris Luna, quien viajó a México en un jet de lujo, sin saberse hasta la fecha quien pagó ese viaje y cuáles fueron las justificaciones para salir del país, para pena no solo de él, sino su bella compañera... de trabajo.

Lo triste y paradójico es que en las encuestas de los medios de comunicación el controversial Osiris Luna aparece bien evaluado. No hay duda de que en El Salvador se cumple a la letra el atinado adagio: LOS PUEBLOS TIENEN LOS GOBIERNOS QUE MERECEN.

Enero 25 de 2020

EL DESFILE DE LOS ROCES

Siendo buenos previsores de cómo actuamos los salvadoreños, era fácil prever que de la anunciada participación de jóvenes salvadoreños en el internacional Desfiles de las Rosas algo inusitado tenía que ocurrir. Y para infortunio de la imagen de El Salvador, ¡ocurrió! Y Tournament of Roses Parade se convirtió en el “desfile de los roces”. En la comidilla del día en las redes sociales.

La verdad es que no solo encontramos un pelo en esta sopa llamada Banda de El Salvador Grande como su Gente. Hay varias situaciones que comentar y lamentar, comenzando por la acostumbra deserción de integrantes, muy a la usanza de los deportistas cubanos que una vez en suelo estadounidense se escapaban de su delegación para jamás volver al “paraíso” de los Castro. En esta ocasión para nunca volver a su tranquilo y seguro “Pulgarcito de América”, con escasos días sin asesinados.

Esta vez dejaron la Banda salvadoreño cinco integrantes, pese a haber firmado legalmente un documento que no cometerían tal ilegalidad. Así como están las cosas de acaloradas para los organizadores de la llegada de nuestros músicos a California, por el caso del joven Andy Lovos, no sería raro que también el gobierno salvadoreño los acusaran de “coyotes”, tal como el gobierno de los Estados Unidos acusó a un famoso compositores y cantante identificado con platillos típicos en sus canciones.

El caso de Andy Lovos tiene tintes de complot político. De acuerdo a informaciones el joven clarinetista se queda en El Salvador por no contar con recursos exigidos para viajar a Estados Unidos; sin embargo, Andy Lovos parte a California por su cuenta –gracias al apoyo de tres personas- e intenta unirse a la Banda a minutos de comenzar el desfile, lo cual sensatamente no es posible porque los organizadores del Desfile de las Rosas son meticulosamente ordenados –es parte del éxito de este evento mundial de larga tradición- y nadie que no forme parte de una lista previa puede pasar como protagonista.

Esto último quizá no lo entendamos muchos salvadoreños, pues acá estamos acostumbrados a improvisar, romper protocolos y llegar a un evento a la hora que nos ronque la gana. Creeríamos entonces que un evento como el Desfile de las Rosas es igual al desfile de las fiestas patronales del cantón donde nacimos, donde un músico de la banda popular llega o se sale cuando se le ocurre. Consideramos que el verdadero origen de este escándalo que liga directamente a Enot Rubio, un líder comunal ligado al Fmln, y Andy Lovos, se debe buscar en el momento que el joven no viajó con toda la delegación.

Qué razones llevaron a los organizadores de la Banda a dejar a Lovos en El Salvador es clave para deducir responsabilidades, las cuales pueden estar en los propios organizadores o en el mismo Andy Lovos, por no someterse a las normas que todos los demás integrantes cumplieron, salvo que, casos similares no hayan sido manejados de la misma forma, lo cual dudamos, pues hasta ahora todos los músicos han afirmado que viajar fue una proeza no solo técnica, artística u organizativa, sino también económica, pues el gobierno del Sr. Bukele pagó apenas el viaje, pero la estadía y otros gastos corrieron por cuenta de cada integrante y algunos apoyos externos.

Lo triste de esta controversia, casi estéril, de no ser porque el presidente Nayib encontró fácilmente otra forma más de ejercer su política populista, es que un caso muy particular y todavía sin saberse con exactitud cuáles fueron las causas, ha empañado el talentoso desenvolvimiento del resto de músicos y bailarines. Andy Lovos, seguramente sin el proponérselo, ha sido como la gota turbia que cayó en el barril de agua limpia y logró corromper todo el contenido.

Que Enot Rubia sea marca país o ya no lo sea es lo de menos. Tarde o temprano dejaría de serlo, porque fue nombrado por Sigfrido Reyes y lleva el estigma del farabundismo. Lo que por bien de toda la organización llamada Banda El Salvador Grande como su Gente no puede quedar en la oscuridad, es qué pasó realmente con Andy Lovos y quienes verdaderamente impidieron que se integrara a la Banda en el momento del Desfile de las Rosas. No es posible que un bochornoso drama quede solo fichado en las redes sociales. Mayúscula misión que tiene el Fiscal General, Raúl Melara, para aclarar si el caso de Enot Rubio vs. Andy Lovos es un acto de humillación o un complot político diseñado en Casa Presidencial.

Rafael Orantes, 4 de enero de 2020.

NADA EN EXCESO, TODO A LA MEDIDA

Se va un año y viene otro. Es realmente un relevo temporal, casi igual a los que vemos en las competencias de atletismo, donde un corredor da la estafeta al sucesor y así, al final ganar una carrera. En el caso de los seres humanos el tiempo de esta corrida es de años y cada relevo tiene necesariamente que irnos madurando. Al menos eso indica la lógica de la vida.

Comenzamos como niños de primera infancia, dependientes en todo de nuestros padres. Luego crecemos un poco y vamos aprendiendo a cuidarnos nosotros mismos. El niños de 7 a 14 años ya es capaz de muchas cosas, no solo de amarrarse las cintas de los zapatos o usar los cubiertos en la mesa. Luego entramos a la adolescencia y vamos conociendo la pasión, el erotismo y el amor que cuando jóvenes nos llevará a formar una pareja sentimental. Con ella estableceremos una nueva familia y haremos crecer la Humanidad.

Son tan importantes estas primeras tres etapas de la vida y curiosamente van de 7 en 7 según lo descubriera Jean Piaget, que lo que hacemos o dejamos de hacer en estas etapas etarias influirá decisivamente en nuestra calidad de vida cuando adultos y luego como senescentes. La niñez, la adolescencia y la juventud son las etapas de siembra. De la formación de hábitos. Del cincelar una anatomía saludable que disfrutaremos cuando llegamos a los cuarenta y luego seguimos hasta los 80 años o más.

Pero, ¿qué pasa cuando nos descuidados en atender saludablemente esos primeros 21 años de vida? Desatender hay que entenderlo como ingerir comida chatarra, comer a destiempo, beber cualquier líquido menos agua, desvelarnos, abusar de comidas, bebidas, drogas. Lo que pasará es que no llegaremos a una senescencia, sino a un final senil, aunque ni siquiera cumplamos los 60 años.

Senil, anota el Diccionario de las Academias de la Lengua, es cuando en “la persona de avanzada edad se advierte su decadencia física”. La senilidad es por lo tanto una degeración progresiva de las facultades físicas y psíquicas, producto de los desenfrenos año tras año. Por ende debe ser una premisa prioritaria para el 2020, cuidar lo que comemos y controlar todos los demás hábitos, asumiendo la recomendación de Solón de Atenas, uno de los 7 sabios, quien dijo: “Nada en exceso, todo a la medida”.

Para culminar esta reflexión que marca final del 2019 e inicio del 2020, les transcribo la siguiente historia de Pablo Aldana:

“Creía y estaba seguro que su complexión robusta le permitía tomar grandes cantidades de alcohol y sentir apenas un ligero mareo, es por eso que cada fin de semana, surtía “a medias” la despensa para su madre y lo que le sobraba lo utilizaba para comprar sus cartones de cerveza.

También en su mente divagaba la idea equívoca de que sus pulmones eran mucho más grandes y resistentes que el promedio, por lo que no tenía reparo alguno en fumarse un cigarrillo tras otro.

Así era la vida de Neto, personaje típico de rancho, de oficio peón de albañil; bebedor y fumador entusiasta presente siempre en fiestas, reuniones y convivios.

No había día que no se bebiera uno o dos litros de “cerveza reglamentaria” al calor de la labor y los fines de semana, incrementaba exponencialmente la ingesta de ese “líquido ámbar”.

Como todo buen conocedor de la “cuchara” y las “mezclas”, llegaba el sábado por la tarde y Neto sufría una marcada “metamorfosis”.

Se bañaba, rasuraba, perfumaba y se ponía sus mejores “garritas” para dirigirse a la pequeña ciudad que se encontraba a escasos dos kilómetros de donde vivía. Su gran objetivo era recorrer las cantinas sin dejar “sentido” a nadie que le ofreciera algo para tomar.

Transcurrieron los años y este personaje no daba vuelta al capítulo oscuro del libro de su vida, parecía que el tiempo se había “estacionado” para él y seguía manteniendo la misma desordenada forma de vivir. Para su mal, sus hábitos estaban muy bien arraigados.

Era domingo y a Neto le marcó el reloj las 8 de la noche recorriendo las cantinas de la pequeña localidad. Ese día había llegado tempranito buscando como curarse la espantosa resaca que le provocó el tomar en exceso todo el sábado.

Lo primero que hizo al arribar al pueblo fue tratar de saborear una birria de res con Don Pepe, aunque lo intentaba apenas si podía pasar bocado pues sus papilas gustativas le ordenaban rechazar cualquier alimento.

Decidido a cerrar con “broche de oro” el día, compró una última botella de cerveza de un litro y tomó el camino empedrado que conducía a su rancho. Su avanzado estado alcohólico le hacía ver que el camino se multiplicaba por dos así que pensó en hacer una pausa antes de retomar el rumbo.

Optó por tomar a una escalinata que servía para bajar y subir las elevadas banquetas de las construcciones antiguas. Se sentó agitadamente en uno de los escalones y se llevó a la boca aquel recipiente dándole un largo sorbo como si se tratara de la última bebida en el mundo. 

El segundo trago solo quedó en el intento porque Neto sintió un fuerte dolor en el pecho como si una aguja caliente traspasara su corazón y rodó por los escalones para caer estrepitosamente en el suelo empedrado tratando de no soltar a su cerveza.

Supo que su momento había llegado, todo fue confuso, todo quedó en silencio. Le pasaron por su mente de manera aterradora diversos pasajes de su desperdiciada vida.

Pudo escuchar a lo lejos, el reclamo que su madre le hiciera por haber ingerido alcohol cuando apenas era un adolescente; su mano, no pudo seguir sujetando la botella que rodó lentamente para quedar frente a sus ojos.

Curiosamente; lo último que pudo leer, fue la frase impresa en la etiqueta: Nada con exceso, Todo con medida”.

28 de diciembre de 2019.

¿HACIA DONDE VAMOS EN EL 2020?

Hacemos la pregunta como sociedad en la cual no se distinguen edades, condición social, creencias ni inclinaciones políticas, porque teóricamente ante la ley todos somos iguales y frente a un desastre de Estado nadie se escapa, excepto quizá aquellos que ya tienen sus millones y cómodas residencias en Miami, que no solo tendrían la oportunidad de huir de un descalabro total, sino que anticiparían cualquier derrumbe que El Salvador llegara a tener como país.

Lo cierto es que lo único que podemos decir de nuestro destino, es que es tan incierto como el mismo futuro, pese a que los anuncios y acuerdos que el presidente Bukele ha realizado en las últimas semanas pueden anticipar un mejor porvenir para la sociedad salvadoreña, dado que por ahora solo son promesas y nadie puede asegurar ni mucho menos garantizar que Qatar construya el aeropuerto en Oriente ni mucho menos que un estadio y otras menudencias que construirán los chinos cambien significativamente nuestra economía.

Los antecedentes de nuestra desgracia nacional son que ARENA, aparte de saquear las arcas del Estado, no supo afrontar correctamente el problema de las pandillas y al final todos sufrimos los embates de estos grupos delincuenciales. El FMLN, por su parte, al traicionar a quienes confiaron que como partido de izquierda regresaría el colón, mejoraría las pensiones y promovería un aumento sustancial de los salarios, terminó siendo un partido que ultrajó a todos los salvadoreños. Ahora le está tocando el turno a Nayib Bukele.

Tenemos que reconocer que el actual presidente es totalmente atípico en todo, no solo por gobernar por medio de twitter o eventualmente decir exabruptos y contradicciones, sino porque es un mandatario sin dependencia ni compromiso a un partido, ni siquiera a Nuevas Ideas. El eventual éxito de sus primeros cien días de gobierno o cualquier fracaso en el devenir de su administración será enteramente suyo. Él se echará al hombre triunfos y derrotas, porque incluso sus más cercanos colaboradores no mueven una sola piedra sin su aprobación.

Sin embargo, al analizar de forma pragmática lo que significa gobernar surgen algunas interrogantes. Una de ellas, ¿quién o quiénes realmente están detrás del poder del presidente? Si el Dr. Armando Bukele estuviera vivo, no dudaríamos en decir que sería la mente lúcida y privilegiada de su padre quien orientaría a Nayib. Por supuesto nos resistimos a creer que gente como Walter Araujo incidan en las decisiones del mandatario.

Incluso nos cuesta asimilar que personajes tan oscuros y controvertidos como “la Choli”, Carlos Marroquín o  Alejandro Muyshondt tengan algo positivo que aportar al actual gobierno. Al país, mucho menos. Solo queda por lo tanto como hipotética respuesta, que el presidente Bukele sigue confiando más su política y mercadotécnica en expertos extranjeros que en sus funcionarios más cercanos. Después de todo su gane se lo debe a foráneos que demostraron ser excelentes asesores.

Al faltar equipos visibles que se responsabilicen y tracen el programa quinquenal del gobierno, llámense diputados o comisiones partidistas, la figura del presidente se torna más omnipresente y esto va a tono con la personalidad egocéntrica de Bukele, lo cual per se no es dañino para la sociedad, siempre y cuando en el proceso de su mandato se sigan respetando las reglas de la democracia.

Por supuesto que cualquier gobernante puede causar el mal a los demás, no sólo por acción sino también por omisión, por no cumplir esas gestiones que, en el caso concreto del pueblo salvadoreño, espera mejoría de las pensiones, que cese la impunidad, que mejoren las condiciones de vida (salud, educación, seguridad y vivienda) y que se termine de una vez por todas con la galopante corrupción que daña al Estado en su totalidad.

Pero como gobierno somos todos, hasta que la sociedad en bloque no asuma un sentido de responsabilidad hacia el bienestar de los demás, la justicia social en El Salvador será solo una ilusión y seguiremos con la cantaleta de siempre, echándole la culpa al gobierno de turno y a los gobiernos anteriores… habiendo llegado ellos al poder por nuestras propias decisiones electorales. Indudablemente hay mucho que esperar pero sobretodo mucho por hacer en el 2020.

21 de diciembre de 2019.