ENLACES DE LAS SECCIONES DE ESTA SEMANA

EL DESFILE DE LOS ROCES

Siendo buenos previsores de cómo actuamos los salvadoreños, era fácil prever que de la anunciada participación de jóvenes salvadoreños en el internacional Desfiles de las Rosas algo inusitado tenía que ocurrir. Y para infortunio de la imagen de El Salvador, ¡ocurrió! Y Tournament of Roses Parade se convirtió en el “desfile de los roces”. En la comidilla del día en las redes sociales.

La verdad es que no solo encontramos un pelo en esta sopa llamada Banda de El Salvador Grande como su Gente. Hay varias situaciones que comentar y lamentar, comenzando por la acostumbra deserción de integrantes, muy a la usanza de los deportistas cubanos que una vez en suelo estadounidense se escapaban de su delegación para jamás volver al “paraíso” de los Castro. En esta ocasión para nunca volver a su tranquilo y seguro “Pulgarcito de América”, con escasos días sin asesinados.

Esta vez dejaron la Banda salvadoreño cinco integrantes, pese a haber firmado legalmente un documento que no cometerían tal ilegalidad. Así como están las cosas de acaloradas para los organizadores de la llegada de nuestros músicos a California, por el caso del joven Andy Lovos, no sería raro que también el gobierno salvadoreño los acusaran de “coyotes”, tal como el gobierno de los Estados Unidos acusó a un famoso compositores y cantante identificado con platillos típicos en sus canciones.

El caso de Andy Lovos tiene tintes de complot político. De acuerdo a informaciones el joven clarinetista se queda en El Salvador por no contar con recursos exigidos para viajar a Estados Unidos; sin embargo, Andy Lovos parte a California por su cuenta –gracias al apoyo de tres personas- e intenta unirse a la Banda a minutos de comenzar el desfile, lo cual sensatamente no es posible porque los organizadores del Desfile de las Rosas son meticulosamente ordenados –es parte del éxito de este evento mundial de larga tradición- y nadie que no forme parte de una lista previa puede pasar como protagonista.

Esto último quizá no lo entendamos muchos salvadoreños, pues acá estamos acostumbrados a improvisar, romper protocolos y llegar a un evento a la hora que nos ronque la gana. Creeríamos entonces que un evento como el Desfile de las Rosas es igual al desfile de las fiestas patronales del cantón donde nacimos, donde un músico de la banda popular llega o se sale cuando se le ocurre. Consideramos que el verdadero origen de este escándalo que liga directamente a Enot Rubio, un líder comunal ligado al Fmln, y Andy Lovos, se debe buscar en el momento que el joven no viajó con toda la delegación.

Qué razones llevaron a los organizadores de la Banda a dejar a Lovos en El Salvador es clave para deducir responsabilidades, las cuales pueden estar en los propios organizadores o en el mismo Andy Lovos, por no someterse a las normas que todos los demás integrantes cumplieron, salvo que, casos similares no hayan sido manejados de la misma forma, lo cual dudamos, pues hasta ahora todos los músicos han afirmado que viajar fue una proeza no solo técnica, artística u organizativa, sino también económica, pues el gobierno del Sr. Bukele pagó apenas el viaje, pero la estadía y otros gastos corrieron por cuenta de cada integrante y algunos apoyos externos.

Lo triste de esta controversia, casi estéril, de no ser porque el presidente Nayib encontró fácilmente otra forma más de ejercer su política populista, es que un caso muy particular y todavía sin saberse con exactitud cuáles fueron las causas, ha empañado el talentoso desenvolvimiento del resto de músicos y bailarines. Andy Lovos, seguramente sin el proponérselo, ha sido como la gota turbia que cayó en el barril de agua limpia y logró corromper todo el contenido.

Que Enot Rubia sea marca país o ya no lo sea es lo de menos. Tarde o temprano dejaría de serlo, porque fue nombrado por Sigfrido Reyes y lleva el estigma del farabundismo. Lo que por bien de toda la organización llamada Banda El Salvador Grande como su Gente no puede quedar en la oscuridad, es qué pasó realmente con Andy Lovos y quienes verdaderamente impidieron que se integrara a la Banda en el momento del Desfile de las Rosas. No es posible que un bochornoso drama quede solo fichado en las redes sociales. Mayúscula misión que tiene el Fiscal General, Raúl Melara, para aclarar si el caso de Enot Rubio vs. Andy Lovos es un acto de humillación o un complot político diseñado en Casa Presidencial.

Rafael Orantes, 4 de enero de 2020.

NADA EN EXCESO, TODO A LA MEDIDA

Se va un año y viene otro. Es realmente un relevo temporal, casi igual a los que vemos en las competencias de atletismo, donde un corredor da la estafeta al sucesor y así, al final ganar una carrera. En el caso de los seres humanos el tiempo de esta corrida es de años y cada relevo tiene necesariamente que irnos madurando. Al menos eso indica la lógica de la vida.

Comenzamos como niños de primera infancia, dependientes en todo de nuestros padres. Luego crecemos un poco y vamos aprendiendo a cuidarnos nosotros mismos. El niños de 7 a 14 años ya es capaz de muchas cosas, no solo de amarrarse las cintas de los zapatos o usar los cubiertos en la mesa. Luego entramos a la adolescencia y vamos conociendo la pasión, el erotismo y el amor que cuando jóvenes nos llevará a formar una pareja sentimental. Con ella estableceremos una nueva familia y haremos crecer la Humanidad.

Son tan importantes estas primeras tres etapas de la vida y curiosamente van de 7 en 7 según lo descubriera Jean Piaget, que lo que hacemos o dejamos de hacer en estas etapas etarias influirá decisivamente en nuestra calidad de vida cuando adultos y luego como senescentes. La niñez, la adolescencia y la juventud son las etapas de siembra. De la formación de hábitos. Del cincelar una anatomía saludable que disfrutaremos cuando llegamos a los cuarenta y luego seguimos hasta los 80 años o más.

Pero, ¿qué pasa cuando nos descuidados en atender saludablemente esos primeros 21 años de vida? Desatender hay que entenderlo como ingerir comida chatarra, comer a destiempo, beber cualquier líquido menos agua, desvelarnos, abusar de comidas, bebidas, drogas. Lo que pasará es que no llegaremos a una senescencia, sino a un final senil, aunque ni siquiera cumplamos los 60 años.

Senil, anota el Diccionario de las Academias de la Lengua, es cuando en “la persona de avanzada edad se advierte su decadencia física”. La senilidad es por lo tanto una degeración progresiva de las facultades físicas y psíquicas, producto de los desenfrenos año tras año. Por ende debe ser una premisa prioritaria para el 2020, cuidar lo que comemos y controlar todos los demás hábitos, asumiendo la recomendación de Solón de Atenas, uno de los 7 sabios, quien dijo: “Nada en exceso, todo a la medida”.

Para culminar esta reflexión que marca final del 2019 e inicio del 2020, les transcribo la siguiente historia de Pablo Aldana:

“Creía y estaba seguro que su complexión robusta le permitía tomar grandes cantidades de alcohol y sentir apenas un ligero mareo, es por eso que cada fin de semana, surtía “a medias” la despensa para su madre y lo que le sobraba lo utilizaba para comprar sus cartones de cerveza.

También en su mente divagaba la idea equívoca de que sus pulmones eran mucho más grandes y resistentes que el promedio, por lo que no tenía reparo alguno en fumarse un cigarrillo tras otro.

Así era la vida de Neto, personaje típico de rancho, de oficio peón de albañil; bebedor y fumador entusiasta presente siempre en fiestas, reuniones y convivios.

No había día que no se bebiera uno o dos litros de “cerveza reglamentaria” al calor de la labor y los fines de semana, incrementaba exponencialmente la ingesta de ese “líquido ámbar”.

Como todo buen conocedor de la “cuchara” y las “mezclas”, llegaba el sábado por la tarde y Neto sufría una marcada “metamorfosis”.

Se bañaba, rasuraba, perfumaba y se ponía sus mejores “garritas” para dirigirse a la pequeña ciudad que se encontraba a escasos dos kilómetros de donde vivía. Su gran objetivo era recorrer las cantinas sin dejar “sentido” a nadie que le ofreciera algo para tomar.

Transcurrieron los años y este personaje no daba vuelta al capítulo oscuro del libro de su vida, parecía que el tiempo se había “estacionado” para él y seguía manteniendo la misma desordenada forma de vivir. Para su mal, sus hábitos estaban muy bien arraigados.

Era domingo y a Neto le marcó el reloj las 8 de la noche recorriendo las cantinas de la pequeña localidad. Ese día había llegado tempranito buscando como curarse la espantosa resaca que le provocó el tomar en exceso todo el sábado.

Lo primero que hizo al arribar al pueblo fue tratar de saborear una birria de res con Don Pepe, aunque lo intentaba apenas si podía pasar bocado pues sus papilas gustativas le ordenaban rechazar cualquier alimento.

Decidido a cerrar con “broche de oro” el día, compró una última botella de cerveza de un litro y tomó el camino empedrado que conducía a su rancho. Su avanzado estado alcohólico le hacía ver que el camino se multiplicaba por dos así que pensó en hacer una pausa antes de retomar el rumbo.

Optó por tomar a una escalinata que servía para bajar y subir las elevadas banquetas de las construcciones antiguas. Se sentó agitadamente en uno de los escalones y se llevó a la boca aquel recipiente dándole un largo sorbo como si se tratara de la última bebida en el mundo. 

El segundo trago solo quedó en el intento porque Neto sintió un fuerte dolor en el pecho como si una aguja caliente traspasara su corazón y rodó por los escalones para caer estrepitosamente en el suelo empedrado tratando de no soltar a su cerveza.

Supo que su momento había llegado, todo fue confuso, todo quedó en silencio. Le pasaron por su mente de manera aterradora diversos pasajes de su desperdiciada vida.

Pudo escuchar a lo lejos, el reclamo que su madre le hiciera por haber ingerido alcohol cuando apenas era un adolescente; su mano, no pudo seguir sujetando la botella que rodó lentamente para quedar frente a sus ojos.

Curiosamente; lo último que pudo leer, fue la frase impresa en la etiqueta: Nada con exceso, Todo con medida”.

28 de diciembre de 2019.

¿HACIA DONDE VAMOS EN EL 2020?

Hacemos la pregunta como sociedad en la cual no se distinguen edades, condición social, creencias ni inclinaciones políticas, porque teóricamente ante la ley todos somos iguales y frente a un desastre de Estado nadie se escapa, excepto quizá aquellos que ya tienen sus millones y cómodas residencias en Miami, que no solo tendrían la oportunidad de huir de un descalabro total, sino que anticiparían cualquier derrumbe que El Salvador llegara a tener como país.

Lo cierto es que lo único que podemos decir de nuestro destino, es que es tan incierto como el mismo futuro, pese a que los anuncios y acuerdos que el presidente Bukele ha realizado en las últimas semanas pueden anticipar un mejor porvenir para la sociedad salvadoreña, dado que por ahora solo son promesas y nadie puede asegurar ni mucho menos garantizar que Qatar construya el aeropuerto en Oriente ni mucho menos que un estadio y otras menudencias que construirán los chinos cambien significativamente nuestra economía.

Los antecedentes de nuestra desgracia nacional son que ARENA, aparte de saquear las arcas del Estado, no supo afrontar correctamente el problema de las pandillas y al final todos sufrimos los embates de estos grupos delincuenciales. El FMLN, por su parte, al traicionar a quienes confiaron que como partido de izquierda regresaría el colón, mejoraría las pensiones y promovería un aumento sustancial de los salarios, terminó siendo un partido que ultrajó a todos los salvadoreños. Ahora le está tocando el turno a Nayib Bukele.

Tenemos que reconocer que el actual presidente es totalmente atípico en todo, no solo por gobernar por medio de twitter o eventualmente decir exabruptos y contradicciones, sino porque es un mandatario sin dependencia ni compromiso a un partido, ni siquiera a Nuevas Ideas. El eventual éxito de sus primeros cien días de gobierno o cualquier fracaso en el devenir de su administración será enteramente suyo. Él se echará al hombre triunfos y derrotas, porque incluso sus más cercanos colaboradores no mueven una sola piedra sin su aprobación.

Sin embargo, al analizar de forma pragmática lo que significa gobernar surgen algunas interrogantes. Una de ellas, ¿quién o quiénes realmente están detrás del poder del presidente? Si el Dr. Armando Bukele estuviera vivo, no dudaríamos en decir que sería la mente lúcida y privilegiada de su padre quien orientaría a Nayib. Por supuesto nos resistimos a creer que gente como Walter Araujo incidan en las decisiones del mandatario.

Incluso nos cuesta asimilar que personajes tan oscuros y controvertidos como “la Choli”, Carlos Marroquín o  Alejandro Muyshondt tengan algo positivo que aportar al actual gobierno. Al país, mucho menos. Solo queda por lo tanto como hipotética respuesta, que el presidente Bukele sigue confiando más su política y mercadotécnica en expertos extranjeros que en sus funcionarios más cercanos. Después de todo su gane se lo debe a foráneos que demostraron ser excelentes asesores.

Al faltar equipos visibles que se responsabilicen y tracen el programa quinquenal del gobierno, llámense diputados o comisiones partidistas, la figura del presidente se torna más omnipresente y esto va a tono con la personalidad egocéntrica de Bukele, lo cual per se no es dañino para la sociedad, siempre y cuando en el proceso de su mandato se sigan respetando las reglas de la democracia.

Por supuesto que cualquier gobernante puede causar el mal a los demás, no sólo por acción sino también por omisión, por no cumplir esas gestiones que, en el caso concreto del pueblo salvadoreño, espera mejoría de las pensiones, que cese la impunidad, que mejoren las condiciones de vida (salud, educación, seguridad y vivienda) y que se termine de una vez por todas con la galopante corrupción que daña al Estado en su totalidad.

Pero como gobierno somos todos, hasta que la sociedad en bloque no asuma un sentido de responsabilidad hacia el bienestar de los demás, la justicia social en El Salvador será solo una ilusión y seguiremos con la cantaleta de siempre, echándole la culpa al gobierno de turno y a los gobiernos anteriores… habiendo llegado ellos al poder por nuestras propias decisiones electorales. Indudablemente hay mucho que esperar pero sobretodo mucho por hacer en el 2020.

21 de diciembre de 2019.