EL AMOR Y LA LOCURA

En este hermoso cuento, Mario Benedetti nos relata la historia de cuando los sentimientos y cualidades de los seres humanos se reunieron para jugar al escondite. Con su inmensa fantasía y claridad, en este cuento, el escritor uruguayo nos invita a conocernos, a identificar nuestras emociones y nos cuenta la historia de la relación entre amor y la locura.

“Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos.

Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: – ¡Vamos a jugar al escondite! –.

La Intriga levantó la ceja y la Curiosidad, sin poder contenerse, le preguntó: – ¿Al escondite?  Y, ¿cómo es eso?–.

– Es un juego– explicó la Locura–  en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego– .

El Entusiasmo bailó secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse: ¿para qué? si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya). La Cobardía prefirió no arriesgarse.

– Uno, dos tres…–, comenzó a contar la Locura.

La primera en esconderse fue la Pereza. Como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino.  La Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Que si un lago cristalino para la Belleza, que si una hendida en un árbol, perfecto para la Timidez, que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad, que si una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad…y así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.

El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo, pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris).

La Pasión y el Deseo, en el centro de los volcanes.  El Olvido, se me olvidó dónde se escondió, pero eso no es lo más importante.

La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve y el Amor no había aún encontrado sitio para esconderse. Un millón contó la Locura y comenzó a buscar.

La primera a la que encontró fue la Pereza, a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.  

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris (mentira, en el fondo del mar). Encontró hasta el Olvido, que ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.

Sólo el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, y en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y pensó: –El Amor, siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas.–  Y tomando una horquilla comenzó a mover las ramas, cuando de pronto se escuchó un doloroso grito: las espinas habían herido los ojos del Amor, y la Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, rogó, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, el Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña.

 

LOS DOS HALCONES

Cuenta la historia que un rey de un país muy lejano recibió como obsequio en su cumpleaños a dos pichones de halcón, los cuales entregó al maestro real de caza para que los entrenara y los hiciera competitivos.

Pasados unos meses el instructor real le comunicó que uno de los halcones estaba perfectamente educado, había aprendido a volar y a cazar a la perfección,  pero que no sabía qué le sucedía al otro halcón: no se había movido de una rama desde el día de su llegada a palacio e incluso había que llevarle el alimento hasta allí y dárselo en el pico.

El rey mandó llamar a curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie consiguió hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a varios miembros de la corte, pero a pesar de los intentos nada cambió; por la ventana de sus habitaciones el monarca veía que el pájaro continuaba inmóvil. Publicó por fin un llamamiento entre sus súbditos solicitando ayuda, y  entonces, a la mañana siguiente vio al halcón volar ágilmente por los jardines.

-Traed  al autor de este milagro -dijo a su séquito. Al poco rato le presentaron a un campesino.

-¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso?

Entre feliz e intimidado, el hombrecito explicó:

-No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas y se lanzó a volar.

Cuántos de nosotros no hacemos aquellos para lo cual fuimos dotados de habilidades y destrezas, ya que por distintas razones no hemos podido descubrir nuestro potencial. Sólo quien camina sabe para qué sirven las piernas y los pies, y no importa que se caiga, pues habrá descubierto que mientras tenga sanas sus extremidades inferiores siempre que lo desee podrán levantarse y volver a caminar.

Muchos de los obstáculos que impiden nuestro progreso están únicamente dentro de nuestra mente. Son taras mentales que nos mantienen prisioneros de la mediocridad.

 

LA CASA IMPERFECTA

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el múltimo esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.
Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. "Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti".
Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!
Construimos nuestras vidas de manera distraida, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.
La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"

 

EL BURRO Y EL POZO

El burro de un campesino cayó un día en un pozo. El animal se quejó durante horas, mientras su dueño trataba de encontrar una manera de sacar al animal de allí.   

Finalmente, pensó que el burro ya estaba muy viejo y que el pozo estaba seco, por lo que no compensaba el esfuerzo de sacar de allí al animal y que el pozo necesitaba ser tapado de todas formas. 
Pidió ayuda a todos sus vecinos. Comenzaron a tirar tierra al pozo. El burro redobló sus quejidos, pero después de varias paladas de tierra el animal se aquietó.  
El campesino miró al fondo del pozo y vió sorprendido que a cada palada que los campesinos echaban, el burro se sacudía la tierra y daba un paso encima de ella. Muy pronto el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando. 

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra. El truco para salir del pozo es sacudírtela y usarla para dar un paso hacia arriba. 
Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos pozos si no nos damos por vencidos. 
Si estás en el pozo, a merced de tus deudas, crisis, falta de trabajo, pocas perspectivas de mejora, etc., abandonarse y dejarse enterrar no es la actitud más adecuada. Usa tu situación personal como acicate para salir y llegar al éxito caminando sobre cada uno de los problemas que se te presenten. 
No dejes que una situación personal te entierre, entiérrala tú a ella como lo hizo el burro, si ves de manera positiva los problemas, podrás salir de ese obscuro y húmedo pozo en el que te encuentras. 
¡Usa la tierra que te cae encima cada día para salir adelante! 

 

LA FELICIDAD ESCONDIDA

En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y LA FELICIDAD ESCONDIDA decidieron crear al hombre y a la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo: 

"Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses. Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?" 
Después de mucho pensar uno de ellos dijo:

"¡Ah! ya sé! Vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás".

Propuso el primero: "Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo"; a lo que inmediatamente respondió otro: "no, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá y la encontrará; y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está".

Otro dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra". Y le dijeron: "No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que podrá viajar a otros planetas y la descubrirán, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a Nosotros ".

El último de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo:

"Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren"; todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: "¿Dónde?"

"La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán".

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.

 

VIVIERON FELICES Y COMIERON PERDICES… UN CUENTO INACABADO

Érase una vez el final de un cuento de hadas. Todo había acabado felizmente, y el príncipe y la princesa habían llegado a casarse tras muchas aventuras. Y vivieron felices y comieron perdices.

Pero, al día siguiente, el príncipe tenía un fuerte dolor de cabeza y no le apetecía comer perdiz. Salió a pasear por los jardines mientras la princesa devoraba una perdiz tras otra. Tantas comió, que al llegar la noche sufría una gran indigestión.
Esa noche, el príncipe protestaba, pues no se sentía feliz.

- Vaya birria de cuento. No me siento para nada feliz.

- Si no eres feliz, es porque no has comido perdiz.

Y al día siguiente ambos solo comieron perdices, pero el mal humor del príncipe no desapareció, y la indigestión de la princesa empeoró.

- Vaya birria de cuento- dijo también la princesa.

El tercer día era evidente que ninguno de los dos era feliz.

- ¿Cómo puede irnos tan mal? ¿Acaso no fue todo perfecto durante el cuento?

- Es verdad. Lo tenemos todo, ¡y hasta nos hemos casado! ¿Qué más necesitamos para ser felices?

Ninguno de los dos tenía ni idea, pues se habían preparado para vivir una vida de cuento. Pero, al terminar el cuento, no sabían por dónde seguir. Decididos a reclamar una felicidad a la que tenían derecho, fueron a quejarse al escritor del cuento.

- Queremos otro final.

- Este es el mejor que tengo. No me sé ninguno mejor.

Y, tras muchas discusiones, lo único que consiguieron fue que eliminara lo de comer perdices. Seguían sin ser felices, claro, pero al menos la princesa ya no tenía indigestión.
La infeliz pareja no se resignó, y decidió visitar a las más famosas parejas de cuento. Pero ni Cenicienta, ni la Bella Durmiente, ni siquiera Blancanieves hacían otra cosa que dejar pasar tristemente los días en sus palacios. Ni una sola de aquellas legendarias parejas había sabido cómo continuar el cuento después del día de la boda.

- Nosotros probamos a bailar, bailar, y bailar durante días- contó Cenicienta- pero solo conseguimos un dolor de huesos que no se quita con nada.

- Mi príncipe me despertaba cada mañana con un ardiente beso que duraba horas- recordaba la Bella Durmiente- pero aquello llegó a ser tan aburrido que ahora paso días enteros sin dormir para que nadie venga a despertarme.

- Yo me atraganté con la manzana cien veces, y mi príncipe me salvó otras tantas, y luego nos quedábamos mirándonos profundamente- dijo Blancanieves- Ahora tengo alergia a las manzanas y miro a mi esposo para buscarle nuevos granos y verrugas.

Decepcionados, los recién casados fueron a visitar al resto de personajes de su cuento. Pero ni el gran hechicero, ni el furioso dragón, ni sus valientes caballeros quisieron hacer nada.

- Ya cumplimos con todas nuestras obligaciones, y ni siquiera tuvimos un final feliz ¿Y encima queréis que nos hagamos responsables de vuestra felicidad ahora que ha terminado el cuento? ¡Venga ya!

La joven pareja recurrió finalmente a sus leales súbditos. Tampoco funcionó porque, a pesar de que obedecieron todas y cada una de sus órdenes, los príncipes siempre habían tenido todo tipo de lujos, y seguían insatisfechos.

- Nada, tendré que encargarme de mi felicidad yo misma -decidió la princesa precisamente el día que el príncipe pensó lo mismo.

Y cada uno se fue por su lado a intentar ser feliz haciendo aquello que siempre le había gustado. Pero por emocionantes y especiales que fueran todas aquellas cosas, no era lo mismo hacerlas sin tener a su lado a su amor de cuento. Tras aceptar su fracaso por separado, volvieron a encontrarse en el palacio llenos de pena y desesperanza.

- Lo hemos intentado todo- dijo el príncipe, cabizbajo-. Ya no queda nadie más a quien pedirle que nos haga felices. Estamos atrapados en un penoso final de cuento.

- Bueno, querido, aún nos queda una cosa por probar- susurró la princesa-. Hay alguien que aún no se ha encargado de tu final feliz.

- ¿Sí? ¿Quién? ¿La bruja? ¿El león? ¿El armario? ¿Voldemort?

- Cariño, no te vayas del cuento. Me refiero a mí. Aún no me he encargado de hacerte feliz. Ni tú tampoco de mí.

Era verdad. Y no perdían nada por intentarlo.

Aunque hacer feliz al príncipe tenía lo suyo. Solía levantarse de mal humor, trabajaba algo menos que poco y era un tipo más bien guarrete. Y tampoco la princesa era perfecta, pues lo menos que se podía decir de ella es que era caprichosa y mandona, bastante cotilla y un poco pesada. Pero, a pesar de todo, se querían, y descubrieron que, al esforzarse por el otro, olvidándose de sí mismos, no necesitaban más que ver asomar la felicidad en el rostro de la persona amada para sentirse plenamente dichosos. Nunca antes habían repartido felicidad, y hacerlo con su único amor los llenaba de tanta alegría que era difícil saber quién de los dos era más feliz.

Pronto se sintieron tan dichosos repartiéndose felicidad que, a pesar del esfuerzo que les suponía, no pudieron parar en ellos mismos, y comenzaron también a preocuparse de la felicidad de sus súbditos y los demás personajes de su cuento. Hasta las legendarias princesas que no habían sabido vivir felices en su final de cuento pudieron recibir su consejo y su ayuda.

Así, habiendo descubierto el secreto de los finales felices, hicieron por fin una última visita para llevar a su amigo el escritor un regalo muy especial: un nuevo final de cuento. Y el escritor lo tomó y lo agregó a la última página, donde desde entonces puede leerse “…y, renunciando a su felicidad por la del otro, pudieron amarse y ser felices para siempre”.

HISTORIAS DE FRACASOS CONVERTIDOS EN ÉXITOS

Albert Einstein

"El genio se hace con un 1% de talento y un 99% de trabajo"

El científico más importante del siglo XX tuvo una infancia y una escolarización difícil. Sus profesores dudaban de sus capacidades académicas porqué empezó a hablar y leer muy tarde (con 4 y 7 años respectivamente). Debido a sus malas notas en asignaturas como historia o lenguaje, Einstein abandonó la escuela a los 15 años. Más tarde se supo que era diléxico.

Charles Chaplin

"Trabajar es vivir y a mí me encanta vivir"

El actor y director tenía una visión demasiado innovadora. Estudios y productores lo rechazaron en un inicio porque consideraban que su forma de actuar no se entendería. Hoy en día, películas como Tiempos Modernos y El gran dictador son consideradas piezas cinematográficas intemporales y de culto.

Henry Ford

"El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia"

Hacia 1885, tan pronto como los alemanes empezaron a lanzar al mercado los primeros automóviles, Ford se interesó por ellos y empezó a construir sus propios prototipos. Sin embargo, sus primeros intentos fracasaron. No fue hasta 1903, con el lanzamiento de Ford Motor Company, que alcanzó el éxito convirtiéndose en el fundador de una de las marcas de coches más conocidas en todo el mundo.

Walt Disney

"Piensa, cree, sueña y atrévete"

El joven Walt tampoco lo tuvo fácil en sus inicios. Apenas un año después de fundar la empresa Laugh-O-Gram Films, en 1922, ésta terminó en bancarrota. Su situación era tan complicada que incluso tuvo que vender su cámara para poder pagarse el viaje a Hollywood, la meca del cine. Allí decidió empezar de nuevo hasta fundar la que hoy se conoce como "la fábrica de los sueños".

Steve Jobs

A veces cuando innovas, cometes errores. Es mejor admitirlos rápidamente, y seguir adelante apostando por tus otras innovaciones"

Tras fracasos como Apple III o Lisa, Steve vivió una época complicada en Apple que acabó con el informático despedido de la compañía. Tras estos sucesos, Jobs se centró en Next, su proyecto posterior, que se convirtió en un pozo sin fondo para sus inversores. Aun así, Steve Jobs nunca dejó que los fracasos lo definieran y a su vuelta a Apple revolucionó el sector tecnológico con la era iPod.

SECRETO DE LA FELICIDAD

(Tomado del Tomo II de la serie Homo potens, de Rafael Orantes)

Para ser feliz lo primero es mejorar permanentemente nuestra actitud, dado que la felicidad es un acto deliberado que se puede hacer a cualquier hora y lugar, al margen de que nuestro entorno sea nuboso o estemos en medio de personas tóxicas.

Son sus pensamientos los que le proveen esa agradable sensación de felicidad. Si logra cambios en su persona el mundo cambiara con usted. Tenga en cuenta que en la vida solo usted puede manipular sus pensamientos y sentimientos. Nadie más. Sepa entonces disfrutar de los grandes placeres del mundo sin olvidar las pequeñas cosas de nuestra vida.

Leamos la siguiente historia:

Un hombre mandó a su hijo con el más sabio de los hombres, para que aprendiera el secreto de la felicidad. El pequeño joven estuvo durante 40 días en el desierto, hasta que encontró un enorme castillo, en lo alto de una montaña. En ese lugar vivía el sabio que estaba buscando.

Pero el niño no encontró exactamente lo que esperaba. Entró y vio una sala con mercaderes que entraban y salían, personas charlando y un orquesta pequeña que tocaba para los visitantes. Una mesa repleta de los más sabrosos manjares de aquella región. El sabio hablaba con todos, así que el niño tuvo que esperar 2 horas para que lo atendiera.

Cuando habló con el, escucho con cuidado el motivo de su visita, pero le dijo que en ese momento no tenía tiempo para explicarle el secreto de la felicidad. Le dijo que diera un paseo por el palacio y regresara en 2 horas.

- Pero antes de que empieces el paseo, quiero pedirte un favor -mientras le entregaba una cucharita de té, con dos gotas de aceite-. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida de que el aceite no se riegue.

El niño comenzó a subir y bajar a través del palacio, manteniendo los ojos pendientes en la cuchara. Cuando regresó pasadas las 2 horas, el sabio le preguntó cómo le había parecido el castillo. Y el niño respondió:

- No pude observar el castillo muy bien, pase las 2 horas pendiente de no regar las 2 gotas de aceite en la cuchara.

- Bueno, ahora quiero que vayas y maravilles tus ojos con las bellezas del castillo.

El niño, con más tranquilidad, recorrió el castillo de nuevo, pero está vez prestó más atención a todas las obras de arte. Vio los jardines, las montañas, las flores... Cuando regresó el sabio escucho los relatos del joven y le preguntó:

- Que bien, ¿pero dónde están las dos gotas que te confié? -el joven vio la cuchara y se dio cuenta que no estaban-. Pues éste es el consejo que puedo darte. El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin dejar a un lado las dos gotas de aceite en la cuchara.

LA FELICIDAD Y EL DINERO

Siempre se ha dicho que “el dinero no da la felicidad”, pero la ciencia acaba de desmentir lo que habíamos asumido como una verdad incuestionable. Aunque ojo, depende de en qué lo gastes conseguirás ser feliz o no. Emplear el dinero en comprar bienes materiales no nos ayudará a sentirnos más plenos y satisfechos. El truco para que el dinero nos haga felices es emplearlo en conseguir lo más preciado, tiempo para nosotros mismos.

Más bien hay que sopesar que, como en casi todo, el valor del dinero cobra trascendencia cuando llega a la medida de las necesitas actuales y próximas. Recordemos que “Nada en exceso, todo en la medida”, sabias palabras del filósofo griego Solón, el mismo que dijo “Conócete a ti mismo”.

Por ejemplo, cuando al archimillonario le da un cáncer, cientos o miles de millones de nada le sirven para curarse. Este rico cambiaría toda su fortuna por la salud con el mayor gusto del mundo. Sin embargo, quien tiene salud en abundancia hasta parece hacer cosas premeditadamente dañinas para perderla por un poco de dinero. Son contradicciones que parecen ilógicas, pero que en el fondo responden a la presión que ejerce sobre la gente los medios de comunicación y la omnipresente publicidad.

La Biblia, que pone casi 4 decenas de versículos sobre el dinero, nos dice en el Evangelio de Mateo que “más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios”.

Este versículo es una seria amenaza para quien acumula riquezas y no las usa para el bien de su prójimo. Lo buenos para los que tienen dinero en cantidades obscenas es que no creen en Dios y menos en la Biblia, así que tal vez no entren al “cielo”, pero en vida eso les tiene sin cuidado.

Sin el afán de catequizar a nadie, veamos algunos de esos versículos que hablan de la riqueza y dele cada lector una interpretación más pragmática, según su conocimiento:

El dinero mal habido pronto se acaba; quien ahorra, poco a poco se enriquece. (Proverbios 13:11).

Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. (1 Timoteo 6:9)

Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo! (Eclesiastés 5:10)

Más vale adquirir sabiduría que oro; más vale adquirir inteligencia que plata. (Proverbios 16:16) 

BIENESTAR, LA PALABRA CLAVE DE LA FELICIDAD

La sociedad no debería estimular a niños que con el pretexto de que son educados solo deben bajar la cabeza frente a una humillación; lo que necesitamos son niños contestatarios pero consecuentes y pragmáticos, que no rezonguen por caprichos, de forma dogmática o por arrebatos emocionales, sino que debatan lo que por ley y justicia se espera de ellos. Niños que no hacen corajes o se mantienen paralizados son niños enfermos, jóvenes enclenques que más adelante engrosarán las filas de los hombres y mujeres mediocres.

Los patrones lo que deben reconocer antes que puntualidad, permanencia o mansedumbre en un sitio de trabajo es productividad; que sus obreros o empleados administrativos demuestren que tienen la capacidad de lograr lo que se espera de ellos: eficiencia. Que su permanencia en el trabajo no sea valorada por la cantidad de tiempo dentro de las instalaciones o de las horas-nalga que pasan sentados en un cubículo, sino por la calidad de tiempo como factor productivo. Pero que ese esfuerzo que se traduce en productividad también sea remunerado justamente y no con salarios de hambre ni con tratos propios de capataces del Medievo.

Los gobiernos, por su lado, para pretender salir del subdesarrollo al que ellos mismos nos tienen amarrados deben favorecer la justicia social, la equidad y la participación ciudadana, en tanto los funcionarios cumplir a cabalidad y con transparencia su mandato y respetar los bienes del pueblo como un patrimonio sagrado e intocable; gastarlo únicamente para las obras que la misma colectividad requiere y por las que paga sus impuestos.

Por valoraciones mezquinas y sectoriales que favorecen únicamente a grupúsculos políticos y empresariales, corruptos y corruptores, e incluso a grupos de «pensadores» que prestan su intelecto para confundir y oprimir a los desvalidos y marginados sociales a través de los medios de comunicación masiva, en nuestros países se busca el sometimiento de la población y que los sumisos se vuelvan multiplicadores ya sea como padres, hermanos, compañeros de trabajo, vecinos e incluso amigos, restándole competitividad a nuestros países y manteniendo en perenne esclavitud económica y social a sus poblaciones.

Es comprensible que frente a esas falacias sociales de que vivimos con deficiencias porque somos muchos; que somos ignorantes porque no nos gusta leer; que somos pobres porque no tenemos recursos metalúrgicos ni petróleo o que no trabajamos porque nos gusta la vagancia, la misma colectividad ha creado medidas emergentes para solventar sus crisis personales. Existe, por ejemplo, la deserción, en el caso de aquellos gobiernos dictatoriales que mantienen subyugados a los ciudadanos; también existe la migración cuando las condiciones económicas de un país no son nada favorables; el trabajo mismo es fuente de cambio e incluso hay quienes para modificar su situación podrán hasta prostituirse, pero el hecho es que nadie está condenado a vivir una vida de penurias.

Nada ni nadie justifica continuar reproduciendo un modelo de vida que promueve la humillación, que premia el derrotismo mental. Dios dotó al ser humano de voz, del poder de la palabra no sólo para que rezongue a espaldas de sus opresores, sino para que de una manera civilizada y frontal demande sus derechos.

Tomado de la obra “LA MARATÓN DE MI VIDA”, tomo I de la serie Homo potens.

EL PECADO CAPITAL DE LA AVARICIA

La avaricia proviene del latín “avarus”, que significa “codicioso”, es el deseo y ansia excesiva por obtener riqueza. La ambición de acumular riqueza es propia de las sociedades consumistas de nuestro tiempo, que por influjo de la publicidad viven incitadas a poseer muchos bienes materiales, la mayoría de veces por el simple hecho de tenerlos y exhibirlos a los demás. Es el pecado capital llamado “avaricia” que hace miserable al hombre y ofende a quienes le rodean, pues en esa incesante acumulación de objetos la persona pierde la perspectiva de la auténtica búsqueda de bienes intangibles como la alegría, el amor, la serenidad y la propia felicidad, pisoteando a sus semejantes en su intento por proteger los objetos que ha acumulado.

No hay que confundir la avaricia con el deseo de superarse a uno mismo tanto en lo económico como en lo profesional por medio del trabajo honrado, lo que es claramente correcto. El problema recae cuando únicamente se piensa en obtener más, en lugar de concentrarse en ser mejor persona con el prójimo, dañando inclusive a quienes se atraviesan en el camino al éxito.

El propio décimo Mandamiento divulgado por Moisés se muestra en contra de la avaricia cuando expresa “No codiciarás los bienes ajenos”, dejando claro que esta sería una muestra de avaricia, siendo este uno los de siete pecados capitales.

En el nuevo año no perdamos de vista que tenemos un compromiso con nosotros mismos para superar cualquier escollo y ser mejores en todos los aspectos de la vida, incluyendo por supuesto lo material, pero que ese afán no sea la razón para volvernos avaros. La avaricia daña ciertamente a quienes rodean al avaro, pero sobre todo se daña a sí mismo y lo termina volviendo amargado.

LA MUJER A QUIEN SU ESPOSO NO HIZO FELIZ

(Tomado del tomo 2 de la serie Homo potens)

En cierta ocasión, durante una elegante recepción de bienvenida al nuevo Director de Marketing de una importante compañía londinense, algunas de las esposas de los otros directores, que querían conocer a la esposa del festejado, le preguntaron con cierto morbo:

¿Te hace feliz tu esposo?

El esposo, quien en ese momento no estaba a su lado, pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y hasta hinchó un poco el pecho, orgullosamente, pues sabía que su esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.

Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo

 -No, ¡no me hace feliz!

En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer.

El marido estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan importante para él.

Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y continuó:

- No, él no me hace feliz… Yo soy feliz. El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí.

- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de otra persona, de otra cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra, estaría en serios problemas.

- Todo lo que existe en esta vida cambia continuamente: el ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc. Y así podría decir una lista interminable…

-A través de toda mi vida, he aprendido algo: Yo decido ser feliz y lo demás son "experiencias o circunstancias", como ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar, y junto a mi esposo lo he vivido y practicado tantas veces…

- La felicidad siempre se apoyará en el verdadero perdón y en el amor así mismo y a los demás… No es responsabilidad de mi esposo hacerme feliz... Él también tiene sus “experiencias o circunstancias”, lo amo y él me ama, muy a pesar de sus circunstancias y de las mías.

DEMÓSTENES, EJEMPLO DE SUPERACIÓN

Cuando se revisa el origen y desarrollo de la oratoria moderna, un nombre aparece en primer lugar: Demóstenes, quien desde muchacho tenía un defecto de elocución en el habla, por lo cual sus contemporáneos se burlaban de él, llamándolo por el apodo de “Bátalo”, que al parecer podrían haber inventado sus pedagogos o bien sus propios compañeros de juegos.

Según Plutarco, durante el primer discurso público del joven Demóstenes la audiencia se burlaba de su problema de elocución (dificultad en pronunciar la /R/) y su extraño y correoso estilo, que estaba plagado de largas frases con argumentos formalistas hasta un extremo duro y desagradable. Según el mismo crítico, el joven Demóstenes tenía una debilidad en la voz, un habla extraña y difícil de entender y una falta de aire que, al romper y desenlazar las frases, oscurecía mucho el sentido y el significado de lo que decía.

Frente a ese problema, y quizá esto ha sido lo que lo llevó definitivamente a quedar en la Historia como uno de los mejores oradores, en lugar de renunciar a su deseo por ser un gran orador, Demóstenes llevó a cabo un estricto programa para superar esas deficiencias y mejorar su locución. Trabajó la dicción, su voz y sus gestos hasta el punto que su ahínco y su devoción se volvieron proverbiales.

Se dice que solía estudiar en una habitación subterránea que había construido él mismo. También solía hablar con piedras en la boca y recitar versos mientras corría. Para fortalecer su voz, hablaba en la orilla del mar por encima del sonido de las olas. Sin embargo, no se sabe con certeza si estos relatos son verdaderos hechos de la vida de Demóstenes o meras anécdotas utilizadas para ilustrar su perseverancia y determinación.

Algunos ciudadanos que sí se dieron cuenta de su talento le animaron diciendo que su dicción era muy parecida a la de Pericles. En otra ocasión, después de que la Ekklesía se negase a escucharle y mientras marchaba a casa habiendo sido rechazado, un actor llamado Sátiro le siguió y le entretuvo en una amistosa conversación, supuestamente motivándolo a no doblegarse frente a las burlas.

LOS BENEFICIOS DE UN ABRAZO

Después de un beso, nada mejor que un abrazo. La Real Academia de la Lengua define abrazar como “Ceñir con brazos en señal de cariño”. Sin embargo, esta definición queda demasiado corta para explicar el profundo significado psicológico de abrazar, de este gesto que puede ser pequeño y gratuito, pero repleto de sentimientos capaces de aliviar y reparar un corazón quebrado emocionalmente. 

Más allá de cualquier definición semántica, abrazar es una formidable herramienta para comunicar que no necesita mucha decodificación y que funciona en cualquier sociedad, al margen de su lengua e idiosincrasia.

Seguramente un abrazo no tiene la solución de cada problema que nos ocurre, pero su deleite recompone nuestro sufrimiento y transmite que existe alguien que nos quiere y se preocupa por nosotros.

Por eso cada abrazo acoge distintos propósitos pero siempre mantiene un lenguaje armónico entre quien lo da y quien lo recibe. De ahí que no solo es importante recibir un abrazo, sino que además hay que darlos en abundancia, pero no solo en esta época navideña donde es usual darlos para desear un nuevo año lleno de dicha, sino en cualquier momento del año y lugar.

Aunque son muchas las bondades que ofrece abrazar, mencionamos a continuación algunos de los principales beneficios:

AYUDA A ESTIMULAR UNA SANA AUTOESTIMA

DA SENSACIÓN DE SEGURIDAD Y PROTECCIÓN

DISMINUYE EL ESTRÉS

PROMUEVE SENSACIÓN DE TRANQUILIDAD

MEJORA LAS RELACIONES INTERPERSONALES TANTO EN EL PLANO AMISTOSO COMO AMOROSO

TRANSMITE ENERGÍA Y FUERZA

EL SECRETO DE LA GENTE EXITOSA

Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó:

- ¿Qué hacen ustedes aquí?

El obrero lo miró con dureza y le manifestó:

- ¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras durante ocho horas como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de ingenieros y arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos el pellejo en la obra.

El visitante prefirió alejarse de ese obrero y se acercó entonces a otro trabajador y le preguntó lo mismo.

- Aquí, como usted bien puede ver, picando piedras durante toda una jornada para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a la familia.

Un poco menos intimidado, el visitante agradeció la respuesta del obrero y se acercó a un tercer peón y una vez más le preguntó lo que estaba haciendo.

El hombre le contestó con gran entusiasmo:

- Estamos levantando un hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias, anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura.

Mismo trabajo, mismo sueldo, misma falta de reconocimiento; una misma realidad. Tres maneras distintas de vivir la misma experiencia: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío. Pero esa experiencia al final de cuentas está dentro de nosotros. El vaso con agua medio vacío o medio lleno no deja de ser un vaso con agua hasta la mitad.  Verlo medio lleno es cuestión de actitud.

Depende de usted qué hace cada mañana cuando se levanta. Obvio que tiene la elección de pasar el día lamentándose, tratando de corregir las cosas que no funcionan, o bien salir de la cama, ver en el espejo a la persona más exitosa y agradecer por las cosas que tenga y que le funcionen. Viva con ilusión, convierta su trabajo en una bendición y siéntase parte de un mundo que todavía sigue siendo hermoso.

La razón de escoger mayoritariamente la primera opción es que la influencia de incompetencia se generaliza a todas las formas taxativas tanto físicas como mentales. A quien padece el síndrome de Down le auguran que no será capaz de esto o aquello; a quien muestra alguna limitación física en sus órganos sensoriales (sordera, ceguera, minusvalía) también lo condenan a priori a una vida de restricciones.

¿Pero qué sucede con todas aquellas personas que han logrado exceder sus limitantes y viven una existencia plétora de éxitos y satisfacciones? Lo que pasa es que estas personas no escucharon a los pregoneros de malos augurios. Apagaron sus órganos receptores a voces fatalistas y confiaron que sus impedimentos físicos o mentales no serían obstáculo para sobresalir.

(Tomado del Tomo I de la serie Homo potens, “La maratón de mi vida”, Rafael Orantes)