Si te has despertado hoy con más salud que enfermedad, estás más bendito que el millón que no va a sobrevivir esta semana.

Si nunca has conocido los peligros de la guerra, la soledad de la prisión, la agonía de la tortura, los dolores del hambre, estás delante de 500 millones de personas en el mundo.

Si puedes ir a la iglesia o el templo sin ser perseguido, arrestado, torturado o asesinado... estás más bendito que 3 mil millones de personas en este planeta.

Si tienes comida en tu nevera, llevas la ropa limpia, si tienes un techo encima de tu cabeza y un lugar seguro donde dormir, estás más rico que el otro 75 %.

Si tienes dinero en el banco, en tu cartera, y unas monedas en una jarra en tu casa, eres parte del 8 % de la población próspera del mundo entero.

Si tus padres están todavía vivos y casados, eres poco común...

Si llevas una sonrisa en tu cara, y estás agradecido por todo estás bendito, porque la mayoría de la gente lo puede hacer pero no lo hace.

Si puedes leer este mensaje has recibido una doble bendición, ya que, primero alguien ha pensado en ti, y segundo, tienes más suerte que 2 mil millones de personas que no saben leer.

"¡Carloooos, ponte de una vez a hacer los deberes!" Hala, ya estaba su madre dando gritos. Carlos pensaba, "cómo se nota que no los tiene que hacer ella, con lo aburridos que son", y se sentaba durante horas delante del libro, esperando que pasara el tiempo y llegara la hora de la cena. Un día cualquiera, estaba sumido en su habitual búsqueda de musarañas por el techo de su habitación, cuando unos pequeños elfos, de no más de un centímetro de altura, aparecieron por la ventana.
- Buenas tardes, chico grandullón ¿nos dejas tus deberes para jugar? -preguntó uno de ellos cortésmente.

Carlos se echó a reír.

- ¡cómo vais a jugar con unos deberes, pero si son lo más aburrido que hay!. Ja, ja, ja... Tomad, podéis jugar con ellos todo el rato que queráis.

El niño se quedó observando a sus invitados, y no salía de su asombro cuando vio la que montaron. En menos de un minuto habían hecho varios equipos y se dedicaban a jugar con el lápiz y la goma, el libro y el cuaderno. La verdad es que hacían cosas muy raras, como con los cálculos de matemáticas, donde para escribir los números dejaban fijo el lápiz y sólo movían el cuaderno, o como cuando hacían competiciones para la suma más rápida: cada grupo se disfrazaba de forma distinta, unos de Papá Noel, otros de calabaza de Halloween, otros de bolas de queso, y en cuanto terminaban paraban el reloj; el que ganaba tenía derecho a incluir su dibujito en el cuaderno, que acabó lleno de gorros de Papá Noel y calabazas. También eran muy graciosos estudiando la lección: utilizaban canciones famosas y les ponían la letra de lo que tenían que aprenderse, y luego ¡organizaban un gran concierto con todas las canciones!
Carlos disfrutó de lo lindo viendo a aquellos diminutos estudiantes, y hasta terminó cantando sus canciones. Pero el tiempo pasó tan rápido que enseguida su mamá le llamó para cenar.

- Vaya, ¡qué rollo!. Con lo divertido que es esto...- gruñó mientras se despedía.
- ¡Claro que es divertido!, ya te lo dije; ¿por qué no pruebas unos días a hacerlo tú? nosotros vendremos a verte de vez en cuando.
- ¡Hecho!

Así Carlos empezó a jugar con sus deberes cada tarde, cada vez con formas más locas y divertidas de hacer los deberes, siempre disfrazándose, cantando y mil cosas más; y de vez en cuando coincidía y jugaba con sus amigos los elfos, aunque realmente no sabía si habían salido de la ventana o de su propia imaginación...
Y ni su mamá, ni su papá, ni sus profesores, ni nadie en todo el colegio podían creerse el gran cambio. Desde aquel día, no sólo pasaba muchísimo más tiempo haciendo los deberes, sino que los traía perfectos y llenos de dibujos, estaba muy alegre y no paraba de cantar. Su mamá le decía lo orgullosa que estaba de que se esforzase tanto en hacer unos deberes que sabía que era tan aburridos, pero Carlos decía para sus adentros "cómo se nota que no los hace ella, con lo divertidos que son".

Cuenta una leyenda que había unos niños patinando sobre una laguna congelada.
Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación; cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. Otro niño, viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas el resto del hielo hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar con esa piedra y sus manos tan pequeñas!

En ese instante apareció un anciano y dijo:

"Yo sé cómo lo hizo".

"¿Cómo?", le preguntaron al anciano, y él contestó:

"No había nadie a su alrededor que le dijera que no se podía hacer".

“Como no sabían que era imposible, lo hicieron”.

Dos hombres, ambos enfermos de gravedad, compartían el mismo cuarto semi-privado del hospital. A uno de ellos se le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación. El otro tenía que permanecer acostado de espaldas todo el tiempo.
Conversaban incesantemente todo el día y todos los días, hablaban de sus esposas y familias, sus hogares, empleos, experiencias durante sus servicios militares y sitios visitados durante sus vacaciones.

Todas las tardes cuando el compañero ubicado al lado de la ventana se sentaba, se pasaba el tiempo relatándole a su compañero de cuarto lo que veía por la ventana.

Con el tiempo, el compañero acostado de espaldas que no podía asomarse por la ventana, se desvivía por esos períodos de una hora durante el cual se deleitaba con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un bello lago. Los patos y cisnes se deslizaban por el agua, mientras los niños jugaban con sus botecitos a la orilla del lago. Los enamorados se paseaban de la mano entre las flores multicolores en un paisaje con árboles majestuosos y en la distancia, una bella vista de la ciudad. A medida que el Señor cerca de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero cerraba los ojos e imaginaba un cuadro pintoresco.

Una tarde le describió un desfile que pasaba por el hospital y aunque el no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la mente mientras su compañero se lo describía.

Pasaron los días y las semanas y una mañana, la enfermera al entrar para el aseo matutino, se encontró con el cuerpo sin vida del señor cerca de la ventana, quien había expirado tranquilamente, durante su sueño. Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo.

El otro día el otro señor, con mucha tristeza pidió que lo trasladaran cerca de la ventana. A la enfermera le agrado hacer el cambio y luego de asegurarse de que estaba cómodo, lo dejó solo. El señor con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó de un codo para poder mirar al mundo exterior por primera vez. Finalmente tendría la alegría de verlo por sí mismo.
Se esforzó para asomarse por la ventana y lo que vio fue la pared del edificio de al lado.
Le preguntó a la enfermera por qué su compañero de habitación le contaba que veía todo aquello si no era cierto. A lo que ella respondió:

-Posiblemente fuese para darle ánimos a usted, ya que él era ciego.

En un vuelo de British Airways entre Johanesburgo y Londres, una señora blanca de unos cincuenta años se sienta al lado de un negro.  Llama a la azafata para quejarse:

- ¿Cuál es el problema, señora? - pregunta la azafata.

- ¿Pero no lo ve? - responde la señora

- Me colocó al lado de un negro. No puedo quedarme al lado de estos "inmundos". Deme otro asiento.
- Por favor, cálmese. -dice la azafata- Casi todos los lugares de este vuelo están tomados. Voy a ver si hay algún lugar en clase ejecutiva o en primera

La azafata se apura y vuelve unos minutos después.

- Señora -explica la azafata- como yo sospechaba, no hay ningún lugar vacío en clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que tampoco hay lugar en ejecutiva.

Pero sí tenemos un lugar en primera clase.  Antes que la señora pudiese responder algo, la azafata continuó.

- Es totalmente inusitado que la compañía conceda un asiento de primera clase a alguien que está en económica, pero dadas las circunstancias, el comandante consideró que sería escandaloso que alguien sea obligado a sentarse al lado de una persona tan execrable...

Y, diciendo eso, la azafata mira al negro y dice:

- Si el señor me hiciera el favor de tomar sus pertenencias, el asiento de primera clase ya está preparado.

Y todos los pasajeros alrededor, que presenciaron la escena, se levantaron y aplaudieron por la actitud de la compañía.

El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que leía:
"Cachorritos en venta"
Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando:
- "¿Cuál es el precio de los perritos?"
El dueño contesto: "Entre 30 y 50 dólares". El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas:
- "Sólo tengo 5 dólares ¿puedo verlos?".
El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás.
El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que renqueaba.

"¿Qué le pasa a ese perrito?", preguntó.
El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que renquearía por el resto de su vida.
El niñito se emocionó mucho y exclamó:
- ¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!".
Y el hombre replicó:
- "No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo".
Y el niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo:
- "Yo no quiero que usted me lo regale. Él vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis 5 dólares ahora y 5 dólares cada mes, hasta que lo haya pagado completo".
El hombre contestó:
- "Tú en verdad no deberías comprar ese perrito, hijo. Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos".
El niñito se agachó y se levantó la pernera de su pantalón para mostrar su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo:
- "Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco... y el perrito necesitará a alguien que lo comprenda"

Una historia de Etiopía nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo:

- No puedo dividir en tres los que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente, más astuto, más sagaz. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo.
He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de ustedes. Tómenla.
El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo.

Los hijos se fueron a buscar qué comprar.

El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad.

El segundo hijo compró sacos de pluma, pero no consiguió llenar la casa mucho más que el anterior.

El tercer hijo sólo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

Como podrán imaginar, fue este último quien consiguió la herencia.

Un comerciante estaba en el muelle de un pueblito costeño cuando llegó un botecito con un sólo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El inversionista elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos. Este respondió que sólo un poco tiempo. Luego le preguntó por qué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado. El dijo que tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. Entonces el empresario le preguntó: "¿pero qué hace usted con el resto de su tiempo?" El pescador dijo: "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, María, caigo todas las noches al pueblo donde toco la guitarra con mis amigos. Tengo una vida full tranquila y ocupada al mismo tiempo.

"El inversionista replicó: "soy un hombre de negocios de Harvard y podría ayudarle. Debería gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podría comprar varios botes, eventualmente tendría una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podría hacer directamente a un procesador y eventualmente abrir su propia procesadora.

Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Debería salir de este pueblo e irse a la Ciudad capital, luego a Los Angeles y eventualmente a Nueva York, donde manejaría su empresa en expansión".

El pescador preguntó: "¿pero cuánto tiempo tardaría todo eso?" A lo cual respondió el empresario: "entre 15 y 20 años".

"¿Y luego qué?...

"El americano se río y dijo que esa era la mejor parte. "Cuando llegue la hora debería anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de su empresa al público. Se volverá rico, tendrá millones".

"Millones... ¿y luego qué?..."

Dijo el americano: "luego se puedes retirar. Se mudas a un pueblito en la costa donde puede dormir tranquilo, pescar un poco, jugar con sus hijos, hacer siesta con su mujer, caer todas las noches al pueblo para tocar guitarra con sus amigos".

El pescador sonrió y le respondió: "¿acaso eso no es lo que ya tengo?

Moraleja: Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos. La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos tristes por aquello que no tenemos. "Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas".

¿Algún día se ha preguntado cómo le gustaría ser en un futuro? Quizá dentro de 25 o 50 años. Lo que será en el futuro es lo que ahora construye, es decir, el futuro no algo fijo o previamente delimitado, sino cómo cada quien y de manera sinérgica va construyendo día a día.

En la década de los 90 se perfeccionaron los procesos de calidad, y las normas de auditoría nos llevaban a crear un mundo perfecto. Todos los procesos debía funcionar a la perfección y alineados con una excelente fabricación, siempre orientados a la mayor búsqueda de beneficios. Se castigaba sin tregua todo lo que se hacía mal. Las empresas vivían realizando reingenierías.

Afortunadamente, y tras comprobar el nivel de exigencia y stress que abordaba aquello, surgieron nuevas tendencias a finales de los 90. Ya no consistía en intentar a toda costa mejorar todo lo que estaba mal, y castigar una y otra vez aquello fallido. Se comprobó que era más útil potenciar todo lo que se hacía extraordinariamente bien, y tan sólo intentar mejorar en lo posible lo que salía algo peor.

Sencillo, ¿verdad? ¿Alguien se ha propuesto algo así en nuestra vida? Quizás no nos hayan enseñado, pero tendemos a observar todo lo malo y eso tendemos a valorarlo por encima de lo bueno. Como se estudia en muchos cursos de ventas: «la confianza tarda mucho en ganarse, pero se puede perder en un instante». Esta última frase tiene un fondo muy curioso: nos cuesta perdonar, y añadiría, que a algunos, aún más nos cuesta olvidar.

Bastaría un ejercicio racional muy exagerado pero curioso. Debemos tomar un cronómetro en nuestra mano y un papel donde apuntar cómodamente. Durante ese intervalo de tiempo, por ejemplo 6 o 12 horas, tenemos que apuntar las sensaciones positivas y negativas que hemos tenido. Al final de compartir ese intervalo con un buen amigo o familiar querido, si hacemos cuentas, veremos como en muchos casos apenas aparecen intervalos positivos. Pero curiosamente, habremos estado prestando más atención a lo negativo que a lo positivo.

Pero más curioso aún resultaría si tuviéramos un observador que apuntara nuestra sensaciones. Los resultados suelen ser más divertidos, porque al encontrar mayor neutralidad, se encuentran aún más resultados positivos. ¿Significa eso que somos muy pesimistas? No, pero nos han enseñado a prestar más atención a los problemas que a las alegrías. Cuando se cambia el foco de atención todo se mira de forma diferente. Todo es cuestión de perspectiva… y una pizca de sentido común.

 

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, y le salvó su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: "Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida". Intrigado, el amigo preguntó:

-"¿Por qué después que te pegué escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en una piedra?".

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-"Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo".

Cerca de Tokio vivía un gran samurái, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario.

Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento, y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante.

El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla.

Conociendo la reputación del viejo samurái, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo.

Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros.

Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samurái repuso:

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?

-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

No es ficción. Es propio de un país tercermundista, de una nación de la cual el ahora candidato de Gana dijo que no era meritorio ser su presidente. Hablamos de la gente que recorre toda su vida por oscuros senderos de miseria, analfabetismo, insalubridad y desesperanza, no porque así lo han decidido, sino por las perversas actitudes de quienes por el poder económico han alcanzado también el poder político.

Políticos y empresarios corruptos, que nunca se sabe con exactitud quién va primero y quién va después, creen que El Salvador les pertenece y como si fuera su hacienda o granja, mantienen a gran parte de la población como los pollos que una vez mencionó nuestro amigo y colega José Simeón Duarte. Lo que estos nefastos mal llamados salvadoreños han olvidado, es que hasta los pollitos se dan a la fuga, tal como reza el título de una película. Es decir, tarde o temprano se liberarán.

Duarte hablaba de los pollos y su triste y cajonera vida, que consiste en picar tierra para comer, cagar y dormir. Eso es precisamente lo que muchos de nuestros compatriotas viven día tras día. Amanecen sin esperanzas, sin nada para desayunar. Salen a la rebúsqueda, consiguen algo para el almuerzo, quizá para la cena. Regresan a su casa a dormir, no sin antes ver su telenovela preferida.

Algunos con más suerte tienen televisión por cable, porque dinero para Claro, Tigo o Movistar nunca debe faltar, aunque si falte dinero para la comida o los refrigerios de los niños. Es la triste alienación de los países subdesarrollados, donde el consumismo lo primero que consume es el razonamiento de la gente.

Aquellos que tienen el privilegio de haber llegado a estudiar a una universidad, tiene el compromiso de intentar cambiar esta triste realidad de los compatriotas que no solo están sumidos en una vida paupérrima, sino que además son víctimas de esquemas mentales dogmáticos que aprovechan los políticos demagogos y populistas para llegar al poder.

Como diría el extraordinario José Mujica, “La política no es un pasatiempo, no es una profesión para vivir de ella, es una pasión con el sueño de intentar construir un futuro social mejor; a los que les gusta la plata, bien lejos de la política.

Rafael Orantes

Cierto día, un humilde grillo, triste y solitario, observaba desde su oscura cueva a cierta hermosa mariposilla que revoloteaba alegre entre las flores de la pradera, luciendo sus delicadas alas, bordadas con oro y seda.
Volaba la mariposa, como soberana de la primavera, posándose entre las flores más bellas del campo, que al recibirla se abrían para ofrecerle el néctar de la vida.
–¡Ah!– suspira el pobre grillo lleno de tristeza en su espiga –¡Qué distinta es nuestra suerte! A ti, la Naturaleza te regaló sus mejores tesoros, mientras yo tengo que vivir en la oscuridad de mi cueva, sepultado entre las miserias del campo. No tengo ningún atributo, mi presencia causa repulsa; nadie se acuerda de mí; ¡como si yo no existiera!
Mientras así el pobre grillo se lamentaba, siete u ocho rapazuelos en el prado se presentaron, y en pos de la mariposa se lanzaron a la carrera. Gorras y pañuelos le arrojaban para atraparla, inútilmente la mariposilla por verse libre se esforzaba; que pronto aquellos rapaces entre sus manos le toman prisionera, le arrancan su alas y le aplastan sin piedad alguna su cabeza.
El grillo espantado, dijo al mirar aquella la terrible escena:
–Jamás volveré a quejarme... mi apariencia a nadie atrae, y en mi cueva nadie me molesta. Y diciéndose así se fue alegre y seguro, de brinco en brinco, en busca de una espiga.

Ya llegó o pronto llegará el primer día de clases para muchos universitarios. Sí, un momento lleno de emoción, teniendo en cuenta que los recintos universitarios son una zona de compañerismo y amistades… y hasta romances, los famosos y recordados “amor de estudiante”, a quienes Roberto Jordán dedicó una de sus melodías precisamente con ese título.

Pero no todos piensan en el ambiente de camaradería que deparan los pasillos y las mismas aulas universitarias. Para algunos es un nuevo comienzo, luego de haber fracasado en su búsqueda de la excelencia, pues en el primer ciclo del 2018 ya terminado no tuvieron el rendimiento que esperaban, por lo que este nuevo semestre significa nuevas metas y experiencias, la oportunidad de mejorar las calificaciones y con ellas el Cum.

Otros, que cursarán quizá el noveno o décimo ciclo, que estudian y trabajan, el regreso a clases significa más compromiso y responsabilidad, porque exige mucho esfuerzo estudiar y trabajar. Pero además, ya comen ansias por egresar. El estudio llega a convertirse para quienes están a punto de terminar el pregrado en un verdadero hastío.

En ambos tipos de estudiante, la satisfacción de concretar un sueño a corto plazo, de saber que se está cumpliendo con las propias expectativas, y el orgullo de reconocer que son capaces de coronar una carrera profesional, es el necesario combustible para llegar a la meta y seguir.

Por eso y más decimos que regresar a las aulas universitarias emociona, pero más que emoción es un encuentro de sentimientos que termina por entusiasmar también a quienes ejercen el rol de educadores.

Deseamos con vehemencia que el nuevo ciclo que inicia en las próximas días y que en algunas instituciones ya comenzó, sea de gran provecho para quienes tienen el privilegio de estar inscritos, recordándoles que el éxito académico es producto de perseverancia, responsabilidad y mucho entusiasmo por aprender.

Como dato curioso, en El Salvador es significativamente mayor el porcentaje de mujeres que estudian en las universidades. Sin embargo, el porcentaje de salvadoreños que tienen la oportunidad de estudiar una carrera universitaria es muy bajo, pues llega apenas al 2%.

Tremendo orgullo y responsabilidad de quines están en ese privilegiado dos por ciento.

Rafael Orantes, jueves 19 de julio de 2018

LA JOYA

No hay dudas que los objetos tienen valores muy relativos y subjetivos. El oro, por ejemplo, pues ser un bien preciado para quien tiene salud y amor, no así para alguien que padece una enfermedad terminal.

La siguiente historia pone de manifiesto que lo más valioso que el ser humano posee no son sus bienes materiales, sino aquellos valores que precisamente le añaden un plus a su condición de animal racional.

Se cuenta que un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, la cual guardó en su talega. Un día se encontró con un exitoso viajero y, al abrir su talega para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. Para sorpresa del viajero, el monje se la dio sin pedirle ninguna condición.

El viajero le dio las gracias al monje y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante.

Al encontrarlo se puso muy feliz, pues había regresado para devolverle la joya.  "Después de valuar la importancia de esta joya y compararla con tu desinteresada acción de dármela, te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya, dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí de manera espontánea".

Dar no es cuestión de tener, sino de querer, tal como lo dijera la madre Teresa de Calcuta, “cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es, pues es la lógica del amor”.  

TODOS SOMOS GENTE PODEROSA

Gentepoderosa.com nació inspirada en el primer volumen de la serie Homo potens, “La maratón de mi vida”, obra que pronto verá su segunda edición y que más adelante será completada por dos libros más, siempre de orientación motivacional.

Una de las secciones cardinales de esta página web es precisamente “LUCHA POR SER FELIZ”, que semana tras semana es diseñada para dejar al menos un pequeñísimo pensamiento inspirador en nuestros visitantes, la mayoría de ellos jóvenes universitarios invitados vía Facebook.

Y es que consideramos que la juventud actual requiere de frases de aliento frente a una realidad que les resulta muy adversa. Los jóvenes salvadoreños se sienten frustrados de cara a un entorno que los engaña, nos les da oportunidad de trabajo y no les garantiza ningún tipo de seguridad.

Los adultos de hoy indudablemente les hemos fallado a nuestra juventud y por eso es razonablemente comprensible que muchos de los ciudadanos menores de 30 años busquen líderes mesiánicos que les ofrecen cambios radicales a su precaria situación social, económica y política.

Sin embargo, como dice el dicho, no todo lo que brilla es oro, o sea que esos líderes que creemos son personas extraordinarias en muchos casos son todo lo contrario, pues por dentro entrañan ideas perversas y engañosas.

Volviendo al libro “La maratón de mi vida”, en uno de sus apartados se recomienda vacunarse contra el virus de la mediocridad que es actualmente una perniciosa pandemia.

“La mediocridad, como lo indica el vocablo, está relacionada con hacer las cosas a medias. La mediocridad es una actitud que nos detiene en el camino hacia la excelencia. La mediocridad es hacer ensayos a medias. Es no intentar atravesar ese puente complicado por temor a caernos. Mediocridad es no entrenar constantemente nuestro cuerpo porque nos vemos bastante bien. Si fuera factible, el mediocre engendraría medio hijo y creería en medio Dios”.

Más adelante se citan palabras del escritor cubano José Ingenieros, quien tipifica a la mediocridad como “una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Esta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades”. Luego agrega como contraparte: “Vivir es aprender, para ignorar menos; es amar, para vincularnos a una parte mayor de humanidad; es admirar, para compartir las excelencias de la naturaleza y de los hombres; es un esfuerzo por mejorarse, un incesante afán de elevación hacia ideales definidos”.

Deseamos vehemente que nuestra juventud y en especial los lectores de Gentepoderosa.com se liberen de los grilletes de cualquier atisbo de mediocridad. El Salvador merecen jóvenes comprometidos con la excelencia, que hagan de la búsqueda de la perfección su visión de vida y que su misión esté inspirada en cambiar la injusticia, inequidad y podredumbre política y empresarial de nuestro querido país.

Rafael Orantes

LLENA LA BOTELLA

Cuentan que un hombre estaba perdido en el desierto, a punto de morir de sed, cuando  llegó a una casa vieja, una cabaña que se desmoronaba, sin ventanas, casi sin techo, muy golpeada  por el tiempo.

El hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico. Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada. Se arrastró hasta allí, agarró la manija y empezó a bombear sin parar pero no ocurrió nada.

Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. La miró, la limpió  y leyó el siguiente mensaje: “Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo” PD.: “Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.”

El hombre arrancó la rosca de la botella y, para su sorpresa, efectivamente tenía agua. ¡La botella estaba casi llena de agua! Pero de repente, el hombre se vio en un dilema: Si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, toda el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona… Pero quizá eso no iba a salir bien. ¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida? ¿Debería perder toda el agua que tenía en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas quién sabe cuándo?

Finalmente, con temor, el hombre volcó toda el agua en la bomba. Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear… Y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló. Entonces surgió un hilito de agua; después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia!

La bomba vieja y oxidada hizo salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. El hombre  llenó la botella y bebió de ella hasta hartarse. La llenó otra vez para el próximo que pasara por allí, la enroscó y agregó una pequeña nota al billete preso en ella: “¡Créeme, funciona! ¡Necesitas dar toda el agua antes de poder obtenerla otra vez!”

Una de las características comunes en casi todos los seres humanos es que solemos aferrarnos a algunas cosas. No queremos soltarlas porque pensamos que es lo único que tenemos y ponemos toda nuestra confianza y esperanza en eso.

No lo dudes, por más que estés atravesando un desierto de penas y no tengas más que una botella de agua, entrégala. No tienes que beber el agua que ha estado embotellada por un tiempo desconocido cuando puedes beber agua fresca y cristalina  sin límites.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ

TODOS TENEMOS GRIETAS

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.

Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”. El aguador, apesadumbrado, le dijo compasiva mente: "Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino."

 Así lo hizo la tinaja.

Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces "¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

VE HASTA EL FINAL

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De otra forma ni siquiera comiences. Si vas a intentarlo, ve hasta el final. Esto puede significar perder novias, esposas, parientes, trabajos y, quizá tu cordura. Ve hasta el final. Esto puede significar no comer por 3 o 4 días. Esto puede significar congelarse en el banco de un parque. Esto puede significar la cárcel. Esto puede significar burlas, escarnios, soledad…

La soledad es un regalo. Los demás son una prueba de tu insistencia, o de cuánto quieres realmente hacerlo. Y lo harás, a pesar del rechazo y de las desventajas, y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. No hay otro sentimiento como ese. Estarás a solas con los dioses y las noches se encenderán con fuego. Hazlo, hazlo, hazlo, hazlo. Hazlo hasta el final, hasta el final. Llevarás la vida directo a la perfecta carcajada. Es la única buena lucha que hay.

LAS CICATRICES DE LA OFENSA

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves".

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como la ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están dispuestos a abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.

Cuentan que un hombre estaba perdido en el desierto, a punto de morir de sed, cuando  llegó a una casa vieja, una cabaña que se desmoronaba, sin ventanas, casi sin techo, muy golpeada  por el tiempo.

El hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico. Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada. Se arrastró hasta allí, agarró la manija y empezó a bombear sin parar pero no ocurrió nada.

Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. La miró, la limpió  y leyó el siguiente mensaje: “Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo” PD.: “Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.”

El hombre arrancó la rosca de la botella y, para su sorpresa, efectivamente tenía agua. ¡La botella estaba casi llena de agua! Pero de repente, el hombre se vio en un dilema: Si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, toda el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona… Pero quizá eso no iba a salir bien. ¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida? ¿Debería perder toda el agua que tenía en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas quién sabe cuándo?

Finalmente, con temor, el hombre volcó toda el agua en la bomba. Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear… Y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló. Entonces surgió un hilito de agua; después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia!

La bomba vieja y oxidada hizo salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. El hombre  llenó la botella y bebió de ella hasta hartarse. La llenó otra vez para el próximo que pasara por allí, la enroscó y agregó una pequeña nota al billete preso en ella: “¡Créeme, funciona! ¡Necesitas dar toda el agua antes de poder obtenerla otra vez!”

Una de las características comunes en casi todos los seres humanos es que solemos aferrarnos a algunas cosas. No queremos soltarlas porque pensamos que es lo único que tenemos y ponemos toda nuestra confianza y esperanza en eso.

No lo dudes, por más que estés atravesando un desierto de penas y no tengas más que una botella de agua, entrégala. No tienes que beber el agua que ha estado embotellada por un tiempo desconocido cuando puedes beber agua fresca y cristalina  sin límites.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ

 

TODOS TENEMOS GRIETAS

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.

Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”. El aguador, apesadumbrado, le dijo compasiva mente: "Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino."

Así lo hizo la tinaja.

Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces "¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

 

VE HASTA EL FINAL

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De otra forma ni siquiera comiences. Si vas a intentarlo, ve hasta el final. Esto puede significar perder novias, esposas, parientes, trabajos y, quizá tu cordura. Ve hasta el final. Esto puede significar no comer por 3 o 4 días. Esto puede significar congelarse en el banco de un parque. Esto puede significar la cárcel. Esto puede significar burlas, escarnios, soledad…

La soledad es un regalo. Los demás son una prueba de tu insistencia, o de cuánto quieres realmente hacerlo. Y lo harás, a pesar del rechazo y de las desventajas, y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. No hay otro sentimiento como ese. Estarás a solas con los dioses y las noches se encenderán con fuego. Hazlo, hazlo, hazlo, hazlo. Hazlo hasta el final, hasta el final. Llevarás la vida directo a la perfecta carcajada. Es la única buena lucha que hay.

 

LAS CICATRICES DE LA OFENSA

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves".

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como la ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están dispuestos a abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.

EL AMOR Y LA LOCURA

En este hermoso cuento, Mario Benedetti nos relata la historia de cuando los sentimientos y cualidades de los seres humanos se reunieron para jugar al escondite. Con su inmensa fantasía y claridad, en este cuento, el escritor uruguayo nos invita a conocernos, a identificar nuestras emociones y nos cuenta la historia de la relación entre amor y la locura.

“Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos.

Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: – ¡Vamos a jugar al escondite! –.

La Intriga levantó la ceja y la Curiosidad, sin poder contenerse, le preguntó: – ¿Al escondite?  Y, ¿cómo es eso?–.

– Es un juego– explicó la Locura–  en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego– .

El Entusiasmo bailó secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse: ¿para qué? si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya). La Cobardía prefirió no arriesgarse.

– Uno, dos tres…–, comenzó a contar la Locura.

La primera en esconderse fue la Pereza. Como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino.  La Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Que si un lago cristalino para la Belleza, que si una hendida en un árbol, perfecto para la Timidez, que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad, que si una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad…y así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.

El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo, pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris).

La Pasión y el Deseo, en el centro de los volcanes.  El Olvido, se me olvidó dónde se escondió, pero eso no es lo más importante.

La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve y el Amor no había aún encontrado sitio para esconderse. Un millón contó la Locura y comenzó a buscar.

La primera a la que encontró fue la Pereza, a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.  

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris (mentira, en el fondo del mar). Encontró hasta el Olvido, que ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.

Sólo el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, y en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y pensó: –El Amor, siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas.–  Y tomando una horquilla comenzó a mover las ramas, cuando de pronto se escuchó un doloroso grito: las espinas habían herido los ojos del Amor, y la Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, rogó, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, el Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña.

 

LOS DOS HALCONES

Cuenta la historia que un rey de un país muy lejano recibió como obsequio en su cumpleaños a dos pichones de halcón, los cuales entregó al maestro real de caza para que los entrenara y los hiciera competitivos.

Pasados unos meses el instructor real le comunicó que uno de los halcones estaba perfectamente educado, había aprendido a volar y a cazar a la perfección,  pero que no sabía qué le sucedía al otro halcón: no se había movido de una rama desde el día de su llegada a palacio e incluso había que llevarle el alimento hasta allí y dárselo en el pico.

El rey mandó llamar a curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie consiguió hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a varios miembros de la corte, pero a pesar de los intentos nada cambió; por la ventana de sus habitaciones el monarca veía que el pájaro continuaba inmóvil. Publicó por fin un llamamiento entre sus súbditos solicitando ayuda, y  entonces, a la mañana siguiente vio al halcón volar ágilmente por los jardines.

-Traed  al autor de este milagro -dijo a su séquito. Al poco rato le presentaron a un campesino.

-¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso?

Entre feliz e intimidado, el hombrecito explicó:

-No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas y se lanzó a volar.

Cuántos de nosotros no hacemos aquellos para lo cual fuimos dotados de habilidades y destrezas, ya que por distintas razones no hemos podido descubrir nuestro potencial. Sólo quien camina sabe para qué sirven las piernas y los pies, y no importa que se caiga, pues habrá descubierto que mientras tenga sanas sus extremidades inferiores siempre que lo desee podrán levantarse y volver a caminar.

Muchos de los obstáculos que impiden nuestro progreso están únicamente dentro de nuestra mente. Son taras mentales que nos mantienen prisioneros de la mediocridad.

 

LA CASA IMPERFECTA

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el múltimo esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.
Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. "Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti".
Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!
Construimos nuestras vidas de manera distraida, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.
La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"

 

EL BURRO Y EL POZO

El burro de un campesino cayó un día en un pozo. El animal se quejó durante horas, mientras su dueño trataba de encontrar una manera de sacar al animal de allí.   

Finalmente, pensó que el burro ya estaba muy viejo y que el pozo estaba seco, por lo que no compensaba el esfuerzo de sacar de allí al animal y que el pozo necesitaba ser tapado de todas formas. 
Pidió ayuda a todos sus vecinos. Comenzaron a tirar tierra al pozo. El burro redobló sus quejidos, pero después de varias paladas de tierra el animal se aquietó.  
El campesino miró al fondo del pozo y vió sorprendido que a cada palada que los campesinos echaban, el burro se sacudía la tierra y daba un paso encima de ella. Muy pronto el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando. 

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra. El truco para salir del pozo es sacudírtela y usarla para dar un paso hacia arriba. 
Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos pozos si no nos damos por vencidos. 
Si estás en el pozo, a merced de tus deudas, crisis, falta de trabajo, pocas perspectivas de mejora, etc., abandonarse y dejarse enterrar no es la actitud más adecuada. Usa tu situación personal como acicate para salir y llegar al éxito caminando sobre cada uno de los problemas que se te presenten. 
No dejes que una situación personal te entierre, entiérrala tú a ella como lo hizo el burro, si ves de manera positiva los problemas, podrás salir de ese obscuro y húmedo pozo en el que te encuentras. 
¡Usa la tierra que te cae encima cada día para salir adelante! 

 

LA FELICIDAD ESCONDIDA

En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y LA FELICIDAD ESCONDIDA decidieron crear al hombre y a la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo: 

"Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses. Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?" 
Después de mucho pensar uno de ellos dijo:

"¡Ah! ya sé! Vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás".

Propuso el primero: "Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo"; a lo que inmediatamente respondió otro: "no, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá y la encontrará; y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está".

Otro dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra". Y le dijeron: "No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que podrá viajar a otros planetas y la descubrirán, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a Nosotros ".

El último de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo:

"Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren"; todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: "¿Dónde?"

"La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán".

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.

 

VIVIERON FELICES Y COMIERON PERDICES… UN CUENTO INACABADO

Érase una vez el final de un cuento de hadas. Todo había acabado felizmente, y el príncipe y la princesa habían llegado a casarse tras muchas aventuras. Y vivieron felices y comieron perdices.

Pero, al día siguiente, el príncipe tenía un fuerte dolor de cabeza y no le apetecía comer perdiz. Salió a pasear por los jardines mientras la princesa devoraba una perdiz tras otra. Tantas comió, que al llegar la noche sufría una gran indigestión.
Esa noche, el príncipe protestaba, pues no se sentía feliz.

- Vaya birria de cuento. No me siento para nada feliz.

- Si no eres feliz, es porque no has comido perdiz.

Y al día siguiente ambos solo comieron perdices, pero el mal humor del príncipe no desapareció, y la indigestión de la princesa empeoró.

- Vaya birria de cuento- dijo también la princesa.

El tercer día era evidente que ninguno de los dos era feliz.

- ¿Cómo puede irnos tan mal? ¿Acaso no fue todo perfecto durante el cuento?

- Es verdad. Lo tenemos todo, ¡y hasta nos hemos casado! ¿Qué más necesitamos para ser felices?

Ninguno de los dos tenía ni idea, pues se habían preparado para vivir una vida de cuento. Pero, al terminar el cuento, no sabían por dónde seguir. Decididos a reclamar una felicidad a la que tenían derecho, fueron a quejarse al escritor del cuento.

- Queremos otro final.

- Este es el mejor que tengo. No me sé ninguno mejor.

Y, tras muchas discusiones, lo único que consiguieron fue que eliminara lo de comer perdices. Seguían sin ser felices, claro, pero al menos la princesa ya no tenía indigestión.
La infeliz pareja no se resignó, y decidió visitar a las más famosas parejas de cuento. Pero ni Cenicienta, ni la Bella Durmiente, ni siquiera Blancanieves hacían otra cosa que dejar pasar tristemente los días en sus palacios. Ni una sola de aquellas legendarias parejas había sabido cómo continuar el cuento después del día de la boda.

- Nosotros probamos a bailar, bailar, y bailar durante días- contó Cenicienta- pero solo conseguimos un dolor de huesos que no se quita con nada.

- Mi príncipe me despertaba cada mañana con un ardiente beso que duraba horas- recordaba la Bella Durmiente- pero aquello llegó a ser tan aburrido que ahora paso días enteros sin dormir para que nadie venga a despertarme.

- Yo me atraganté con la manzana cien veces, y mi príncipe me salvó otras tantas, y luego nos quedábamos mirándonos profundamente- dijo Blancanieves- Ahora tengo alergia a las manzanas y miro a mi esposo para buscarle nuevos granos y verrugas.

Decepcionados, los recién casados fueron a visitar al resto de personajes de su cuento. Pero ni el gran hechicero, ni el furioso dragón, ni sus valientes caballeros quisieron hacer nada.

- Ya cumplimos con todas nuestras obligaciones, y ni siquiera tuvimos un final feliz ¿Y encima queréis que nos hagamos responsables de vuestra felicidad ahora que ha terminado el cuento? ¡Venga ya!

La joven pareja recurrió finalmente a sus leales súbditos. Tampoco funcionó porque, a pesar de que obedecieron todas y cada una de sus órdenes, los príncipes siempre habían tenido todo tipo de lujos, y seguían insatisfechos.

- Nada, tendré que encargarme de mi felicidad yo misma -decidió la princesa precisamente el día que el príncipe pensó lo mismo.

Y cada uno se fue por su lado a intentar ser feliz haciendo aquello que siempre le había gustado. Pero por emocionantes y especiales que fueran todas aquellas cosas, no era lo mismo hacerlas sin tener a su lado a su amor de cuento. Tras aceptar su fracaso por separado, volvieron a encontrarse en el palacio llenos de pena y desesperanza.

- Lo hemos intentado todo- dijo el príncipe, cabizbajo-. Ya no queda nadie más a quien pedirle que nos haga felices. Estamos atrapados en un penoso final de cuento.

- Bueno, querido, aún nos queda una cosa por probar- susurró la princesa-. Hay alguien que aún no se ha encargado de tu final feliz.

- ¿Sí? ¿Quién? ¿La bruja? ¿El león? ¿El armario? ¿Voldemort?

- Cariño, no te vayas del cuento. Me refiero a mí. Aún no me he encargado de hacerte feliz. Ni tú tampoco de mí.

Era verdad. Y no perdían nada por intentarlo.

Aunque hacer feliz al príncipe tenía lo suyo. Solía levantarse de mal humor, trabajaba algo menos que poco y era un tipo más bien guarrete. Y tampoco la princesa era perfecta, pues lo menos que se podía decir de ella es que era caprichosa y mandona, bastante cotilla y un poco pesada. Pero, a pesar de todo, se querían, y descubrieron que, al esforzarse por el otro, olvidándose de sí mismos, no necesitaban más que ver asomar la felicidad en el rostro de la persona amada para sentirse plenamente dichosos. Nunca antes habían repartido felicidad, y hacerlo con su único amor los llenaba de tanta alegría que era difícil saber quién de los dos era más feliz.

Pronto se sintieron tan dichosos repartiéndose felicidad que, a pesar del esfuerzo que les suponía, no pudieron parar en ellos mismos, y comenzaron también a preocuparse de la felicidad de sus súbditos y los demás personajes de su cuento. Hasta las legendarias princesas que no habían sabido vivir felices en su final de cuento pudieron recibir su consejo y su ayuda.

Así, habiendo descubierto el secreto de los finales felices, hicieron por fin una última visita para llevar a su amigo el escritor un regalo muy especial: un nuevo final de cuento. Y el escritor lo tomó y lo agregó a la última página, donde desde entonces puede leerse “…y, renunciando a su felicidad por la del otro, pudieron amarse y ser felices para siempre”.

HISTORIAS DE FRACASOS CONVERTIDOS EN ÉXITOS

Albert Einstein

"El genio se hace con un 1% de talento y un 99% de trabajo"

El científico más importante del siglo XX tuvo una infancia y una escolarización difícil. Sus profesores dudaban de sus capacidades académicas porqué empezó a hablar y leer muy tarde (con 4 y 7 años respectivamente). Debido a sus malas notas en asignaturas como historia o lenguaje, Einstein abandonó la escuela a los 15 años. Más tarde se supo que era diléxico.

Charles Chaplin

"Trabajar es vivir y a mí me encanta vivir"

El actor y director tenía una visión demasiado innovadora. Estudios y productores lo rechazaron en un inicio porque consideraban que su forma de actuar no se entendería. Hoy en día, películas como Tiempos Modernos y El gran dictador son consideradas piezas cinematográficas intemporales y de culto.

Henry Ford

"El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia"

Hacia 1885, tan pronto como los alemanes empezaron a lanzar al mercado los primeros automóviles, Ford se interesó por ellos y empezó a construir sus propios prototipos. Sin embargo, sus primeros intentos fracasaron. No fue hasta 1903, con el lanzamiento de Ford Motor Company, que alcanzó el éxito convirtiéndose en el fundador de una de las marcas de coches más conocidas en todo el mundo.

Walt Disney

"Piensa, cree, sueña y atrévete"

El joven Walt tampoco lo tuvo fácil en sus inicios. Apenas un año después de fundar la empresa Laugh-O-Gram Films, en 1922, ésta terminó en bancarrota. Su situación era tan complicada que incluso tuvo que vender su cámara para poder pagarse el viaje a Hollywood, la meca del cine. Allí decidió empezar de nuevo hasta fundar la que hoy se conoce como "la fábrica de los sueños".

Steve Jobs

A veces cuando innovas, cometes errores. Es mejor admitirlos rápidamente, y seguir adelante apostando por tus otras innovaciones"

Tras fracasos como Apple III o Lisa, Steve vivió una época complicada en Apple que acabó con el informático despedido de la compañía. Tras estos sucesos, Jobs se centró en Next, su proyecto posterior, que se convirtió en un pozo sin fondo para sus inversores. Aun así, Steve Jobs nunca dejó que los fracasos lo definieran y a su vuelta a Apple revolucionó el sector tecnológico con la era iPod.

SECRETO DE LA FELICIDAD

(Tomado del Tomo II de la serie Homo potens, de Rafael Orantes)

Para ser feliz lo primero es mejorar permanentemente nuestra actitud, dado que la felicidad es un acto deliberado que se puede hacer a cualquier hora y lugar, al margen de que nuestro entorno sea nuboso o estemos en medio de personas tóxicas.

Son sus pensamientos los que le proveen esa agradable sensación de felicidad. Si logra cambios en su persona el mundo cambiara con usted. Tenga en cuenta que en la vida solo usted puede manipular sus pensamientos y sentimientos. Nadie más. Sepa entonces disfrutar de los grandes placeres del mundo sin olvidar las pequeñas cosas de nuestra vida.

Leamos la siguiente historia:

Un hombre mandó a su hijo con el más sabio de los hombres, para que aprendiera el secreto de la felicidad. El pequeño joven estuvo durante 40 días en el desierto, hasta que encontró un enorme castillo, en lo alto de una montaña. En ese lugar vivía el sabio que estaba buscando.

Pero el niño no encontró exactamente lo que esperaba. Entró y vio una sala con mercaderes que entraban y salían, personas charlando y un orquesta pequeña que tocaba para los visitantes. Una mesa repleta de los más sabrosos manjares de aquella región. El sabio hablaba con todos, así que el niño tuvo que esperar 2 horas para que lo atendiera.

Cuando habló con el, escucho con cuidado el motivo de su visita, pero le dijo que en ese momento no tenía tiempo para explicarle el secreto de la felicidad. Le dijo que diera un paseo por el palacio y regresara en 2 horas.

- Pero antes de que empieces el paseo, quiero pedirte un favor -mientras le entregaba una cucharita de té, con dos gotas de aceite-. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida de que el aceite no se riegue.

El niño comenzó a subir y bajar a través del palacio, manteniendo los ojos pendientes en la cuchara. Cuando regresó pasadas las 2 horas, el sabio le preguntó cómo le había parecido el castillo. Y el niño respondió:

- No pude observar el castillo muy bien, pase las 2 horas pendiente de no regar las 2 gotas de aceite en la cuchara.

- Bueno, ahora quiero que vayas y maravilles tus ojos con las bellezas del castillo.

El niño, con más tranquilidad, recorrió el castillo de nuevo, pero está vez prestó más atención a todas las obras de arte. Vio los jardines, las montañas, las flores... Cuando regresó el sabio escucho los relatos del joven y le preguntó:

- Que bien, ¿pero dónde están las dos gotas que te confié? -el joven vio la cuchara y se dio cuenta que no estaban-. Pues éste es el consejo que puedo darte. El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin dejar a un lado las dos gotas de aceite en la cuchara.

LA FELICIDAD Y EL DINERO

Siempre se ha dicho que “el dinero no da la felicidad”, pero la ciencia acaba de desmentir lo que habíamos asumido como una verdad incuestionable. Aunque ojo, depende de en qué lo gastes conseguirás ser feliz o no. Emplear el dinero en comprar bienes materiales no nos ayudará a sentirnos más plenos y satisfechos. El truco para que el dinero nos haga felices es emplearlo en conseguir lo más preciado, tiempo para nosotros mismos.

Más bien hay que sopesar que, como en casi todo, el valor del dinero cobra trascendencia cuando llega a la medida de las necesitas actuales y próximas. Recordemos que “Nada en exceso, todo en la medida”, sabias palabras del filósofo griego Solón, el mismo que dijo “Conócete a ti mismo”.

Por ejemplo, cuando al archimillonario le da un cáncer, cientos o miles de millones de nada le sirven para curarse. Este rico cambiaría toda su fortuna por la salud con el mayor gusto del mundo. Sin embargo, quien tiene salud en abundancia hasta parece hacer cosas premeditadamente dañinas para perderla por un poco de dinero. Son contradicciones que parecen ilógicas, pero que en el fondo responden a la presión que ejerce sobre la gente los medios de comunicación y la omnipresente publicidad.

La Biblia, que pone casi 4 decenas de versículos sobre el dinero, nos dice en el Evangelio de Mateo que “más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios”.

Este versículo es una seria amenaza para quien acumula riquezas y no las usa para el bien de su prójimo. Lo buenos para los que tienen dinero en cantidades obscenas es que no creen en Dios y menos en la Biblia, así que tal vez no entren al “cielo”, pero en vida eso les tiene sin cuidado.

Sin el afán de catequizar a nadie, veamos algunos de esos versículos que hablan de la riqueza y dele cada lector una interpretación más pragmática, según su conocimiento:

El dinero mal habido pronto se acaba; quien ahorra, poco a poco se enriquece. (Proverbios 13:11).

Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. (1 Timoteo 6:9)

Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo! (Eclesiastés 5:10)

Más vale adquirir sabiduría que oro; más vale adquirir inteligencia que plata. (Proverbios 16:16) 

BIENESTAR, LA PALABRA CLAVE DE LA FELICIDAD

La sociedad no debería estimular a niños que con el pretexto de que son educados solo deben bajar la cabeza frente a una humillación; lo que necesitamos son niños contestatarios pero consecuentes y pragmáticos, que no rezonguen por caprichos, de forma dogmática o por arrebatos emocionales, sino que debatan lo que por ley y justicia se espera de ellos. Niños que no hacen corajes o se mantienen paralizados son niños enfermos, jóvenes enclenques que más adelante engrosarán las filas de los hombres y mujeres mediocres.

Los patrones lo que deben reconocer antes que puntualidad, permanencia o mansedumbre en un sitio de trabajo es productividad; que sus obreros o empleados administrativos demuestren que tienen la capacidad de lograr lo que se espera de ellos: eficiencia. Que su permanencia en el trabajo no sea valorada por la cantidad de tiempo dentro de las instalaciones o de las horas-nalga que pasan sentados en un cubículo, sino por la calidad de tiempo como factor productivo. Pero que ese esfuerzo que se traduce en productividad también sea remunerado justamente y no con salarios de hambre ni con tratos propios de capataces del Medievo.

Los gobiernos, por su lado, para pretender salir del subdesarrollo al que ellos mismos nos tienen amarrados deben favorecer la justicia social, la equidad y la participación ciudadana, en tanto los funcionarios cumplir a cabalidad y con transparencia su mandato y respetar los bienes del pueblo como un patrimonio sagrado e intocable; gastarlo únicamente para las obras que la misma colectividad requiere y por las que paga sus impuestos.

Por valoraciones mezquinas y sectoriales que favorecen únicamente a grupúsculos políticos y empresariales, corruptos y corruptores, e incluso a grupos de «pensadores» que prestan su intelecto para confundir y oprimir a los desvalidos y marginados sociales a través de los medios de comunicación masiva, en nuestros países se busca el sometimiento de la población y que los sumisos se vuelvan multiplicadores ya sea como padres, hermanos, compañeros de trabajo, vecinos e incluso amigos, restándole competitividad a nuestros países y manteniendo en perenne esclavitud económica y social a sus poblaciones.

Es comprensible que frente a esas falacias sociales de que vivimos con deficiencias porque somos muchos; que somos ignorantes porque no nos gusta leer; que somos pobres porque no tenemos recursos metalúrgicos ni petróleo o que no trabajamos porque nos gusta la vagancia, la misma colectividad ha creado medidas emergentes para solventar sus crisis personales. Existe, por ejemplo, la deserción, en el caso de aquellos gobiernos dictatoriales que mantienen subyugados a los ciudadanos; también existe la migración cuando las condiciones económicas de un país no son nada favorables; el trabajo mismo es fuente de cambio e incluso hay quienes para modificar su situación podrán hasta prostituirse, pero el hecho es que nadie está condenado a vivir una vida de penurias.

Nada ni nadie justifica continuar reproduciendo un modelo de vida que promueve la humillación, que premia el derrotismo mental. Dios dotó al ser humano de voz, del poder de la palabra no sólo para que rezongue a espaldas de sus opresores, sino para que de una manera civilizada y frontal demande sus derechos.

Tomado de la obra “LA MARATÓN DE MI VIDA”, tomo I de la serie Homo potens.

EL PECADO CAPITAL DE LA AVARICIA

La avaricia proviene del latín “avarus”, que significa “codicioso”, es el deseo y ansia excesiva por obtener riqueza. La ambición de acumular riqueza es propia de las sociedades consumistas de nuestro tiempo, que por influjo de la publicidad viven incitadas a poseer muchos bienes materiales, la mayoría de veces por el simple hecho de tenerlos y exhibirlos a los demás. Es el pecado capital llamado “avaricia” que hace miserable al hombre y ofende a quienes le rodean, pues en esa incesante acumulación de objetos la persona pierde la perspectiva de la auténtica búsqueda de bienes intangibles como la alegría, el amor, la serenidad y la propia felicidad, pisoteando a sus semejantes en su intento por proteger los objetos que ha acumulado.

No hay que confundir la avaricia con el deseo de superarse a uno mismo tanto en lo económico como en lo profesional por medio del trabajo honrado, lo que es claramente correcto. El problema recae cuando únicamente se piensa en obtener más, en lugar de concentrarse en ser mejor persona con el prójimo, dañando inclusive a quienes se atraviesan en el camino al éxito.

El propio décimo Mandamiento divulgado por Moisés se muestra en contra de la avaricia cuando expresa “No codiciarás los bienes ajenos”, dejando claro que esta sería una muestra de avaricia, siendo este uno los de siete pecados capitales.

En el nuevo año no perdamos de vista que tenemos un compromiso con nosotros mismos para superar cualquier escollo y ser mejores en todos los aspectos de la vida, incluyendo por supuesto lo material, pero que ese afán no sea la razón para volvernos avaros. La avaricia daña ciertamente a quienes rodean al avaro, pero sobre todo se daña a sí mismo y lo termina volviendo amargado.

LA MUJER A QUIEN SU ESPOSO NO HIZO FELIZ

(Tomado del tomo 2 de la serie Homo potens)

En cierta ocasión, durante una elegante recepción de bienvenida al nuevo Director de Marketing de una importante compañía londinense, algunas de las esposas de los otros directores, que querían conocer a la esposa del festejado, le preguntaron con cierto morbo:

¿Te hace feliz tu esposo?

El esposo, quien en ese momento no estaba a su lado, pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y hasta hinchó un poco el pecho, orgullosamente, pues sabía que su esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.

Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo

 -No, ¡no me hace feliz!

En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer.

El marido estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan importante para él.

Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y continuó:

- No, él no me hace feliz… Yo soy feliz. El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí.

- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de otra persona, de otra cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra, estaría en serios problemas.

- Todo lo que existe en esta vida cambia continuamente: el ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc. Y así podría decir una lista interminable…

-A través de toda mi vida, he aprendido algo: Yo decido ser feliz y lo demás son "experiencias o circunstancias", como ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar, y junto a mi esposo lo he vivido y practicado tantas veces…

- La felicidad siempre se apoyará en el verdadero perdón y en el amor así mismo y a los demás… No es responsabilidad de mi esposo hacerme feliz... Él también tiene sus “experiencias o circunstancias”, lo amo y él me ama, muy a pesar de sus circunstancias y de las mías.

DEMÓSTENES, EJEMPLO DE SUPERACIÓN

Cuando se revisa el origen y desarrollo de la oratoria moderna, un nombre aparece en primer lugar: Demóstenes, quien desde muchacho tenía un defecto de elocución en el habla, por lo cual sus contemporáneos se burlaban de él, llamándolo por el apodo de “Bátalo”, que al parecer podrían haber inventado sus pedagogos o bien sus propios compañeros de juegos.

Según Plutarco, durante el primer discurso público del joven Demóstenes la audiencia se burlaba de su problema de elocución (dificultad en pronunciar la /R/) y su extraño y correoso estilo, que estaba plagado de largas frases con argumentos formalistas hasta un extremo duro y desagradable. Según el mismo crítico, el joven Demóstenes tenía una debilidad en la voz, un habla extraña y difícil de entender y una falta de aire que, al romper y desenlazar las frases, oscurecía mucho el sentido y el significado de lo que decía.

Frente a ese problema, y quizá esto ha sido lo que lo llevó definitivamente a quedar en la Historia como uno de los mejores oradores, en lugar de renunciar a su deseo por ser un gran orador, Demóstenes llevó a cabo un estricto programa para superar esas deficiencias y mejorar su locución. Trabajó la dicción, su voz y sus gestos hasta el punto que su ahínco y su devoción se volvieron proverbiales.

Se dice que solía estudiar en una habitación subterránea que había construido él mismo. También solía hablar con piedras en la boca y recitar versos mientras corría. Para fortalecer su voz, hablaba en la orilla del mar por encima del sonido de las olas. Sin embargo, no se sabe con certeza si estos relatos son verdaderos hechos de la vida de Demóstenes o meras anécdotas utilizadas para ilustrar su perseverancia y determinación.

Algunos ciudadanos que sí se dieron cuenta de su talento le animaron diciendo que su dicción era muy parecida a la de Pericles. En otra ocasión, después de que la Ekklesía se negase a escucharle y mientras marchaba a casa habiendo sido rechazado, un actor llamado Sátiro le siguió y le entretuvo en una amistosa conversación, supuestamente motivándolo a no doblegarse frente a las burlas.

LOS BENEFICIOS DE UN ABRAZO

Después de un beso, nada mejor que un abrazo. La Real Academia de la Lengua define abrazar como “Ceñir con brazos en señal de cariño”. Sin embargo, esta definición queda demasiado corta para explicar el profundo significado psicológico de abrazar, de este gesto que puede ser pequeño y gratuito, pero repleto de sentimientos capaces de aliviar y reparar un corazón quebrado emocionalmente. 

Más allá de cualquier definición semántica, abrazar es una formidable herramienta para comunicar que no necesita mucha decodificación y que funciona en cualquier sociedad, al margen de su lengua e idiosincrasia.

Seguramente un abrazo no tiene la solución de cada problema que nos ocurre, pero su deleite recompone nuestro sufrimiento y transmite que existe alguien que nos quiere y se preocupa por nosotros.

Por eso cada abrazo acoge distintos propósitos pero siempre mantiene un lenguaje armónico entre quien lo da y quien lo recibe. De ahí que no solo es importante recibir un abrazo, sino que además hay que darlos en abundancia, pero no solo en esta época navideña donde es usual darlos para desear un nuevo año lleno de dicha, sino en cualquier momento del año y lugar.

Aunque son muchas las bondades que ofrece abrazar, mencionamos a continuación algunos de los principales beneficios:

AYUDA A ESTIMULAR UNA SANA AUTOESTIMA

DA SENSACIÓN DE SEGURIDAD Y PROTECCIÓN

DISMINUYE EL ESTRÉS

PROMUEVE SENSACIÓN DE TRANQUILIDAD

MEJORA LAS RELACIONES INTERPERSONALES TANTO EN EL PLANO AMISTOSO COMO AMOROSO

TRANSMITE ENERGÍA Y FUERZA

EL SECRETO DE LA GENTE EXITOSA

Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó:

- ¿Qué hacen ustedes aquí?

El obrero lo miró con dureza y le manifestó:

- ¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras durante ocho horas como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de ingenieros y arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos el pellejo en la obra.

El visitante prefirió alejarse de ese obrero y se acercó entonces a otro trabajador y le preguntó lo mismo.

- Aquí, como usted bien puede ver, picando piedras durante toda una jornada para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a la familia.

Un poco menos intimidado, el visitante agradeció la respuesta del obrero y se acercó a un tercer peón y una vez más le preguntó lo que estaba haciendo.

El hombre le contestó con gran entusiasmo:

- Estamos levantando un hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias, anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura.

Mismo trabajo, mismo sueldo, misma falta de reconocimiento; una misma realidad. Tres maneras distintas de vivir la misma experiencia: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío. Pero esa experiencia al final de cuentas está dentro de nosotros. El vaso con agua medio vacío o medio lleno no deja de ser un vaso con agua hasta la mitad.  Verlo medio lleno es cuestión de actitud.

Depende de usted qué hace cada mañana cuando se levanta. Obvio que tiene la elección de pasar el día lamentándose, tratando de corregir las cosas que no funcionan, o bien salir de la cama, ver en el espejo a la persona más exitosa y agradecer por las cosas que tenga y que le funcionen. Viva con ilusión, convierta su trabajo en una bendición y siéntase parte de un mundo que todavía sigue siendo hermoso.

La razón de escoger mayoritariamente la primera opción es que la influencia de incompetencia se generaliza a todas las formas taxativas tanto físicas como mentales. A quien padece el síndrome de Down le auguran que no será capaz de esto o aquello; a quien muestra alguna limitación física en sus órganos sensoriales (sordera, ceguera, minusvalía) también lo condenan a priori a una vida de restricciones.

¿Pero qué sucede con todas aquellas personas que han logrado exceder sus limitantes y viven una existencia plétora de éxitos y satisfacciones? Lo que pasa es que estas personas no escucharon a los pregoneros de malos augurios. Apagaron sus órganos receptores a voces fatalistas y confiaron que sus impedimentos físicos o mentales no serían obstáculo para sobresalir.

(Tomado del Tomo I de la serie Homo potens, “La maratón de mi vida”, Rafael Orantes)