Si bien en las mujeres los indicios de la llegada de la menopausia son claros y definidos, como por ejemplo el cese de la menstruación, en los hombres las manifestaciones no son tan claras. Ciertamente que en los dos casos se trata de una caída en los niveles de hormonas, estrógenos en la mujer y testosterona en el hombre, al segundo le es difícil un diagnóstico correcto.

A pesar de ser un gran desconocido, un 82% de los hombres pueden presentar andropausia a partir de los 50 años, un porcentaje que va en aumento.

La andropausia no es un proceso tan drástico como en la mujer, es más lento y progresivo y conforme pasan los años tiende a producirse un descenso en la producción de testosterona, hormona masculina que provoca cambios importantes en el hombre.

El inicio de la andropausia es variable y la expresividad clínica también.

Hay varones en los que baja un poco su testosterona, pero se encuentran bien, no tienen síntomas y, en cambio, hay otros que a los 50 años empiezan a experimentar un descenso de la actividad física y del deseo sexual muy exagerado para su edad.

Tienen menos fuerza y resistencia física, se cansan más de lo habitual, presentan descenso del deseo sexual… y hay que diagnosticarlo y diferenciarlo de otras enfermedades como la depresión.

Los síntomas más recurrentes son: Depresión, pérdida de masa muscula y de vello genital, dificultades sexuales, alteraciones del sueño, disminución de la libido, manos y pies fríos, irritabilidad, sudoración, estreñimiento y hormigueo en las extremidades

La vida laboral concluye, y puede aparecer la depresión post- retiro, se da también una baja en la actividad social, cambios familiares, como el abandono del hogar paterno por parte de los hijos

Si tomamos en cuenta que todo esto sucede en una etapa de la vida de cuestionamiento para los hombres, se hace difícil advertir si los síntomas anteriormente mencionados tienen que ver con el exterior o hay alguna causa física que los provoca o intensifica.

A la hora de tratar la andropausia existe coincidencia en que es necesario reponer el faltante de testosterona que puede ser administrada por vía oral, por inyecciones intramusculares o mediante la aplicación de un gel en hombros o abdomen, este último método es el que más se acerca al proceso fisiológico natural.

Antes y durante el tratamiento de remplazo hormonal es imperioso vigilar la próstata y no debe administrarse testosterona a pacientes con tumores prostáticos o agrandamiento de próstata.

Para finalizar se recomienda mantener la actividad sexual. Está comprobado que tiene un efecto beneficioso sobre la erección, ya que capacidad de erección cambia con la edad pero no desparece, ningún hombre es demasiado mayor para consultar un problema de disfunción eréctil, es fundamental no renunciar a la vida sexual

Aliviar el stress ayuda mucho por ejemplo mediante la práctica de deportes. Compartir el “problema” con la pareja, ya que puede ser parte activa en la solución del mismo, y con amigos o grupos de la misma edad que puedan estar padeciendo síntomas similares

Es muy importante cuidar la alimentación y las horas de descanso. Disminuir o evitar el consumo de cafeína y alcohol

Leopold von Sacher-Masoch (Siglo XIX)) fue un escrito austríaco reconocido en su época por sus descripciones de la vida, paisajes y costumbres de todas las regiones que formaron el Imperio Austrohúngaro.

En nuestros días su celebridad se debe ante todo al escándalo que acompañó la publicación de algunas de sus novelas, en particular de La Venus de las pieles, y a ser el apellido Masoch el inspirador de la palabra masoquismo, aparecida por primera vez en Psicopatía sexual (1886), de Krafft-Ebing, quien le otorgó este nombre a causa de las peculiares aficiones de sus personajes.

El masoquismo sexual es la participación intencional en una actividad en la cual el sujeto es humillado, golpeado y atado o es objeto de algún otro tipo de abuso para experimentar excitación sexual. El trastorno de masoquismo sexual es el masoquismo sexual que provoca malestar significativo o significativamente perjudica el funcionamiento de la persona.

El masoquismo sexual es una forma de parafilia, pero la mayoría de las personas que tienen intereses masoquistas no cumplen los criterios clínicos de un trastorno parafílico, que requieren que el comportamiento, las fantasías o los impulsos intensos de la persona provocan malestar o deterioro clínicamente significativos. La afección también debe haber estado presente durante ≥ 6 meses.

Las fantasías y la conducta sexual sadomasoquistas entre adultos que consienten su práctica es muy frecuente. La actividad masoquista tiende a ser ritual y duradera. En la mayoría de los casos, la práctica en la humillación y los golpes simplemente se representa en fantasías, sabiendo los participantes que es un juego y evitando cuidadosamente una humillación o daños reales. Sin embargo, la intensidad de la actividad aumenta con el tiempo en algunos masoquistas y pueden provocarse lesiones graves o la muerte.

Las actividades de los masoquistas pueden ser la manera preferida o exclusiva de producir la excitación sexual. Las personas pueden concretar sus fantasías masoquistas en sí mismos, por ejemplo, atándose ellos mismos, pinchando su propia piel, aplicándose descargas eléctricas o quemándose a sí mismos.

FETICHISMO

El fetichismo proviene de la palabra fetiche, que significa objeto inanimado al que se atribuye un poder mágico o superior y por esta razón se le da un aprecio desmesurado más que por su valor intrínseco.

La palabra se originó a partir del participio pasivo del verbo hacer: 'hecho'. Hacia fines del siglo xv en español la palabra 'hechizo', como 'artificio supersticioso de que se valen los hechiceros', según definía en el Diccionario español-latino (1495) de Antonio de Nebrija.  'Hechicero', palabra también formada a partir de 'hacer' ya aparecía registrada en nuestra lengua desde Calila y Dimna, un libro de cuentos anónimo traducido del árabe por iniciativa de Alfonso X. 'Hechicero' y 'hechizo' pasaron al portugués como feiticeiro y feitiço, respectivamente. Esta segunda palabra portuguesa pasó luego al francés como fetiche y más tarde al inglés como fetish para denominar objetos de hechicería africana, tales como amuletos y talismanes. Posteriormente, reingresó al castellano con este significado bajo una nueva forma: fetiche. Jugando con el carácter mágico de los fetiches, el filósofo alemán Karl Marx adoptó la palabra para referirse al "fetichismo de la mercancía", por el cual, según él, un producto manufacturado oculta las relaciones de explotación bajo las cuales fue producido. Más adelante, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, retomó la palabra fetiche para referirse a ciertos fenómenos observados en su práctica clínica, en los cuales el interés sexual de algunos pacientes aparecía desplazado hacia objetos vinculados indirectamente a su objeto sexual, tales como prendas de ropa, mechones de cabello.

A nivel de Psicología y particularmente como una de las tantas Disfunciones sexuales, fetichismo es una tendencia en las que las personas suelen ser sexualmente atraídos por alguna razón a un objeto inanimado o por una parte del cuerpo particularmente peculiar que puedan tener algunas connotaciones sexuales en sí mismo, estos objetos, generalmente tienen que ver con el cuerpo humano, son apreciados por su textura, que al tacto descargan sensaciones, son de variedad infinita y uno más extraordinario que otros, que van desde zapatos, ropa de todo tipo, joyas, cabellos (los de la zona intima juegan un papel muy importante es el fetichismo), incluso hasta animales en caso extremos.

Es una situación de sustitución que se produce entre la persona y el objeto inanimado, ser o parte del cuerpo, siendo así, la manera de estar excitado y sentir placer proviene del objeto por sus características no de la persona. Se le conoce como un tipo de trastornos que solo se suele diagnosticar en hombre, pero que en la actualidad las mujeres también se les conocen en este ámbito. Hay grados de diferencias para poder distinguir el fetichismo como lo que se podría llamar preferencias sexuales, peculiaridades y un verdadero fetichismo.

Podemos decir que si una persona sienta debilidad por determinados detalles, como por ejemplo los lunares, no se le cataloga como pervertido o fetichista. Al igual que un hombre que se excite más rápido al ver a una mujer en bragas, no se les considera tener un problema de fetichismo. En la vida diaria se puede decir que en todo se utiliza el fetichismo como moda, en las grandes publicidades del mercado se ha utilizado el sexo para vender y dar mayor auge a un producto determinado, son detalles minuciosos y de buen gusto que en algunos casos pasan desapercibido al ojo humano como en otros casos son más explícitos  a la hora de reaventarse en calidad de los productos.

En las relaciones de pareja un cambio o una variación de lo cotidiano siempre causa emoción al experimentarlo lo nuevo, como un conjunto de lencería muy atrevido con medias negras largas, el problema se produce si en la mujer o en el hombre sería la única forma de encontrar el placer o la excitación que requieren para una relación sexual placentera. Esto lleva a la inseguridad que poseen los seres humanos con su propio cuerpo, es decir, que sin algún objeto se sientan sin la posibilidad de gustar o la imposibilidad de sentir placer, convirtiéndose en un verdadero trastorno.

Las causas de esto no se conocen como tal ni están demostradas científicamente y varían en cada persona que la padece, o simplemente es una forma de vida que escogieron, pero que entre ellos podemos encontrar causas psicológicas como: traumas infantiles, violación, familias con desequilibrio comprobados, aprendizaje errónea desde la infancia, entre otros que pudieran haber influido y por ser así el tratamiento es complicado de aplicar.

BIBLIA Y SEXO 

Algunos pasajes bíblicos abordan temas escabrosos, como el incesto, la mutilación sexual, la prostitución –tanto sagrada como profana–, la masturbación y la homosexualidad. En el Antiguo Testamento hallamos numerosos episodios que giran en torno a las relaciones carnales, como el de Zipora y Moisés, el estupro de Dina o la desnudez de Noé. Es emblemático el famoso pasaje de Génesis 19 sobre Sodoma, en el cual vemos a Lot defendiendo a los ángeles del Señor, huéspedes de su casa, de un grupo de sodomitas empeñados en violarlos.
En esta situación, Lot no duda en ofrecer a sus jóvenes hijas («que todavía no han conocido hombre») para aplacar a los lascivos varones que le exigen la entrega de los ángeles. Más adelante, después de haber huido a las montañas las hijas de Lot emborrachan al padre con vino y abusan sexualmente de éste para quedarse embarazadas. De esta unión incestuosa nació la estirpe de los moabitas, a la que perteneció Ruth, una antepasada de Jesús.
Pero en el Antiguo Testamento hay muchos otros pasajes similares, como el erotismo desenfrenado del rey David, campeón de intrigas con trasfondo sexual, que llegó al extremo de enviar a la muerte a Urías, uno de los jefes de su ejército, para arrebatarle a su esposa Betsabé, después de haberla poseído en ausencia del marido. No deja de ser llamativo que del fruto de este adulterio execrable surgiera la línea davídica de la que nacería Jesús, según Mateo.
El Cantar de los cantares
Pero en el Antiguo Testamento no sólo hay escándalo. También se encuentra uno de los ejemplos más sensuales de la poesía erótica en la literatura universal: El Cantar de los Cantares. En sus versos se exalta el esplendor de Eros, la naturaleza, la belleza, la ternura... Y el perfume: «por la fragancia son embriagantes tus perfumes, aroma es tu nombre, por eso las jóvenes te aman»
Este pasaje aparece evocado en el evangelio de Juan, cuando la casa que hospedaba a Jesús «se llenó del perfume del ungüento». En el Cantar apreciamos la figura de la mujer en un contexto bíblico. Comparando los textos donde se habla del hombre, en el Antiguo Testamento destaca la escasa presencia femenina. Para el judaísmo es el hombre quien refleja la imagen de Dios. La mujer aparece relegada a un papel secundario y muy subordinado. Sin embargo, en este poema atribuido a Salomón se descubre la sensualidad femenina. La pasión que transmite el Cantar es un intenso deseo carnal, pero dotado con una «chispa divina». Estamos ante un simbolismo en el cual convergen el amor humano y el divino, que así se transforman en dos dimensiones estrechamente ligadas, como la naturaleza humana y la divina en Cristo.

Siempre del Antiguo Testamento, en Génesis encontramos la historia de Er, primogénito de Judá y hermano de Onán y Sela, quien era un malvado y por eso Dios le quitó la vida. Entonces su padre le ordenó a Onán, el siguiente y único hermano capaz de dar descendencia a su difunto hermano, pues Sela aún no había llegado a la adultez o a una edad recomendable para casarse, que conviviera con la Tamar, la viuda. Esto era de acuerdo con la costumbre de que el niño así nacido sucedería a la herencia del hermano, es decir que el hijo que nacía sería de la descendencia del difunto. Esta costumbre era conocida como "levirato" (del latín levir, "cuñado") y era una solución para la interrupción de la herencia provocada por la muerte prematura de un hombre entes de haber tenido un heredero. Esta costumbre era un acto obligatorio. Sin embargo, en el caso de Onán, cada vez que tenía relaciones sexuales con la mujer de su hermano, en lugar de eyacular dentro de ella derramaba en la tierra el semen para no dar simiente a su hermano, lo cual a los ojos de Dios fue malo y también lo mató a él.

 

De esta vivencia sexual deriva la palabra “ONANISMO”, la cual es definida por el DRAE como sinónimo de masturbación.

 

EL COMPLEJO DE ELECTRA

De acuerdo con Sigmund Freud, durante el desarrollo psicosexual femenino, una niña se une inicialmente a su madre. Pero cuando ella descubre que no tiene pene, algo que sí posee su padre, comienza a sentir resentimiento hacia su madre, que la culpa de su “castración”. Como resultado de ello, Freud creía que la niña comienza a identificarse y emular a su madre por miedo a perder el amor de su padre.

Mientras que el término complejo de Electra se asocia frecuentemente con Freud, en realidad fue Carl Jung quien acuñó el término en el año 1913. Freud rechazó el término y lo describió como un intento de “hacer hincapié en la analogía entre la actitud de los dos sexos”. El mismo Freud utilizó el término complejo de Edipo femenino para describir lo que ahora referimos como el complejo de Electra.

De acuerdo con la teoría freudiana, una parte importante del proceso de desarrollo es aprender a identificarse con el progenitor del mismo sexo. Durante las etapas de la teoría del desarrollo psicosexual de Freud, la energía libidinal se centra en diferentes zonas erógenas del cuerpo del niño.

Si algo va mal durante cualquiera de estas etapas, una fijación podría ocurrir en ese punto en el desarrollo. Según Freud, estas fijaciones a menudo conducen a la ansiedad y juegan un papel en la neurosis y los comportamientos desadaptativos de la edad adulta.

El término en sí se deriva del mito griego de Electra y su hermano Orestes,que representa la muerte de su madre por la venganza del asesinato de su padre. De acuerdo a la mitología, Electra era hija de Agamenón, quien fue asesinado por el amante de su mujer. Luego de perder a su papá, convenció a su hermano para que vengara su muerte y matara al asesino de Agamenón y a su cómplice, su mamá.

Freud hace referencia a la tendencia de una chica por la posesión de su padre, algo parecido a la actitud de Edipo en versión femenina o el también llamado complejo de Edipo negativo.

Freud y Jung fueron originalmente amigos cercanos y colegas, pero cada vez Jung se fue separando más de ciertos aspectos de las teorías de Freud. Él pensaba que Freud hacía demasiado hincapié en el papel que desempeña la sexualidad en el comportamiento humano motivador.

Para Freud toda una serie de mecanismos de defensa juegan un papel importante en la resolución del complejo de Electra. Para resolver el conflicto, los impulsos y deseos deben primero ser reprimidos de la memoria consciente. Durante la siguiente parte del proceso, se produce al fin la identificación. La niña empieza a identificarse con su madre e incorporar muchas de las mismas características de la personalidad en su ego.