La gerontofilia (del griego geron, anciano; y philie, amor) es una parafilia que consiste en la búsqueda de una pareja sexual con edad cronológica mucho mayor. Forma parte de las patologías descritas en el Manual diagnóstico de las enfermedades en sexología y se define como las actividades sexuales con personas ancianas, actos o fantasías, la cual constituye la especificidad fundamental. Es decir, cuando el varón o hembra se activa sexualmente solo y únicamente con ese administrador, en este caso, personas ancianas.

Las características físicas del (la) anciano (a): piel arrugada, flácida, calvicie, canas e incluso el olor, son atractivas para el gerontófilo, y se contemplan dos variantes: la alfamegamia, cuando la atracción es por un hombre entrado en años; y la matronolagnia, cuando es por una mujer senil. Se puede presentar en relaciones heterosexual u homosexual.

También existen muy pocos casos reportados acerca de esta patología, sin embargo, se hace referencias de que puede ocurrir en la adolescencia antes de la iniciación en el ejercicio de función sexual. Y lo más importante es la especificidad, es decir, únicamente se activa sexualmente con un anciano u anciana. Generalmente la persona se inicia en las relaciones sexuales con una persona mayor.

El Manual diagnóstico de las enfermedades en sexología, propone 35 años de diferencia como criterio mínimo entre las personas involucradas, aunque hay especialistas que consideran se debe reducir la diferencia de la edad, porque llega un momento en la vida sexual del gerontófilo que entra en el rango de aceptación de su condición y no lo ve como una enfermedad.

Entre las causas, se debe considerar que la atracción por personas mayores proviene, tal vez, del porte reconfortante de los individuos maduros. La gerontofilia puede también derivar de la inteligencia, experiencia y calma de las personas de edad, que los hace ser capaces y estar preparados para escuchar al otro. Puede estar asociada a una evitación de la intimidad con una persona de edad similar. Una figura venerable es, en general, menos amenazante que una joven. Otra causa que se le atribuye es la fijación infantil a la figura del padre (o la madre), tal como el complejo de Edipo. El cine y la literatura erótica utilizan frecuentemente el tema sexual de las relaciones entre personas mayores y jóvenes. Actualmente esta parafilia no está muy bien vista por muchos países, aunque cada vez es más aceptada, sobre todo en Canadá y en Europa.

Es importante el diagnóstico diferencial para descartar que sea una experiencia gerontofílica y de sintomatología psicótica. Para esto se debe realizar el protocolo de caso del paciente que permite evaluar el motivo de su consulta, antecedentes familiares y sociales, la historia sexual y otros. Igualmente, se debe establecer la diferencia entre gerontofilia verdadera y gerontofilia espuria, sostenida por el médico sexólogo y forense italiano, Pellegrini, para quien la primera puede ser de fascinación cuando la persona joven se siente atraída y excitada por la anciana, y de soportabilidad, cuando simplemente se acepta la situación y, de paso, se disfruta placenteramente y hasta se goza. Y la segunda (gerontofilia espuria), cuando se acompaña muchas veces de onanismo psíquico pluralista, que no es otra cosa que pensar en situaciones mejores mientras el varón o hembra cohabita con el anciano, de forma que resulte posible la excitación y la masturbación, y por consiguiente el orgasmo.

La palabra filia se deriva del griego philos, que significa amor, tendencia o simpatía. Lo anterior no evoca nada extraño, pero cuando se hace referencia a ciertas prácticas o situaciones que llevan a la excitación sexual, nos referimos a las parafilias.

El término parafilia es el rasgo que caracteriza y define la excitación sexual del sexo opuesto. Depende de una fantasía no relacionada con la mera disponibilidad de una pareja sexual que consiente las relaciones. Asimismo, es considerado un síndrome psiquiátrico con conductas estereotipadas.

Las parafilias reciben el nombre de trastornos de inclinación sexual, entre ellas: fetichismo, transvestismo, exhibicionismo, escoptofilia, paidofilia, sadomasoquismo, trastorno múltiple de la inclinación sexual y trastorno de la inclinación sexual sin especificación. Sin embargo, el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM5), mantiene el término de parafilias e incluye entre los trastornos sexuales y de la identidad sexual: exhibicionismo, fetichismo, froteurismo, pedofilia, masoquismo sexual, transvestismo fetichista y voyeurismo, definiéndose las parafilias como impulsos sexuales, fantasías, o comportamientos recurrentes e intensos que implican objetos o actividades poco habituales.

Es usual e históricamente admitido la práctica por una misma persona de varios tipos de parafilias; lo que no es frecuente es el pedido de ayuda profesional por parte de los pacientes con parafilias y es excepcional la demanda de atención voluntaria. En ocasiones son remitidos por órganos de justicia, como medida accesoria a una sanción penal por incurrir en delitos que atenten contra la moral o la salud de otras personas.

Según la mayoría de los especialistas, el origen de estas tendencias parafílicas se asocia a trastornos de la personalidad derivados de ciertas afectaciones del sistema nervioso, en las que influyen características adversas del medio social. 

La prostitución es, como suele decirse, el oficio más viejo del mundo, ese al que le sigue la política, tal y como dijo una vez Ronald Reagan, aunque ambos en algunas ocasiones puedan parecerse.

Un periodo interesante donde ambos oficios alcanzaron la mayor cuota de corrupción, rencillas y traiciones, fue durante el Imperio Romano, ahí donde los burdeles llegaron a abundar en gran cantidad, tanto en Grecia como en Roma.

El Derecho romano, por su parte, defendía a las meretrices y no las castigaba, ahora bien, eran etiquetadas como probrosae, es decir, personas que no disponían de derecho para poder casarse con ciudadanos romanos nacidos libres.

La sexualidad era algo muy exaltada en la sociedad romana, de ahí sus múltiples representaciones en murales y exquisitos mosaicos que todavía hoy en día podemos seguir contemplando. Y es que era social y legalmente aceptable que los hombres romanos tuvieran sexo, al igual que las mujeres, con prostitutas o esclavos.

Leyes como la Lex Scantinia, Lex Iulia y Lex Iulia lo permitían, mientras que otras como la Lex Scantiniacomo para la milicia romana ponían algún que otro límite, pero cualquier barrera se rompía desde el momento en que los esclavos o los llamados “bárbaros” no eran considerados personas, sino “cosas”, de ahí que podían ser utilizados de modo legal para cualquier finalidad sexual.

Tipos de prostitución durante el Imperio Romano

En primer lugar hemos de hablar de un escenario básico relacionado con la prostitución romana: el lupanar. Ubicado normalmente al final de las calles más importantes de la ciudad, los clientes accedían a estos centros que quedaban algo disimulados para los transeúntes. Por eso, en ocasiones, se dejaban algunas señales en paredes o en las calzadas para indicar la dirección del lupanar o “prostíbulo”, pequeños dibujos que se representaban en diminutos “falos” orientando la dirección adecuada.

La palabra lupanar deriva de lupae y ensalza tanto a la figura de las lobas como de las prostitutas. De aquí viene, por ejemplo, la clásica imagen de la loba amamantando a Rómulo y Remo, de la cual surgió la propia Roma a raíz de este término, que no es más que el de esa mujer que se dedica precisamente al oficio más viejo del mundo.

El lupanar disponía de dos plantas, arriba estaban los clientes más distinguidos y acaudalados en el cual se abría a su vez un balcón donde las mujeres, podían seducir a los viandantes más ricos. Por su parte, en la planta baja se reunía la prole o personas sin demasiados recursos que esperaban su turno a que las meretrices les atendieran. Normalmente en esta planta inferior se distribuían cinco habitaciones también llamadasfornices”.

Delicatae: En esta primera categoría entraban aquellas mujeres que ofrecían sus servicios a quien ellas elegían. Eran meretrices caras y distinguidas entre las que podríamos incluir perfectamente a Valeria Messalina, la famosa esposa del emperador Claudio, famosa por sus comportamientos libidinosos y escandalosos.

Copae: Mujeres que trabajan en la Caupona, es decir, una  tienda de bebida y comida donde los hombres acudían para tomar “algo rápido”.

La pala: En este término entrarían la gran mayoría de personas sometidas a la prostitución de la época. O bien porque habían sido compradas o porque se veían obligadas a mantenerse a sí mismas y a su familia, eran las meretrices que no podían elegir y que aceptaban a todo aquel que les pagara una moneda.

El leno: Figura que sigue existiendo a día de hoy. No es más que el proxeneta o persona que cobra una comisión de la prostituta y que intenta mantener el orden.

Forariae: Mujeres que se situaban a las afueras de las ciudades, en caminos alejados o calzadas de las afueras para ofrecer sus servicios

Bustuariae: Posiblemente las más curiosas de todas, las más valientes y a la vez inquietantes. Las meretrices a las que se les llamaba bustuariae, se situaban cerca de los cementerios para quedar con sus clientes.

QUE HABLEN CLARO

Se trata de un tema muy debatido que trataremos de aclarar aquí. Los hombres no se dan cuenta de nada (o de muy pocas cosas), pues no es su mayor virtud adivinar los dobles sentidos, las pistas y los gestos. Quizá por eso les encantan las mujeres que van de frente y dicen qué les pasa o piensan sin necesidad de tener que estudiar un manual de psicología e interpretación de símbolos gestuales. Un “me gustas” es mucho mejor que la estrategia de poner en el muro una canción en Facebook, por ejemplo. ¡Amamos las chicas decididas! 

QUE HAGAN LO QUE LES GUSTE HACER

Una mujer independiente vuelve locos a los varones. En especial porque algunas veces el hombre siente miedo de las mujeres que son muy independientes, ya que parece que no les hace falta nada, ni siquiera pareja; pero con la edad el hombre aprende a valorar a estas féminas; hasta se puede volver una cualidad bastante encantadora que ella haga lo que le guste cuando quiera o necesite, además de sentirse realizada y feliz, ya que eso brinda una sensación de madurez increíble (muchas veces lo que le falta a un hombre).

QUE TENGAN SEDUCCIÓN

Si te gusto, no estaría mal que me lo hicieras saber de alguna manera. Evidentemente, las chicas pueden soltar desde el primer instante de conocerse un “me gustas”, aunque de maneras sutiles. Por otro lado, el juego y el flirteo previos a todo eso es un arte que solo las chicas dominan como nadie, y que a nosotros nos vuelve locos. Vale que no lleguemos a entender algunas señales, pero vosotras sabéis cómo hacerlas evidentes para que nos demos cuenta los chicos rápidamente.

QUE SEPAN REÍR

Se podría decir que la sonrisa es la gran desconocida algunas mujeres. Muchas ocultan su risa con la mano para que no la puedan ver, cuando es algo que gusta muchísimo a los hombres. Si se ríen de una forma sincera, dejando ver su máxima naturalidad y expresividad, aunque sea una risa extraña o ruidosa, tengan por seguro que eso le encanta a un hombre.

QUE MEZCLEN MISTERIO Y SENSUALIDAD

Lo que es demasiado evidente acaba cansando, y eso es un hecho comprobado. Una mujer que sepa mantener un poco de misterio en la relación, añadiéndole un toque de sensualidad al asunto, es la kriptonita para cualquier hombre, es lo que realmente les seduce. Aunque también hay (algunos) momentos en los que les gusta que sean féminas dulces y con ganas de abrazar y dar cariño. Aunque todo, claro, en su justa medida. Para añadir un breve énfasis, nos atreveríamos a decir que también atrae a los hombres que la mujer sea algo "salvaje" de vez en cuando. Por supuesto, como en todo siempre habrá excepciones a estas reglas que hemos mencionado.