Ya llegó o pronto llegará el primer día de clases para muchos universitarios. Sí, un momento lleno de emoción, teniendo en cuenta que los recintos universitarios son una zona de compañerismo y amistades… y hasta romances, los famosos y recordados “amor de estudiante”, a quienes Roberto Jordán dedicó una de sus melodías precisamente con ese título.

Pero no todos piensan en el ambiente de camaradería que deparan los pasillos y las mismas aulas universitarias. Para algunos es un nuevo comienzo, luego de haber fracasado en su búsqueda de la excelencia, pues en el primer ciclo del 2018 ya terminado no tuvieron el rendimiento que esperaban, por lo que este nuevo semestre significa nuevas metas y experiencias, la oportunidad de mejorar las calificaciones y con ellas el Cum.

Otros, que cursarán quizá el noveno o décimo ciclo, que estudian y trabajan, el regreso a clases significa más compromiso y responsabilidad, porque exige mucho esfuerzo estudiar y trabajar. Pero además, ya comen ansias por egresar. El estudio llega a convertirse para quienes están a punto de terminar el pregrado en un verdadero hastío.

En ambos tipos de estudiante, la satisfacción de concretar un sueño a corto plazo, de saber que se está cumpliendo con las propias expectativas, y el orgullo de reconocer que son capaces de coronar una carrera profesional, es el necesario combustible para llegar a la meta y seguir.

Por eso y más decimos que regresar a las aulas universitarias emociona, pero más que emoción es un encuentro de sentimientos que termina por entusiasmar también a quienes ejercen el rol de educadores.

Deseamos con vehemencia que el nuevo ciclo que inicia en las próximas días y que en algunas instituciones ya comenzó, sea de gran provecho para quienes tienen el privilegio de estar inscritos, recordándoles que el éxito académico es producto de perseverancia, responsabilidad y mucho entusiasmo por aprender.

Como dato curioso, en El Salvador es significativamente mayor el porcentaje de mujeres que estudian en las universidades. Sin embargo, el porcentaje de salvadoreños que tienen la oportunidad de estudiar una carrera universitaria es muy bajo, pues llega apenas al 2%.

Tremendo orgullo y responsabilidad de quines están en ese privilegiado dos por ciento.

Rafael Orantes, jueves 19 de julio de 2018

No hay dudas que los objetos tienen valores muy relativos y subjetivos. El oro, por ejemplo, pues ser un bien preciado para quien tiene salud y amor, no así para alguien que padece una enfermedad terminal.

La siguiente historia pone de manifiesto que lo más valioso que el ser humano posee no son sus bienes materiales, sino aquellos valores que precisamente le añaden un plus a su condición de animal racional.

Se cuenta que un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, la cual guardó en su talega. Un día se encontró con un exitoso viajero y, al abrir su talega para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. Para sorpresa del viajero, el monje se la dio sin pedirle ninguna condición.

El viajero le dio las gracias al monje y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante.

Al encontrarlo se puso muy feliz, pues había regresado para devolverle la joya.  "Después de valuar la importancia de esta joya y compararla con tu desinteresada acción de dármela, te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya, dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí de manera espontánea".

Dar no es cuestión de tener, sino de querer, tal como lo dijera la madre Teresa de Calcuta, “cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible, pero no lo es, pues es la lógica del amor”.  

Gentepoderosa.com nació inspirada en el primer volumen de la serie Homo potens, “La maratón de mi vida”, obra que pronto verá su segunda edición y que más adelante será completada por dos libros más, siempre de orientación motivacional.

Una de las secciones cardinales de esta página web es precisamente “LUCHA POR SER FELIZ”, que semana tras semana es diseñada para dejar al menos un pequeñísimo pensamiento inspirador en nuestros visitantes, la mayoría de ellos jóvenes universitarios invitados vía Facebook.

Y es que consideramos que la juventud actual requiere de frases de aliento frente a una realidad que les resulta muy adversa. Los jóvenes salvadoreños se sienten frustrados de cara a un entorno que los engaña, nos les da oportunidad de trabajo y no les garantiza ningún tipo de seguridad.

Los adultos de hoy indudablemente les hemos fallado a nuestra juventud y por eso es razonablemente comprensible que muchos de los ciudadanos menores de 30 años busquen líderes mesiánicos que les ofrecen cambios radicales a su precaria situación social, económica y política.

Sin embargo, como dice el dicho, no todo lo que brilla es oro, o sea que esos líderes que creemos son personas extraordinarias en muchos casos son todo lo contrario, pues por dentro entrañan ideas perversas y engañosas.

Volviendo al libro “La maratón de mi vida”, en uno de sus apartados se recomienda vacunarse contra el virus de la mediocridad que es actualmente una perniciosa pandemia.

“La mediocridad, como lo indica el vocablo, está relacionada con hacer las cosas a medias. La mediocridad es una actitud que nos detiene en el camino hacia la excelencia. La mediocridad es hacer ensayos a medias. Es no intentar atravesar ese puente complicado por temor a caernos. Mediocridad es no entrenar constantemente nuestro cuerpo porque nos vemos bastante bien. Si fuera factible, el mediocre engendraría medio hijo y creería en medio Dios”.

Más adelante se citan palabras del escritor cubano José Ingenieros, quien tipifica a la mediocridad como “una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Esta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades”. Luego agrega como contraparte: “Vivir es aprender, para ignorar menos; es amar, para vincularnos a una parte mayor de humanidad; es admirar, para compartir las excelencias de la naturaleza y de los hombres; es un esfuerzo por mejorarse, un incesante afán de elevación hacia ideales definidos”.

Deseamos vehemente que nuestra juventud y en especial los lectores de Gentepoderosa.com se liberen de los grilletes de cualquier atisbo de mediocridad. El Salvador merecen jóvenes comprometidos con la excelencia, que hagan de la búsqueda de la perfección su visión de vida y que su misión esté inspirada en cambiar la injusticia, inequidad y podredumbre política y empresarial de nuestro querido país.

Rafael Orantes

Cuentan que un hombre estaba perdido en el desierto, a punto de morir de sed, cuando  llegó a una casa vieja, una cabaña que se desmoronaba, sin ventanas, casi sin techo, muy golpeada  por el tiempo.

El hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico. Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada. Se arrastró hasta allí, agarró la manija y empezó a bombear sin parar pero no ocurrió nada.

Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. La miró, la limpió  y leyó el siguiente mensaje: “Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo” PD.: “Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.”

El hombre arrancó la rosca de la botella y, para su sorpresa, efectivamente tenía agua. ¡La botella estaba casi llena de agua! Pero de repente, el hombre se vio en un dilema: Si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, toda el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona… Pero quizá eso no iba a salir bien. ¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida? ¿Debería perder toda el agua que tenía en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas quién sabe cuándo?

Finalmente, con temor, el hombre volcó toda el agua en la bomba. Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear… Y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló. Entonces surgió un hilito de agua; después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia!

La bomba vieja y oxidada hizo salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. El hombre  llenó la botella y bebió de ella hasta hartarse. La llenó otra vez para el próximo que pasara por allí, la enroscó y agregó una pequeña nota al billete preso en ella: “¡Créeme, funciona! ¡Necesitas dar toda el agua antes de poder obtenerla otra vez!”

Una de las características comunes en casi todos los seres humanos es que solemos aferrarnos a algunas cosas. No queremos soltarlas porque pensamos que es lo único que tenemos y ponemos toda nuestra confianza y esperanza en eso.

No lo dudes, por más que estés atravesando un desierto de penas y no tengas más que una botella de agua, entrégala. No tienes que beber el agua que ha estado embotellada por un tiempo desconocido cuando puedes beber agua fresca y cristalina  sin límites.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ

 

 

TODOS TENEMOS GRIETAS

 

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.

 

Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

 

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”. El aguador, apesadumbrado, le dijo compasiva mente: "Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino."

 

 Así lo hizo la tinaja.

 

Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

 

El aguador le dijo entonces "¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

 

VE HASTA EL FINAL

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De otra forma ni siquiera comiences. Si vas a intentarlo, ve hasta el final. Esto puede significar perder novias, esposas, parientes, trabajos y, quizá tu cordura. Ve hasta el final. Esto puede significar no comer por 3 o 4 días. Esto puede significar congelarse en el banco de un parque. Esto puede significar la cárcel. Esto puede significar burlas, escarnios, soledad…

La soledad es un regalo. Los demás son una prueba de tu insistencia, o de cuánto quieres realmente hacerlo. Y lo harás, a pesar del rechazo y de las desventajas, y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. No hay otro sentimiento como ese. Estarás a solas con los dioses y las noches se encenderán con fuego. Hazlo, hazlo, hazlo, hazlo. Hazlo hasta el final, hasta el final. Llevarás la vida directo a la perfecta carcajada. Es la única buena lucha que hay.

 

LAS CICATRICES DE LA OFENSA

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves".

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como la ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están dispuestos a abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.