1. No intente ser feliz todo el tiempo. La felicidad es una emoción positiva universal y, como todas las emociones básicas, es efímera. Ahora bien, cuando sienta ese gusanillo en su interior que le dice que se siente bien, dígaselo en voz alta a sí mismo: «¡Estoy bien!».

3. Intente disfrutar la preparación y la búsqueda de sus metas y objetivos. Haga como los niños, que son más felices cuando está esperando el momento de cortar el pastel que cuando lo están comiendo.

3. La felicidad es, primordialmente, la ausencia del miedo. Aparte de su imaginación todo lo que le puede generar miedo e intranquilidad. Cabe una cierta ansiedad provocada por los preparativos, pero elimine los grandes miedos de su vida, por lo menos durante una temporada.

4. Cuide los detalles y las cosas pequeñas en lugar de seguir obsesionándose por los grandes proyectos. Lo mejor que le puede ocurrir es que le echen en cara que el árbol no le deja ver el bosque. Pues muy bien, olvídese del bosque y disfrute del árbol.

5. Las investigaciones más recientes demuestran que el nivel de felicidad aumenta con la edad. Sabíamos que nunca se es más feliz que durante los nueve meses de vida fetal. Lo que acabamos de descubrir es que el segundo periodo más feliz viene con la edad. Los recuerdos son más numerosos y la consiguiente ampliación de la capacidad metafórica y de la creatividad compensa largamente los procesos de pérdida neuronal.

6. Concentre todos sus esfuerzos en disfrutar de aquello que más le guste: leer, jugar al tenis o al golf, hasta trabajar si le apetece. Todo, salvo aburrirse delante de la tele o en conversaciones sin sentido. Es importante sentir que le absorbe lo que está haciendo.

7. No desprecie a nadie. La antítesis del amor no es el odio, sino el desprecio hacia los demás. El sentimiento de desprecio implicaba la muerte en los tiempos primitivos y tendemos a subvalorar su impacto nefasto sobre nuestra vida emocional.

8. Cuide sus relaciones personales. De todos los factores externos de la felicidad — como el dinero, la salud, la educación, la pertenencia a un grupo—, el que mayor impacto tiene sobre la felicidad son las relaciones personales. Procure no malograrlas.

9. Aproveche la capacidad que tenemos de imaginar —lo único que realmente nos diferencia de los chimpancés— para pensar en cosas bellas, en lugar de en desgracias. No tiene sentido la capacidad de la mayoría de la gente para hacerse infeliz imaginando.

10. Durante el invierno no paramos de invertir en nuestro futuro o en el de los seres queridos. No nos queda tiempo para gastar en nuestro propio mantenimiento. Hay un exceso de inversión y un déficit de mantenimiento. Aproveche las vacaciones y el tiempo libre para invertir menos y colmar el déficit de mantenimiento de uno mismo.

 

Un científico se trasladaba de viaje en un tren de la capital a una pequeña ciudad. En el compartimento se encontraba una segunda persona, pastor de ovejas que iba a visitar a su abuela enferma. El científico aburrido le comenta al pastor: Buen hombre, este viaje se me está haciendo un poco aburrido. ¿Querría usted participar en un juego de apuestas?

Usted dirá – le dice el pastor.

Yo le hago una pregunta, y si usted no la responde me da un peso. Luego usted hace lo propio, y si yo no la respondo le doy el correspondiente peso. ¿Le parece?

El pastor le contesta: Mire, soy una persona de pueblo y no muy culta y usted se le ve que es una persona inteligente y de ciudad. Estaría en desventaja.

El científico le dice: Está bien haremos otra cosa. Yo le hago una pregunta, y si usted no la responde me da cinco pesos. Luego usted hace lo propio, y si yo no la respondo le doy 25 pesos. ¿Le parece?

Eso está mejor- dice el pastor.

Comienza el científico: ¿Cuál es la combinación química del acero compuesto? El pastor rápidamente mete la mano en su bolsillo y le entrega los cinco pesos.

Turno del pastor: ¿Cuál es el animal que camina con tres patas, pero que corre con dos? Tras unos minutos de larga espera y pensar el científico, se saca las 25 pesos y se las da al pastor.

El científico pregunta: ¿Y cuál es dichoso animalito? El pastor introduce su mano en el bolsillo y le da los cinco pesos.

 

Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:
– Puedo hacerte tres preguntas?
– No acostumbro dar este precedente a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar.
– ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
– No.
– ¿Yo te hice algún mal?
– No.

– Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
– Porque no soporto verte brillar.

Érase una vez en una granja un ratón escondido en un agujero en la pared. Un día, mientras se asomaba hacia la cocina, vio como el granjero y su esposa organizaban los artículos que acababan de comprar. El ratón enseguida se dio cuenta de que algo iba mal. Habían comprado una trampa para ratones.

Asustado, se volvió a meter en su escondite y de allí corrió a toda velocidad a avisar a los animales de la granja. Pero le recibieron con indiferencia. “Han comprado una trampa para ratones”, le contó a la gallina. El ave se rió. “Lo siento por ti, amigo ratón, pero a mi eso no me preocupa”. Entonces el roedor acudió al cerdo. “Tienen una trampa para ratones”. Y el cerdo le dijo: “tienes mala suerte, rezaré para que no te pase nada”, pero tampoco le hizo más caso. El ratón fue entonces a ver a la vaca, y esa tampoco se inmutó por la noticia: “pequeño ratón, soy una vaca, no tengo nada que temer de una trampa para ratones”.

El diminuto roedor se fue triste de vuelta hacia su escondrijo, determinado a enfrentarse solo a los peligros de la máquina infernal. Durante la noche el ruido característico del resorte de una trampa rompió el silencio. La mujer del granjero se levantó inmediatamente para comprobar cual había sido la presa. Pero con las prisas, no tuvo cuidado y no se dio cuenta que lo que la trampa había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. El animal furioso mordió a la granjera.

El granjero llevó a su mujer rápidamente al hospital, del cual volvió con una pequeña fiebre. El hombre pensaba que el mejor remedio contra la fiebre era un buen caldo de gallina, así que cogió su hacha y fue a matar a la gallina. Pero la mujer no mejoraba. A medida que su salud iba empeorando, los amigos de la pareja se acercaron a visitarla, y para darles de comer el granjero tuvo que matar al cerdo. Finalmente la mujer murió, y tantas personas vinieron al funeral que al hombre no le quedó más remedio que sacrificar a la vaca para poder tener carne suficiente para todas.

El ratón presenció todos los acontecimientos con gran tristeza. Sus amigos no se dieron cuenta de que cuando un peligro acecha a un solo miembro del grupo, todos están en peligro.

Cualquierevento aunque no nos involucre o afecte directamente, al final puede tener incidencias en nuestra vida, porque el mundo es como una telaraña y estamos relacionados por vínculos a veces visibles, a veces invisibles. Si alguien está en peligro, todos lo estamos. La protección y ayuda mutuas son la mejor vía para revolver problemas de nuestro entorno familiar, laboral, educativo o de cualquier otra índole. Debes estar presto a auxiliar a tus clientes, a tus proveedores e incluso al competidor quien supuestamente nada tiene que ver contigo. Solo recuerda la triste historia de los vecinos del ratón de la granja o bien el adagio: hoy por ti, mañana por mí.

Un filósofo cínico vivió largo tiempo en la Corte del rey Pirro, que era un conquistador, una especie de Alejandro de los persas, quien estaba constantemente haciendo planes de invasión y de conquista.
Un día llegó donde el filósofo, quién se encontraba tumbado a la sombra de un árbol en el jardín del palacio, y le dijo
-“He hecho un plan y mañana mismo salgo con mi ejército. Vamos a cruzar el estrecho y a conquistar toda Grecia, todo el Peloponeso”.
A lo cual respondió el filósofo:

-“Muy bien. ¿y después qué…?”.
-“Después continuaremos adelante, hacia Italia”, respondió Pirro.
-«¿Y después?”, interrogó nuevamente su interlocutor.
-“Pues seguiremos y procuraremos llegar hasta el final del mundo”.
-“Bueno, muy bien, ¿y después?”.
– “Bueno, ya después habré conquistado todo el mundo”.
“¿Y entonces qué?”, volvió a preguntar el filósofo.
Y dijo Pirro:

-“Entonces podré descansar”.
Ante lo cual el filósofo concluyó.

-“Bueno, si de lo que se trata es de descansar, por qué no te sientas aquí conmigo bajo este árbol y empezamos directamente, sin tantas complicaciones”.

 

Una historia de ayuda desinteresada con un final inesperado... Empezó con el auxilio a una señora de edad avanzada en una noche de lluvia...

Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer de edad avanzada estaba parada en el acotamiento de una autopista, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran.

Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche.

Un joven se detuvo a ayudarla, a pesar de la fuerte lluvia.

El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada, así que anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue.

Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante de 65 pulgadas a color le fue entregado en su casa. Tenía una nota especial adjunta al paquete. Esta decía:

"Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no solo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció Usted. Gracias a Usted pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. DIOS lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.

Sinceramente, la Sra. Fernández"

Esta es la historia de un niño que estuvo dispuesto a donarlo todo por salvar la vida de quien amaba.

Hace muchos años, cuando un médico trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford conoció a una niñita llamada Liz, quién sufría de una extraña enfermedad.

Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quién había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatir la enfermedad.

El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a darle su sangre a su hermana.

Por un momento, lo vio dudar antes de tomar un gran suspiro y decir; Si, lo haré, si eso salva a Liz.

Mientras la transfusión continuaba, el estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras los médicos lo asistían a él y a su hermana, veía retomar el color a las mejillas de la niña.

Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. El miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: ¿A qué hora empezaré a morirme?

Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana...pero el verdadero mensaje de esta historia es que, aun pensando que moriría por dar toda su sangre a su hermana, nunca dudo en ayudarla.

Existen individuos que darían la mitad de su vida para lograr lo que otros han conseguido en un par de años. Hay también personas que sacrificaron más de media vida para alcanzar sus sueños en la vida y cosechan sus éxitos en el ocaso de sus vidas. Leamos la siguiente historia que tiene que ver con anhelos y abnegaciones.

La sala de conciertos estaba completa; es más, se observaban en la parte de atrás algunos asistentes de pie, urgiendo la presencia del artista; los boletos se habían agotado un mes antes de su presentación; uno de los mejores pianistas del mundo era el protagonista de tan grande expectación.

A la hora en punto de iniciar, apareció en el escenario. La ovación no se dejó esperar, se hizo un profundo silencio, y sin más se escucharon las primeras notas de la Polonesa de Chopin.

Conforme iba avanzando en su magistral ejecución vimos la transformación del artista; la pasión iba creciendo, su rostro manifestaba una profunda concentración que se reflejaba en cada nota con una emoción que más pareciera estar tocando con el corazón que con las manos.

El sudor cubrió su frente, su cabellera se fundía con el ritmo de su música. El éxtasis en la parte alta de su concierto no era exclusividad del artista, los asistentes estaban paralizados y en sus rostros se reflejaban las pasiones que el músico les transmitía.

Con el violento movimiento final se cerró la magistral ejecución; los aplausos fueron desbordantes, el público de pie lanzaba gritos de júbilo y de felicitación. El artista tuvo que volver al escenario en cinco ocasiones más para recibir el tributo de sus admiradores.

Ya una vez en su camerino, los más importantes personajes de la ciudad tuvieron el privilegio de saludarlo personalmente, y entre ellos, se encontraba una distinguida dama que hizo el siguiente comentario:

— Maestro, ha tocado en forma por demás magistral, yo daría la mitad de mi vida por ejecutar un concierto como usted lo ha hecho hoy.

El artista humildemente le contestó:

— Yo, ya lo he hecho señora.

La admiradora agregó:

— Sé que se ha preparado durante muchos años, pero explíqueme, ¿de dónde le sale toda la fuerza que usted transmite?

El pianista respondió:

— De la pasión que siento por lo que hago. Ella es la impulsora que me hace lograr todo en plenitud. Nunca he podido ejecutar una pieza si primero no la siento y cuando logro despertar esa musa mágica dentro de mí que es la pasión, sé que toco, porque la siento en el alma. De hecho, no creo que nada grande se pueda lograr sin ella; es la fuerza que nos ha permitido tener magistrales obras de arte, iniciar grandes proyectos, es la impulsora de la creatividad, es la fuente de energía más poderosa que radica en el corazón de todos los seres humanos.

Atrevámonos a reconocer en nosotros la pasión que tenemos dentro para realizar la mejor obra de arte en nuestra vida, siendo lo que somos, teniendo lo que tenemos y aún faltándonos lo que nos falta, por la pasión podemos brillar y hacer la diferencia en nuestro hogar, en la fuente laboral, en la sociedad.

Si reconocemos esa pasión en nuestro interior podríamos hacernos diferentes y dar lo mejor siempre y no cada vez que nos sintamos alegres solamente. Ser mejor cada día no depende de nuestro estado de ánimo, depende de lo que nos creamos capaces de alcanzar aún a pesar de nuestras limitaciones. La pasión activa el deseo, el ser mejores seres humanos lo culmina nuestra decisión.

 

El águila es el ave de mayor longevidad de su especie. Llega a vivir hasta 70 años. Pero para llegar a esa edad deberá tomar una decisión sería y difícil a la mitad de su vida.

A los 40 años sus uñas están apretadas y flexibles. El águila no consigue tomar a sus presas de las cuales se alimenta, por lo tanto no tiene fuerzas para sobrevivir.

Su pico largo y puntiagudo se curva de tal modo que este llega a su pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas, ahora sus plumas son gruesas. Por lo que volar se ha convertido en algo difícil y cansado.

Entonces el águila tiene solamente dos alternativas: Morir o enfrentar su doloroso proceso de renovación que dura 150 días. Este proceso consiste en volar a lo más alto de la montaña e instalarse en un nido cerca a un paredón, donde no tenga la necesidad de volar. Ya instalada en su nuevo hogar temporal, el águila comienza a golpear su pico contra el paredón hasta conseguir arrancarlo. Después de haber sufrido este terrible dolor, esperará el crecimiento de su nuevo pico solo para poder arrancar una a una sus uñas, blandas e inservibles. Una vez que estas crecen, comenzará arrancar su plumaje viejo y pesado.

Después de cinco largos meses de dolor, hambre y transformación, sale del nido para enfrentar el famoso vuelo de renovación que le dará 30 años más de vida. Finalmente el águila es un ser renovado, que estuvo dispuesto al dolor, hambre, frio, solamente con la convicción de vivir una nueva vida.

Comparo a este legendario ser con la vida de los seres humanos. En nuestra vida muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación. Para emprender nuestro vuelo al éxito debemos estar dispuestos a pagar el precio, muchas veces este viene acompañado de dolor, hambre, desesperación y miedo. Estos motivos hacen que la mayoría no quiera emprender un cambio en su vida. Estas personas no están viviendo solo están sobreviviendo.
Debemos desprendernos de todo aquello que ya no sirve en nuestra vida, esto incluye hábitos, costumbres, pensamientos, acciones y recuerdos del pasado. Solamente libres del peso de nuestro pasado podremos aprovechar el resultado valioso que la renovación trae consigo a nuestra vida.

Un estudiante de zen se quejaba de que no podía meditar: sus pensamientos no se lo permitían. Habló de esto con su maestro, diciéndole: “Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar; cuando se van unos segundos, luego vuelven con más fuerza. No puedo meditar. No me dejan en paz”. 

El maestro le dijo que esto dependía de él mismo y que dejara de cavilar. No obstante, el estudiante seguía lamentándose de que los pensamientos no le dejaban en paz y que su mente estaba confusa. Cada vez que intentaba concentrarse, todo un tren de pensamientos y reflexiones, a usualmente inútiles y triviales, irrumpían en su cabeza…

El maestro entonces le dijo: “Bien. Aferra esa cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita”. El discípulo obedeció. Al cabo de un rato el maestro le ordenó:

-“¡Deja la cuchara!”.

El alumno así hizo y la cuchara cayó obviamente al suelo. Miró a su maestro con estupor y éste le preguntó: 

-“Entonces, ahora dime ¿quién agarraba a quién, tú a la cuchara, o la cuchara a ti?

Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar. Una de ellas dijo en voz alta: 

—No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril. Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.  La otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo: 

— ¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora. Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. ¡Horas y horas!  Y de pronto... de tanto patalear y agitar, agitar y patalear... La crema, se transformó en manteca. La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote. Desde allí, sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego. También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita sea! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:

Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

En la vida de la gente feliz hay distintos tiempos, cada uno importante según las circunstancias. Recordar es volver a vivir, dice el adagio popular. Es el tiempo vivido que se renueva cada vez que hacemos uso de nuestras experiencias y de nuestra memoria. Puede concebir emociones negativas o positivas, según lo placentero o desagradable que tengamos en nuestra mente. Recordemos vivencias positivas y tendremos pensamientos magníficos.

Para tener una idea más exacta de los alcances de la “felicidad”, vale la pena conceptualizar algunos términos que desarrollaremos en esta obra. Comenzaremos por definir qué es felicidad. El vocablo proviene del latín Felicĭtas, el cual a su vez depende de Felix (feliz). El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define como 1. f. Estado de grata satisfacción espiritual y física. 2. f. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. Mi familia es mi felicidad. 3. f. Ausencia de inconvenientes o tropiezos.

El portal Wikipedia define el término como “una emoción que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. La felicidad suele ir aparejada a una condición interna o subjetiva de satisfacción y alegría”. Sin embargo, la felicidad puede aparecer aun antes de haber alcanzado un propósito cuando sentimos el placer que nos brinda el recorrido hacia la meta. Es el disfrutar tanto de los éxitos como de los planes.

Los diccionarios filosóficos definen felicidad como “El Bien Supremo del hombre y el fin al que naturalmente todos estamos inclinados" (Aristóteles). Kant la define como "el estado de un ser racional en el mundo, al cual, en el conjunto de su existencia, le va todo según su deseo y voluntad".

Está el tiempo relativo, que nos convierte segundos en minutos u horas, o viceversa, según sea nuestra ansia de que ocurra o no ocurra algo. Para el amante ávido de ver a su amada, los minutos parecen horas. Pero para el equipo de fútbol que va perdiendo 0-1 los minutos finales parecen segundos que se escapan como agua de las manos al triple del tiempo real.

De todos los tiempos para fomentar la felicidad, el mejor y único tiempo es el PRESENTE y dar tiempo de calidad. Brindan más felicidad las pequeñas cosas con mayor frecuencia que una sola cosa excepcional. La felicidad es el carburante para el éxito y no al revés. Los padres pueden estar 24 horas en casa con sus hijos, pero separados por el abismo de la brecha generacional, por sus distintos caracteres o simplemente por los supuestos de que basta con estar en casa, pero sin proporcionarles tiempo de calidad mediante palabras estimulantes, abrazos y miradas acariciadoras.

Marzo 3

En un bosque cerca de la ciudad vivían dos vagabundos. Uno era ciego y otro cojo; durante el día entero en la ciudad competían el uno con el otro.

Pero una noche sus chozas se incendiaron porque todo el bosque ardió. El ciego podía escapar, pero no podía ver hacia donde correr, no podía ver hacia donde todavía no se había extendido el fuego. El cojo podía ver que aún existía la posibilidad de escapar, pero no podía salir corriendo – el fuego era demasiado rápido, salvaje- , así pues, lo único que podía ver con seguridad era que se acercaba el momento de la muerte.

Los dos se dieron cuenta que se necesitaban el uno al otro. El cojo tuvo una repentina claridad: “el otro hombre, el ciego, puede correr, y yo puedo ver”. Olvidaron toda su competitividad.

En estos momentos críticos en los cuales ambos se enfrentaron a la muerte, necesariamente se olvidaron de toda estúpida enemistad, crearon una gran síntesis; se pusieron de acuerdo en que el hombre ciego cargaría al cojo sobre sus hombros y así funcionarían como un solo hombre, el cojo puede ver, y el ciego puede correr. Así salvaron sus vidas. Y por salvarse naturalmente la vida, se hicieron amigos; dejaron su antagonismo.

Érase una vez en un país muy lejano un rey que era muy polémico por sus acciones.

Tomaba a los prisioneros de guerra y los llevaba hacia una enorme sala. Los prisioneros eran colocados en grandes hileras en el centro de la sala y el rey gritaba diciéndoles:

-Les voy a dar una oportunidad, miren el rincón del lado derecho de la sala.

Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos y flechas, listos para cualquier acción.

-Ahora, continuaba el rey, miren hacia el rincón del lado izquierdo.

Al hacer esto, todos los prisioneros notaban que había una horrible y grotesca puerta negra, de aspecto dantesco, cráneos humanos servían como decoración y el picaporte para abrirla era la mano de un cadáver. En verdad, algo verdaderamente horrible solo de imaginar, mucho más para ver.

El rey se colocaba en el centro de la sala y gritaba:

- Ahora escojan, ¿qué es lo que ustedes quieren? ¿Morir clavados por flechas o abrir rápidamente aquella puerta negra mientras los dejo encerrados allí? Ahora decidan, tienen libre albedrío, escojan.

Todos los prisioneros tenían el mismo comportamiento: a la hora de tomar la decisión, ellos llegaban cerca de la horrorosa puerta negra de más de cuatro metros de altura, miraban los cadáveres, la sangre humana y los esqueletos con leyendas escritas del tipo: "viva la muerte", y decidían: -"Prefiero morir atravesado por las fechas."

Uno a uno, todos actuaban de la misma forma, miraban la puerta negra y a los arqueros de la muerte y decían al rey:

- "Prefiero ser atravesado por flechas a abrir esa puerta y quedarme encerrado".

Millares optaron por lo que estaban viendo que hacían los demás: elegir la muerte por las flechas. 

Un día, la guerra terminó. Pasado el tiempo, uno de los soldados del "pelotón de flechas" estaba barriendo la enorme sala cuando apareció el rey. El soldado con toda reverencia y un poco temeroso, preguntó: - "Sabes, gran rey, yo siempre tuve una curiosidad, no se enfade con mi pregunta, pero, ¿qué es lo que hay detrás de aquella puerta negra?"

El rey respondió: Pues bien, ve y abre esa puerta negra." 

El soldado, temeroso, abrió cautelosamente la puerta y sintió un rayo puro de sol besar el suelo de la enorme sala, abrió un poco más la puerta y más luz y un delicioso aroma a verde llenaron el lugar.

El soldado notó que la puerta negra daba hacia un campo que apuntaba a un gran camino. Fue ahí que el soldado se dio cuenta de que la puerta negra llevaba hacia la libertad.

Cualquier momento puede ser bueno para repasar sobre la felicidad. Ahí algunos mandamientos para ser feliz, tomados del volumen 2 de la serie Homo potens.

1. No intente ser feliz todo el tiempo. Salvo los ---- viven riendo todobel día. La felicidad es una emoción positiva universal y,como todas las emociones básicas, es efímera. Ahora bien, cuando sienta ese gusanillo en su interior que le dice que se siente bien, dígaselo en voz alta a sí mismo: «¡Estoy bien!».

3. Intente disfrutar la preparación y la búsqueda de sus metas y objetivos. Haga como los niños, que son más felices cuando está esperando el momento de cortar el pastel que cuando lo están comiendo.

3. La felicidad es, primordialmente, la ausencia del miedo. Aparte de su imaginación, todo lo que le puede generar miedo e intranquilidad. Cabe una cierta ansiedad provocada por los preparativos, pero elimine los grandes miedos de su vida, por lo menos durante una temporada. Para perder el miedo a las cosas pequeñas hay que habérselo perdido a las cosas grandes, como la perspectiva de la muerte o la falta de trabajo.

4. Cuide los detalles y las cosas pequeñas en lugar de seguir obsesionándose por los grandes proyectos. Lo mejor que le puede ocurrir es que le echen en cara que el árbol no le deja ver el bosque. Pues muy bien, olvídese del bosque y disfrute del árbol.

5. Las investigaciones más recientes demuestran que el nivel de felicidad aumenta con la edad. Sabíamos que nunca se es más feliz que durante los nueve meses de vida fetal. Lo que acabamos de descubrir es que el segundo periodo más feliz viene con la edad. Los recuerdos son más numerosos y la consiguiente ampliación de la capacidad metafórica y de la creatividad compensa largamente los procesos de pérdida neuronal.