BIENESTAR, LA PALABRA CLAVE DE LA FELICIDAD

PARTE I

El Diccionario de la Real Academia Española define el vocablo bienestar, como: “Estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”; sin embargo, la humanidad se ha limitado a la satisfacción corporal o somática, principalmente de los sentidos del gusto, de la vista y del tacto; haciendo caso omiso que la conceptualización del Drae nos lleva a ponderar la satisfacción de las necesidades no solo de nuestro cuerpo sino también, y mucho más importante, de nuestro psiquismo (espíritu), por eso subrayamos en el concepto esa palabra.

¿Cómo satisfacer tantas necesidades? La respuesta simple e inmediata es: No existe otra palabra que dinero. Pero ¿será cierto que solo con dinero y sus translaciones (tarjetas de crédito, transferencias, cheques) nos sentiremos mejor, más acordes con la época y las exigencias sociales? La sociedad y los medios masivos han zambullido hasta lo más profundo de nuestra mente que carecer de dinero y no conseguir ciertos bienes y servicios socialmente reconocidos como un vehículo del año, un celular de última generación, un título, una pareja con los estándares de belleza de las revistas de moda, viajes o vacaciones al extranjero puede gestar en nosotros una especie de “depresión financiera” que nos lleva a una imagen negativa o incompetente de nosotros mismos.

Esta autoimagen de negación no es realmente el problema, porque la imagen de perdedor no deja de ser al final una actitud personal frente a una realidad concreta de carestía en tiempo y espacio. El problema real es caer en un bache financiero o perdedor y no saber visualizar las distintas vías para salir de ese agujero. Ciertamente el dinero positiva o negativa a las personas, pero no deja de ser un estado pasajero, ya que nadie, salvo casos patológicos o circunstancias muy específicas está condenado a ser pobre o beneficiado a ser rico perpetuamente.

Aunque suene a complot perverso, pero lo cierto es que los sistemas capitalistas de los países subdesarrollados como los nuestros han creado todo un engranaje curricular para que el grueso de la gente aprenda en el hogar y luego en la iglesia y la escuela a ser fracasado y acepte mansamente sus limitaciones. El aparato escolar premia al niño “educado”, es decir, al que se mantiene quieto y es ciegamente obediente, el que no sale a correr en el recreo, al que se sienta y permanece en su butaca. Pero olvidan que un niño que no corre, quiebra cosas y grita es que está enfermo.

El patrón reconoce como mérito al empleado que siempre llega puntual y nunca se marcha antes de la hora de salida, que no se mueve de su lugar de trabajo durante toda la jornada laboral y que siempre dice “sí”, aun comprometiendo su propia estabilidad emocional. Por otro lado, el estado es benevolente con quienes aceptan sin protestar los abusos de poder, le iniquidad e injusticia social, y se torna represivo con quienes reclaman sus derechos ciudadanos, etiquetándolos como “resentidos sociales” o “desestabilizadores”.

Rafael Orantes

Tomado de la obra “LA MARATÓN DE MI VIDA”, tomo I de la serie Homo potens.

 

 

LA FELICIDAD Y EL DINERO

 SECRETO DE LA FELICIDAD

(Tomado del Tomo II de la serie Homo potens, de Rafael Orantes)

Para ser feliz lo primero es mejorar permanentemente nuestra actitud, dado que la felicidad es un acto deliberado que se puede hacer a cualquier hora y lugar, al margen de que nuestro entorno sea nuboso o estemos en medio de personas tóxicas.

Son sus pensamientos los que le proveen esa agradable sensación de felicidad. Si logra cambios en su persona el mundo cambiara con usted. Tenga en cuenta que en la vida solo usted puede manipular sus pensamientos y sentimientos. Nadie más. Sepa entonces disfrutar de los grandes placeres del mundo sin olvidar las pequeñas cosas de nuestra vida.

Leamos la siguiente historia:

Un hombre mandó a su hijo con el más sabio de los hombres, para que aprendiera el secreto de la felicidad. El pequeño joven estuvo durante 40 días en el desierto, hasta que encontró un enorme castillo, en lo alto de una montaña. En ese lugar vivía el sabio que estaba buscando.

Pero el niño no encontró exactamente lo que esperaba. Entró y vio una sala con mercaderes que entraban y salían, personas charlando y un orquesta pequeña que tocaba para los visitantes. Una mesa repleta de los más sabrosos manjares de aquella región. El sabio hablaba con todos, así que el niño tuvo que esperar 2 horas para que lo atendiera.

Cuando habló con el, escucho con cuidado el motivo de su visita, pero le dijo que en ese momento no tenía tiempo para explicarle el secreto de la felicidad. Le dijo que diera un paseo por el palacio y regresara en 2 horas.

- Pero antes de que empieces el paseo, quiero pedirte un favor -mientras le entregaba una cucharita de té, con dos gotas de aceite-. Mientras caminas, lleva esta cucharita y cuida de que el aceite no se riegue.

El niño comenzó a subir y bajar a través del palacio, manteniendo los ojos pendientes en la cuchara. Cuando regresó pasadas las 2 horas, el sabio le preguntó cómo le había parecido el castillo. Y el niño respondió:

- No pude observar el castillo muy bien, pase las 2 horas pendiente de no regar las 2 gotas de aceite en la cuchara.

- Bueno, ahora quiero que vayas y maravilles tus ojos con las bellezas del castillo.

El niño, con más tranquilidad, recorrió el castillo de nuevo, pero está vez prestó más atención a todas las obras de arte. Vio los jardines, las montañas, las flores... Cuando regresó el sabio escucho los relatos del joven y le preguntó:

- Que bien, ¿pero dónde están las dos gotas que te confié? -el joven vio la cuchara y se dio cuenta que no estaban-. Pues éste es el consejo que puedo darte. El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin dejar a un lado las dos gotas de aceite en la cuchara.

LA FELICIDAD Y EL DINERO

Siempre se ha dicho que “el dinero no da la felicidad”, pero la ciencia acaba de desmentir lo que habíamos asumido como una verdad incuestionable. Aunque ojo, depende de en qué lo gastes conseguirás ser feliz o no. Emplear el dinero en comprar bienes materiales no nos ayudará a sentirnos más plenos y satisfechos. El truco para que el dinero nos haga felices es emplearlo en conseguir lo más preciado, tiempo para nosotros mismos.

Más bien hay que sopesar que, como en casi todo, el valor del dinero cobra trascendencia cuando llega a la medida de las necesitas actuales y próximas. Recordemos que “Nada en exceso, todo en la medida”, sabias palabras del filósofo griego Solón, el mismo que dijo “Conócete a ti mismo”.

Por ejemplo, cuando al archimillonario le da un cáncer, cientos o miles de millones de nada le sirven para curarse. Este rico cambiaría toda su fortuna por la salud con el mayor gusto del mundo. Sin embargo, quien tiene salud en abundancia hasta parece hacer cosas premeditadamente dañinas para perderla por un poco de dinero. Son contradicciones que parecen ilógicas, pero que en el fondo responden a la presión que ejerce sobre la gente los medios de comunicación y la omnipresente publicidad.

La Biblia, que pone casi 4 decenas de versículos sobre el dinero, nos dice en el Evangelio de Mateo que “más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios”.

Este versículo es una seria amenaza para quien acumula riquezas y no las usa para el bien de su prójimo. Lo buenos para los que tienen dinero en cantidades obscenas es que no creen en Dios y menos en la Biblia, así que tal vez no entren al “cielo”, pero en vida eso les tiene sin cuidado.

Sin el afán de catequizar a nadie, veamos algunos de esos versículos que hablan de la riqueza y dele cada lector una interpretación más pragmática, según su conocimiento:

El dinero mal habido pronto se acaba; quien ahorra, poco a poco se enriquece. (Proverbios 13:11).

Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. (1 Timoteo 6:9)

Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo! (Eclesiastés 5:10)

Más vale adquirir sabiduría que oro; más vale adquirir inteligencia que plata. (Proverbios 16:16) 

ENTREGAS ANTERIORES

EL PECADO CAPITAL DE LA AVARICIA

La avaricia proviene del latín “avarus”, que significa “codicioso”, es el deseo y ansia excesiva por obtener riqueza. La ambición de acumular riqueza es propia de las sociedades consumistas de nuestro tiempo, que por influjo de la publicidad viven incitadas a poseer muchos bienes materiales, la mayoría de veces por el simple hecho de tenerlos y exhibirlos a los demás. Es el pecado capital llamado “avaricia” que hace miserable al hombre y ofende a quienes le rodean, pues en esa incesante acumulación de objetos la persona pierde la perspectiva de la auténtica búsqueda de bienes intangibles como la alegría, el amor, la serenidad y la propia felicidad, pisoteando a sus semejantes en su intento por proteger los objetos que ha acumulado.

No hay que confundir la avaricia con el deseo de superarse a uno mismo tanto en lo económico como en lo profesional por medio del trabajo honrado, lo que es claramente correcto. El problema recae cuando únicamente se piensa en obtener más, en lugar de concentrarse en ser mejor persona con el prójimo, dañando inclusive a quienes se atraviesan en el camino al éxito.

El propio décimo Mandamiento divulgado por Moisés se muestra en contra de la avaricia cuando expresa “No codiciarás los bienes ajenos”, dejando claro que esta sería una muestra de avaricia, siendo este uno los de siete pecados capitales.

En el nuevo año no perdamos de vista que tenemos un compromiso con nosotros mismos para superar cualquier escollo y ser mejores en todos los aspectos de la vida, incluyendo por supuesto lo material, pero que ese afán no sea la razón para volvernos avaros. La avaricia daña ciertamente a quienes rodean al avaro, pero sobre todo se daña a sí mismo y lo termina volviendo amargado.

 

LA MUJER A QUIEN SU ESPOSO NO HIZO FELIZ

(Tomado del tomo 2 de la serie Homo potens)

En cierta ocasión, durante una elegante recepción de bienvenida al nuevo Director de Marketing de una importante compañía londinense, algunas de las esposas de los otros directores, que querían conocer a la esposa del festejado, le preguntaron con cierto morbo:

¿Te hace feliz tu esposo?

El esposo, quien en ese momento no estaba a su lado, pero sí lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y hasta hinchó un poco el pecho, orgullosamente, pues sabía que su esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.

Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo

 -No, ¡no me hace feliz!

En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer.

El marido estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan importante para él.

Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y continuó:

- No, él no me hace feliz… Yo soy feliz. El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí.

- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de otra persona, de otra cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra, estaría en serios problemas.

- Todo lo que existe en esta vida cambia continuamente: el ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc. Y así podría decir una lista interminable…

-A través de toda mi vida, he aprendido algo: Yo decido ser feliz y lo demás son "experiencias o circunstancias", como ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar, y junto a mi esposo lo he vivido y practicado tantas veces…

- La felicidad siempre se apoyará en el verdadero perdón y en el amor así mismo y a los demás… No es responsabilidad de mi esposo hacerme feliz... Él también tiene sus “experiencias o circunstancias”, lo amo y él me ama, muy a pesar de sus circunstancias y de las mías.

 

 

DEMÓSTENES, EJEMPLO DE SUPERACIÓN

Cuando se revisa el origen y desarrollo de la oratoria moderna, un nombre aparece en primer lugar: Demóstenes, quien desde muchacho tenía un defecto de elocución en el habla, por lo cual sus contemporáneos se burlaban de él, llamándolo por el apodo de “Bátalo”, que al parecer podrían haber inventado sus pedagogos o bien sus propios compañeros de juegos.

Según Plutarco, durante el primer discurso público del joven Demóstenes la audiencia se burlaba de su problema de elocución (dificultad en pronunciar la /R/) y su extraño y correoso estilo, que estaba plagado de largas frases con argumentos formalistas hasta un extremo duro y desagradable. Según el mismo crítico, el joven Demóstenes tenía una debilidad en la voz, un habla extraña y difícil de entender y una falta de aire que, al romper y desenlazar las frases, oscurecía mucho el sentido y el significado de lo que decía.

Frente a ese problema, y quizá esto ha sido lo que lo llevó definitivamente a quedar en la Historia como uno de los mejores oradores, en lugar de renunciar a su deseo por ser un gran orador, Demóstenes llevó a cabo un estricto programa para superar esas deficiencias y mejorar su locución. Trabajó la dicción, su voz y sus gestos hasta el punto que su ahínco y su devoción se volvieron proverbiales.

Se dice que solía estudiar en una habitación subterránea que había construido él mismo. También solía hablar con piedras en la boca y recitar versos mientras corría. Para fortalecer su voz, hablaba en la orilla del mar por encima del sonido de las olas. Sin embargo, no se sabe con certeza si estos relatos son verdaderos hechos de la vida de Demóstenes o meras anécdotas utilizadas para ilustrar su perseverancia y determinación.

Algunos ciudadanos que sí se dieron cuenta de su talento le animaron diciendo que su dicción era muy parecida a la de Pericles. En otra ocasión, después de que la Ekklesía se negase a escucharle y mientras marchaba a casa habiendo sido rechazado, un actor llamado Sátiro le siguió y le entretuvo en una amistosa conversación, supuestamente motivándolo a no doblegarse frente a las burlas.

LOS BENEFICIOS DE UN ABRAZO

Después de un beso, nada mejor que un abrazo. La Real Academia de la Lengua define abrazar como “Ceñir con brazos en señal de cariño”. Sin embargo, esta definición queda demasiado corta para explicar el profundo significado psicológico de abrazar, de este gesto que puede ser pequeño y gratuito, pero repleto de sentimientos capaces de aliviar y reparar un corazón quebrado emocionalmente. 

Más allá de cualquier definición semántica, abrazar es una formidable herramienta para comunicar que no necesita mucha decodificación y que funciona en cualquier sociedad, al margen de su lengua e idiosincrasia.

Seguramente un abrazo no tiene la solución de cada problema que nos ocurre, pero su deleite recompone nuestro sufrimiento y transmite que existe alguien que nos quiere y se preocupa por nosotros.

Por eso cada abrazo acoge distintos propósitos pero siempre mantiene un lenguaje armónico entre quien lo da y quien lo recibe. De ahí que no solo es importante recibir un abrazo, sino que además hay que darlos en abundancia, pero no solo en esta época navideña donde es usual darlos para desear un nuevo año lleno de dicha, sino en cualquier momento del año y lugar.

Aunque son muchas las bondades que ofrece abrazar, mencionamos a continuación algunos de los principales beneficios:

AYUDA A ESTIMULAR UNA SANA AUTOESTIMA

DA SENSACIÓN DE SEGURIDAD Y PROTECCIÓN

DISMINUYE EL ESTRÉS

PROMUEVE SENSACIÓN DE TRANQUILIDAD

MEJORA LAS RELACIONES INTERPERSONALES TANTO EN EL PLANO AMISTOSO COMO AMOROSO

TRANSMITE ENERGÍA Y FUERZA

 

 

EL SECRETO DE LA GENTE EXITOSA

Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó:

- ¿Qué hacen ustedes aquí?

El obrero lo miró con dureza y le manifestó:

- ¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras durante ocho horas como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de ingenieros y arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos el pellejo en la obra.

El visitante prefirió alejarse de ese obrero y se acercó entonces a otro trabajador y le preguntó lo mismo.

- Aquí, como usted bien puede ver, picando piedras durante toda una jornada para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a la familia.

Un poco menos intimidado, el visitante agradeció la respuesta del obrero y se acercó a un tercer peón y una vez más le preguntó lo que estaba haciendo.

El hombre le contestó con gran entusiasmo:

- Estamos levantando un hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias, anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura.

Mismo trabajo, mismo sueldo, misma falta de reconocimiento; una misma realidad. Tres maneras distintas de vivir la misma experiencia: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío. Pero esa experiencia al final de cuentas está dentro de nosotros. El vaso con agua medio vacío o medio lleno no deja de ser un vaso con agua hasta la mitad.  Verlo medio lleno es cuestión de actitud.

Depende de usted qué hace cada mañana cuando se levanta. Obvio que tiene la elección de pasar el día lamentándose, tratando de corregir las cosas que no funcionan, o bien salir de la cama, ver en el espejo a la persona más exitosa y agradecer por las cosas que tenga y que le funcionen. Viva con ilusión, convierta su trabajo en una bendición y siéntase parte de un mundo que todavía sigue siendo hermoso.

La razón de escoger mayoritariamente la primera opción es que la influencia de incompetencia se generaliza a todas las formas taxativas tanto físicas como mentales. A quien padece el síndrome de Down le auguran que no será capaz de esto o aquello; a quien muestra alguna limitación física en sus órganos sensoriales (sordera, ceguera, minusvalía) también lo condenan a priori a una vida de restricciones.

¿Pero qué sucede con todas aquellas personas que han logrado exceder sus limitantes y viven una existencia plétora de éxitos y satisfacciones? Lo que pasa es que estas personas no escucharon a los pregoneros de malos augurios. Apagaron sus órganos receptores a voces fatalistas y confiaron que sus impedimentos físicos o mentales no serían obstáculo para sobresalir.

(Tomado del Tomo I de la serie Homo potens, “La maratón de mi vida”, Rafael Orantes)