Ante la perspectiva de agotamiento, más tarde o más temprano, de las reservas de petróleo en el subsuelo del planeta y la necesidad de una fuente de energía que emplee un combustible renovable, muchos científicos, empresas y gobiernos han impulsado el desarrollo de diversas fuentes alternativas: la energía de los vientos o eólica, la de las mareas, el aprovechamiento de la energía solar o el empleo de combustibles de origen vegetal. Pero en todos los casos se trata de energías caras, insuficientes o que generan nuevos problemas, como está ocurriendo con los precios de los alimentos debido al uso de grandes extensiones de tierra para producir alcohol de maíz o de caña de azúcar.

Algunos investigadores pensaron en desarrollar una fuente de energía semejante a la que se produce en el Sol, donde las altísimas temperaturas y presiones permiten la fusión de átomos de hidrógeno para formar helio, liberando grandes cantidades de energía. Para lograr esa fusión en la Tierra en forma controlada se pensó en una cámara de forma toroidal (semejante a un salvavidas) en el interior de la cual un gran caudal de ondas electromagnéticas permita que átomos de hidrógeno circulen a grandes velocidades, elevando la temperatura a niveles semejantes a los del Sol. Es la idea de los grandes aceleradores de partículas, con los que hasta ahora no se ha logrado resolver el problema de la estabilidad de las reacciones.

En los experimentos de este tipo desarrollados en Rusia, se designó este dispositivo con el nombre tokamak, un acrónimo de las palabras rusas para "cámara toroidal axial" (toroidal kamera aksial). A pesar del origen ruso, la palabra está formada por tres vocablos grecolatinos: el latino torus, del griego toros; el latino camara, del griego kamara (bóveda), y el latino axis (eje). Actualmente existen grandes aceleradores de partículas que se emplean para estudiar el comportamiento de las partículas elementales de la materia. La palabra fue acogida en español e incluida en el Diccionario de la Academia.

Pese a que aún no está registrado en el Diccionario de la Academia Española de la Lengua (Drae), el término Nomofobia es ya ampliamente conocido, pues se refiere al miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil o cell. Quienes han estudiado esta nueva fobia sostienen que la franja de edad con mayor prevalencia es la comprendida entre los 14 y 16 años, y que las chicas presentan puntuaciones más altas que los varones.

Al producirse una esclavitud absoluta al móvil, la adicción a veces es incontrolable y lo primero que hacen los nomofóbicos al tener un móvil entre sus manos, después de un rato sin utilizarlo, es consultarlo inmediatamente.

La nomofobia afecta significativamente en las relaciones afectivas y de pareja, la comunicación familiar y matrimonial, también ejerce un efecto negativo en la concentración de actividades educativas y de oficio.

El hecho de mantener una relación a través de la pantalla hace que, a la larga, la persona no sea capaz de ser él mismo cuando está cara a cara con los demás, lo cual explica el por qué algunos conductores no son capaces de dejar de usar sus teléfonos móviles mientras manejan.

Por supuesto que las personas inseguras se benefician al estar protegidas por un teclado y al poder expresar más cosas en la realidad virtual que en la vida real.

El concepto Nomofobia viene de “no mobile phone phobia”. Los comportamientos más frecuentes que presentan los afectados son la obsesión por tener el teléfono siempre cargado y la ansiedad ante el pensamiento de no poder utilizarlo por cualquier motivo (datos, cobertura, mensajes…), evitando a toda costa situaciones en las que vaya a vivir esta circunstancia y dificultando, por tanto, el desarrollo de una vida normal.

Aunque existe una amplia literatura sobre aspectos relativos a un uso problemático de Internet, la nomofobia pone el foco en el miedo que desencadena perder acceso a la información y a la red de contactos sociales. Es necesaria, por tanto, la elaboración de estudios específicos que recojan el amplio abanico de situaciones relacionadas con la necesidad de control del individuo sobre su autonomía y conectividad.

Tal es la profundidad de este problema en la conducta, que el estudio de la Nomofobia podría en un futuro cercano situarse dentro de las fobias específicas, que, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V, por sus siglas en inglés) son el miedo excesivo e irracional a una determinada situación u objeto, como es no poder utilizar un teléfono móvil. Esta opción sería posible asumirla siempre que no pueda explicarse con síntomas de otro trastorno como la ansiedad social.

No hay duda de que la Nomofobia está conectada al estilo de vida hiperconectado, o el uso patológico de los videojuegos.

El uso del smartphone no es de por sí negativo, pero tampoco es inocuo, por lo que es necesario abordar una educación integral de las personas que las prepare para ser ciudadanos digitales. Es decir, beneficiarnos de las infinitas posibilidades que nos ofrece la tecnología.

En los últimos meses se ha puesto de moda esta palabra en El Salvador. Pues bien, déjenos contarles que una noche fría de 1929, Edwin Lowe, un vendedor de juguetes neoyorquino conducía su coche por una carretera del sur de los Estados Unidos, cansado y deprimido. Hacía pocos meses que la Gran Depresión había sacudido los cimientos de la economía norteamericana y conmovido al mundo, y se vivían días difíciles. 

Mientras buscaba un hotel donde pernoctar, Lowe advirtió una tienda colorida al borde de la carretera, con muchas luces y música, y se acercó para ver de qué se trataba. Estacionó su auto y entró.

En medio de una densa humareda de cigarros, contempló a cierto número de personas sentadas alrededor de una mesa sobre la cual cada una tenía un cartón y un montoncito de frijoles. Un sujeto, que actuaba como animador extraía bolillas numeradas de una bolsa y cantaba los números ante los circunstantes, que ponían, de vez en cuando, un frijol sobre los cartones. 

Al acercarse un poco más, Lowe observó que lo que los participantes tenían ante sí era una especie de cartón de lotería con los números del 1 al 75 alineados en cinco columnas. Al completar una línea, el jugador gritaba triunfalmente ¡beano!, del inglés bean ‘frijol’.

Entusiasmado con la novedad, y ya menos deprimido, el vendedor viajero se llevó a Nueva York la idea del juego, que ensayó con éxito con amigos y familiares. Un día, mientras estaban jugando en la casa de Lowe, uno de los participantes, emocionado por haber ganado la partida, se equivocó y, en vez de ¡beano!, gritó ¡bingo!, palabra que acabó adoptada como nombre del juego.

El vendedor siguió desarrollando la idea y terminó por encabezar cada una de las cinco líneas de números por una de las letras de la palabra bingo, que pasó a nuestra lengua con la misma grafía. Con este juego, Lowe amasó una cuantiosa fortuna y, finalizada la depresión económica, ya era un hombre muy rico. 

El narcisismo  es uno de los trastornos de la personalidad (TdeP). Y como tal no requiere de tratamiento psiquiátrico, solo psicológico. La persona narcisista, hombre o mujer, tiende a centrarse en sí mismo, es vanidoso y necesita la admiración de quienes le rodean.

Al igual que otros TdeP, los narcisista han demostrado que son por lo general personas exitosas socialmente, que no se dejan disuadir por el rechazo y que su necesidad de atención puede hacerlos encantadores y muy motivados. Si no, veamos el ejemplo de Cristiano Ronaldo.

La fuerza del narcisista está presente en la cultura popular. Los selfies en las redes sociales se han convertido en combustible para alimentar el culto a la imagen personal.

La palabra narcisismo es definida por el Drae como una manía excesiva de complacencia en la consideración de las propias facultades personales y hace de la persona un cuidador obsesivo de su arreglo personal, que se auto aprecia de atractivo y está enamorado de sí mismo. El término proviene del nombre del personaje mitológico Narciso, quien vivía admirándose en un espejo, pero tanto culto a su persona llevó a Némesis, la diosa de la venganza, a castigarlo por su engreimiento. Hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de separarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.

Edward Lorenz, el padre de la teoría del caos, consideró el tiempo atmosférico como un caso de este tipo, en la medida que nunca se podrán conocer con exactitud las condiciones iniciales. De hecho, en 1963 Lorenz estaba realizando una investigación sobre previsiones climatológicas a través de ecuaciones con ordenador y decidió repasar algunos de los datos que había obtenido. Mientras se hacía un café (esto es literal), el ordenador simuló los resultados de dos meses que en nada se parecían a los que ya tenía. ¿De dónde procedía el error? De un simple redondeo.

Para simplificar las operaciones y porque la impresora no aceptaba más de tres decimales, Lorenz decidió reducir de seis a tres los decimales de uno de los parámetros con los que calculaba las predicciones (por ejemplo: de 53,453765 kilómetros por hora, pasó a usar 53,453 kilómetros por hora). El paradigma estaba claro: una variación mínima inicial puede producir alteraciones a corto y medio plazo. Lorenz publicó las conclusiones de su descubrimiento en el Journal of the Atmospheric Sciences bajo el título «Flujo determinista no periódico» en 1963.

Lorenz fue el salto de las leyes deterministas de Newton y la aplicación de ecuaciones a las simulaciones de hoy en día. La astrofísica emplea potentes ordenadores para conocer la evolución del universo a través de simulaciones que toman en consideración diferentes elementos y patrones, pero siempre hay una incertidumbre en todos los experimentos. La consecuencia práctica del efecto mariposa, por ejemplo, es que en sistemas complejos tales como el estado del tiempo o la bolsa de valores es muy difícil predecir con seguridad, por eso hablamos de probabilidades. 

El cuerpo humano es un claro ejemplo de sistema caótico, flexible e impredecible. La medicina no puede predecir la evolución del cuerpo de determinado individuo. Sin embargo el cuerpo humano, es resistente a los cambios, mantiene una forma más o menos parecida durante más de 70 años, a pesar de que ningún átomo de los que hoy forman nuestro cuerpo era el mismo hace 7 años, y resiste a las enfermedades y condicionantes externos.

La explicación de que un sistema tan impredecible como el cuerpo humano sea tan estable es que el sistema siempre es atraído hacia un determinado modelo de conducta; si cambiamos algo en el sistema este vuelve cuanto antes hacia el atractor extraño. La conducta es impredecible pero sabemos hacia dónde va a tender. Elcaos permite al corazónun abanico de comportamientos que le permiten volver a su ritmo normal después de un cambio.

Tomemos como referencia la autoorganización de las colonias de hormigas para comprender la flexibilidad del caos. Si contamos el número de individuos activos, comprobaremos que el número fluctúa con una periodicidad de unos 25 minutos. Cada cierto tiempo ningún elemento está activo. Ese ciclo de actividad podría ser sólo un reflejo de sincronización, sin embargo la actividad individual es totalmente aperiódica, caótica. Al aumentar el número de individuos aparece un comportamiento colectivo hasta que, para cierta densidad de hormigas, comienzan a aparecer oscilaciones regulares.

El ejemplo de las hormigas se puede comparar con una red neuronal fluida en la Inteligencia Artificial (IA). La fluidez en un sistema caótico se manifiesta cuando las conexiones entre elementos cambian con el tiempo como consecuencia del movimiento al azar o por otras causas.

A partir de esta semana y durante tres entregas presentaremos el origen etimológico de los días de la semana y el nombre de los meses, porque todos hablamos de lunes, martes… enero, febrero… pero desconocemos la razón del porqué se llaman así.

Hoy continuamos con la tercera y última entrega:

ETIMOLOGÍA DE LOS DÍAS Y MESES 

 

ETIMOLOGÍA DE LOS DÍAS Y MESES –Parte finaI-
VIERNES: del latín "veneris dies", día de Venus. Antes de la fundación de Roma, Venus era venerada como la diosa protectora de los huertos, pero a partir del siglo II antes de Cristo fue asimilada a la diosa griega Afrodita. Diosa del amor. Tiene un planeta dedicado a ella.

 

Mientras los días de la semana laboral están inspirados en planetas, las palabras para designar el “sábado” y “domingo”, en español no fueron adoptadas utilizando el modelo de denominación romano. 

 

Sábado viene de la palabra de origen hebreo, que se refiere al "Sabbat", haciendo referencia al día de descanso (en la tradición judía y cristiana, Dios descansó el séptimo día de su creación).

 

Domingo tiene su origen en una palabra latina"dominicus dies", que significa “el día del señor”. No es ninguna coincidencia que el domingo tenga una relación con el sol y con Jesús. El emperador romano Constantino adoraba a Mitra (dios del Sol), pero un día tuvo un sueño en el que vio una cruz dentro de un sol con la inscripción "vence con esto". Fue así que se declaró cristiano y dedicó el domingo como "el día del señor". También prohibió hacer trabajos manuales ese día. Para los cristianos es tradicionalmente el séptimo día de la semana, aunque en realidad es el primero porque se consagra una nueva semana a Jesucristo que resucitó después del "sabbath".

 

Agosto: Si Julio es así por César, Agosto lo es por Octaviano Augusto, su heredero y conocido como el primer emperador de Roma, el Princeps. Quiso el azar que Augusto naciera en el mes Sextilis, el sexto; pero fue el Senado, quien a su muerte, lo honró cambiando el nombre del mes de su natalicio por el suyo propio.

 

Septiembre: ¿Por qué septiembre, que remonta a séptimo, es nuestro noveno mes? Pues como ya se ha dicho porque antes el año comenzaba en Marzo y por eso toda la serie desde septiembre a diciembre tienen el nombre “desviado” dos unidades respecto al calendario moderno.

 

Octubre: era el octavo, de donde toma su nombre.

 

Noviembre: el primitivo noveno mes.

 

Diciembre: Cerraba el año el décimo mes pero al añadir enero y febrero al principio, pues ya sabemos, todos se movieron dos posiciones.

MIÉRCOLES: del latín "mercuri dies", día de Mercurio. Era el dios del comercio y el de los viajeros, por ese motivo sus templos se edificaban a la entrada de los pueblos. Hay también un planeta dedicado a él.

JUEVES: del latín "jovis dies", día de Júpiter. En la mitología romana es el dios asimilado a Zeus. El dios del cielo, de la luz del día, del tiempo atmosférico. También tiene un planeta bajo su nombre.

Abril: Es un mes de etimología dudosa. En latín se llama a este mes aprilis y hay quienes lo hacen derivar del verbo aprire (“abrir”) porque en estas fechas las flores abren con la llegada de la primavera. Estudiosos posteriores lo relacionan con el término etrusco apru- que quieren relacionarlo con el nombre de la diosa Afrodita (Afro – apru). Es verdad que era un mes consagrado a Venus, la Afrodita romana.

Mayo: No es nuestro quinto mes más fácil de nominar que el cuarto. La tradición más extendida lo asocia con la diosa Maya (en realidad es una Pléyade), de donde maius, el nombre latino del mes. Maya pasa por ser la madre de Mercurio. Se relaciona el vocablo maiuscon la misma raíz de maiestas (“majestad”), maiores (“mayores, antepasados”) y magnus(“magno, grande”). Pero no sabemos la relación que guarda esta divinidad con la época del año.

Junio: Este mes estaba consagrado a la diosa JunoIuno en la lengua de Ovidio. Hay quienes lo hacen relacionar con iuniores (“los jóvenes”) por oposición con los del mes pasado, maiores. También el poeta antes mencionado tiene dudas sobre si proviene el nombre del mes del verbo iungere (“unir”). Al fin y al cabo, Juno era la diosa de los matrimonios, la unión por excelencia.

Julio: Toma su nombre de Julio César, pues nació en este mes y antes del cambio se llamaba Quintilis, pues era el quinto mes en el antiguo calendario romano cuando el año comenzaba en marzo.