Como seres sociales que somos, gran parte de nuestro tiempo lo invertimos en comunicarnos con los demás. A lo largo del día tenemos multitud de interacciones sociales en las que nos es imprescindible expresarnos y poner en marcha nuestras habilidades sociales. En estas interacciones sociales podemos exhibir diferentes estilos de comunicación, estos son los estilos pasivo, agresivo o asertivo.

La asertividad es una habilidad social que nos permite expresar nuestros derechos, opiniones, ideas, necesidades y sentimientos de forma consciente, clara, honesta y sincera sin herir o perjudicar a los demás. Cuando nos comunicamos de manera asertiva actuamos desde un estado interior de autoconfianza y autoafirmación en vez de hacerlo desde emociones limitantes como pueden ser la ansiedad, la culpa, la rabia o la ira.

La asertividad parte de la idea de que todo ser humano tiene unos derechos fundamentales que debemos respetar para nosotros mismos como para los demás, por tanto la asertividad no pretende lograr lo que nosotros queremos a través del control o la manipulación de los demás, muy al contrario lo que pretende es ayudarnos a ser nosotros mismos, desarrollando nuestra autoestima a través de la comunicación interpersonal eficaz dese el respeto a nosotros mismos y a los demás.

La asertividad incluye tres áreas principales:

La autoafirmación. Consiste en defender nuestros derechos y expresar nuestras propias opiniones.

La expresión de sentimientos negativos. Nos permite manifestar nuestro desacuerdo o desagrado de forma adecuada. Así como gestionar las críticas tanto recibidas como emitidas.

La expresión de sentimientos positivos. Que nos permite comunicar agrado o afecto hacia los otros.

La persona asertiva es consciente de lo que siente y desea en cada momento y se acepta incondicionalmente de forma independiente a la aceptación de los demás.

Da igual validez a sus sentimientos, necesidades y opiniones que a las de los demás.

Sabe comprender sus sentimientos y las de los demás por lo que acepta de forma serena los conflictos con los demás llegando a acuerdos siempre que sea posible.

Son personas congruentes entre lo que piensan, hacen, dicen y sienten por lo que transmiten honestidad y confianza a los demás.

Expresa adecuadamente sus opiniones, deseos y sentimientos sin herir a los demás.

El consultor político colombiano Miguel Jaramillo Luján enumera una serie de errores que cometen nuestra clase política. En nuestro afán por ilustrar a nuestros lectores sobre el tipo de personas que aspiran a gobernarnos, reproducimos en esta edición este interesante artículo titulado:

Los Vicios y errores más nocivos para la carrera de un líder político

En esta breve entrada propongo algunas categorías de aquellos vicios errores o defectos más usuales que he conocido, de manera directa como consultor o en el seguimiento de algunos comicios y la forma cómo los aspirantes son torpes en caer en los mismos defectos propios o de otros que han errado de manera evidente y muy sonada en su estrategia política para enfrentar un proceso electoral.

En un mismo candidato podría haber una, dos, incluso muchos vicios o ninguno. Qué esto sirva como examen para algún candidato e incluso para el equipo que lo rodea

El piloto de avión: Adora la estrategia de aire, le encanta la ventanilla para mirar y pilotear desde arriba, seduce con una sonrisa al flash o a la grabadora del periodista, se viste bien para la sesión de fotos, pero no sabe que hacen sus líderes en el terreno, no direcciona la estrategia, no sabe que es el asfalto ni mucho menos las arenas, tensiones o las fuerzas del territorio.

El callejero:   Hay un placer innato en él por creer que solo con la estrategia de tierra va a ganar y que el aire es tiempo perdido. No hay espacio en su agenda para los medios, la publicidad o el impacto masivo. Cree que todo el que lo mira en la calle con admiración, conversa con él o le pide una fotografía, es un voto fijo, pero se equivoca por exceso igual o más que el “Piloto de Avión”.

El financista: Dos son los propósitos en los que debe enfocarse un buen candidato: Buscar Votos y recursos; pero a este tipo de candidato vicioso lo cautiva la búsqueda de recursos y a ello concentra las tres comidas, la montada en bicicleta, el juego de golf e incluso el tiempo con su propio equipo. Este vicio lleva a perder de vista la prospectiva y a centrar todo en una mirada economicista de su propuesta.

Horizonte corto: Busca ganar las elecciones, pero su propuesta no parte de un acumulado, de un proyecto de gobierno que está concluyendo, de retomar lo bueno y ajustar, de un trabajo holístico y con perspectiva. Este vicioso sólo piensa en sus propias propuestas, no lee, no investiga, no cuestiona y sobretodo: No escucha a sus asesores cuando tratan de darle perspectiva y prospectiva frente al fondo que tienen los temas programáticos.

El rey del garaje político: Este candidato vicioso disfruta mucho en reuniones, desayunos, almuerzos, cenas, cocteles con grupos, movimientos, sectores o dirigentes políticos, que se bien podría garantizarle votación, canales de apoyo económico o ideas desde su experticia, el exceso de este vicio de “reinar en los garajes políticos” sesga la percepción de los steakholders que rodean al candidato y sesga la mirada fresca e integral que se debe tener más allá de los cálculos y las arenas de deliberación.

El vicioso qué miedo hacerlo distinto: Un candidato debe ser una fina mezcla de buenas intenciones con una capacidad para romper estilos y formas tradicionales de hacer las cosas. Bajo preceptos de rutina y no romper con el confort de unos pocos, el vicioso candidato “qué miedo hacerlo distinto” opta por no moverse de la ruta habitual, no cuestionar o proponer otras fórmulas ni opciones para buscar soluciones más integrales y de mayor impacto.

El madre Teresa de Calcuta: Es muy positivo que un candidato en medio de ver un territorio con los ojos de ser solución e ilusión para las comunidades, trate de ayudar a las personas más vulnerables, pero el vicio de atender de manera directa estas dificultades hace perder perspectiva global de los problemas, objetividad para su análisis y tiempo para la construcción de soluciones desde una mirada racional aunque siempre sensible.

El omnipresente: El buen producto es aquel que es escaso en persona, que se valora, que define y raciona celosamente los lugares y tiempos donde debe dejarse ver, compartir y darse a sus públicos. El candidato que comete el vicio de la omnipresencia se vuelve “paisaje” y ya sus seguidores lo verán tanto que van a empezar a ignorarlo. Cercanía y simpatía pero racionando la omnipresencia e incluso siendo breve y departiendo lo necesario con los públicos.

El coaching: Ciertos candidatos confunden su papel como solución y su propuesta de esperanza como cautivadores; con la función de solucionarle la vida propia a los electores. Un buen candidato es un buen orador y es un buen líder, pero ante todo no puede caer en el vicio de ser orientador personal, psicólogo o coaching ni siquiera de su propio equipo. Los electores votan por soluciones, por salidas, por esperanza y no solo por buenos conversadores ni orientadores humanos.

El señor malicia de felpa: Se le puede ver silencioso en las reuniones, nunca está enterado de nada, ni siquiera de las noticias, en su agenda priman los espacios blindados para él mismo o para un grupo de aúlicos que le repiten lo bien que va. No tiene fuentes extras, no busca versiones adicionales, no percibe el movimiento de sus enemigos, su estrategia no contempla mirar el futuro y avizorar escenarios. Como el osito de peluche, este candidato se creerá triunfador y el día D su falta de malicia le dirá que la realidad de la política y del gobierno requiere menos candidez y un poco más de habilidad para dudar, pensar mal, no creer en todo y cruzar versiones de la información que recibe para tomar decisiones más cercanas al acierto y no abrazados al osito de felpa.

Señor Doble personalidad: Llega a la oficina en Bicicleta pero sudando y asfixiado pues nunca monta en cicla, es más, cruza la ciudad veloz en su camioneta con escolta e incluso hace intervenir semáforos afectando la movilidad y agrediendo el derecho de los demás. Es el típico aspirante que carga niños para la foto, se hace tomar el vídeo con las botas pantaneras en la inundación y sólo tiene redes sociales para mostrar todo lo “bonita” que es su vida. Hoy ese vicioso tiene muchos flancos débiles para ser descubierto, pues su condición de candidato hace que cientos de hábiles periodistas, gigs o rivales, le estén buscando detalles para evidenciar su doble personalidad.

El próximo año en la cultura china se conocerá como el año del cerdo y, más específicamente, será el año del “perro de la tierra”, mientras que 2018 fue simplemente del perro.

La fecha del Año Nuevo Chino 2019 será el 5 de febrero de 2019. El calendario chino del próximo año dictamina que el Cerdo es el signo zodiacal chino que reina durante 2019mientras que Tierra es el principal elemento chino durante el Año del Cerdo, que durará hasta el 24 de enero de 2020.

El cerdo, que es símbolo de riqueza y fortuna, es doceavo animal del zodiaco. Según la mitología, el Emperador de Jade dijo que el orden se establecería en función de la llegada a su fiesta, siendo el cerdo el último por quedarse dormido. Otra leyenda dice que un lobo destruyó la casa del cerdo el cual tuvo que reconstruirla antes de marcharse. Las tradiciones que se llevan a cabo durante este festejo están profundamente arraigadas en la cultura china ya que para muchos también es una celebración religiosa llena de oraciones, ofrendas y otros actos de devoción.
En Malasia, como en otros lugares, la gente se prepara para el Año Nuevo Chino con mucha antelación. Las casas se limpian a fondo antes de que llegue para "barrer cualquier mala suerte", pero las escobas se esconden ese día por temor a "barrer la buena suerte" que trae la llegada de un nuevo año. La ropa nueva, que se usará el día de Año Nuevo, y un gran alijo de comida para la cena de Nochevieja, también se compran con anticipación, lo que hace que los centros comerciales estén muy ocupados en esta época del año.

Uno de los platos típicos es el Yee Sang y se come lanzando pedazos de verduras y pescados al aire con palillos para traer buena suerte. Cuanto más alto se tira, mayor será la fortuna.

VILLANCICOS

En el latín vulgar hispánico, villanus era el habitante de una casa de campo, una villa, por tanto, un labriego, y más adelante, pasó a designar genéricamente a todos aquellos que no eran hidalgos, a los hombres de clase baja.

En cierta época, estos labriegos se llamaron villancicos o villancillos, nombres equivalentes al francés petit paysan. 
Las coplas navideñas que estos labriegos componían se llamaron primero coplas de villancico, pero en el Quijote (1605) el significado de villancico ya se había extendido, y limitado, a las propias coplas:
Olvidábaseme de decir como Grisóstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que él hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autos para el día de Dios, que los representaban los mozos de nuestro pueblo, y todos decían que eran por el cabo.

El Diccionario de la Academia definía así villancico en su primera edición de 1739: Composicion de Poesía con su estribillo para Música de las festividades en las Iglesias. Díxose assi según Covarr. de las cancioes villanescas, que suele cantar la gente del campo, por haberse formado à su imitación.

Los pendientes son accesorios que habitualmente son utilizados por mujeres en las orejas, con fines estéticos para lucir más atractivas y modernas.

Los ejemplares de pendientes más antiguos que se atesoran en la actualidad tienen más de seis mil años de historia y proceden del antiguo Egipto, donde las primeras dinastías decidieron manifestar su estatus social a través del uso de accesorios como estos. Los egipcios generalmente trabajaban con plata y con oro, e incrustaban en estos metales piedras preciosas como la coralina, el jaspe, la turquesa, la amatista y el lapislázuli entre otras.

A los de cornalina se les otorgaba el poder de curar las dolencias de estómago, sirvió también como recompensa civil o militar, y para simbolizar la condición de esclavo.

En temas amorosos, han tenido evocaciones eróticas, pero en especial apuntan al vínculo que une a quien los lleva con la persona que los regaló.

El uso de los pendientes de mujer, fue exclusivo para ellas durante la edad media. En esta época se convirtieron en elementos destacados para asuntos como la conquista de pareja. Al ser llamativos y ostentosos demostraban a los hombres la familia de la que provenían, y a su vez les valía para mostrase interesadas en su compañía. Algunas investigaciones han revelado incluso, que durante la edad media el uso de pendientes de colores específicos, ponían de manifiesto las intenciones de las mujeres.

Los pendientes continuaron su evolución durante toda la historia, hasta el siglo XX cuando los pendientes empezaron a formar parte directa de las tendencias de la moda.

Además los pendientes son utilizados desde la antigüedad hasta nuestros días, por una gran cantidad grupos étnicos de muchos países, para los cuales estos significan el número de combates ganados, la edad y en algunas ocasiones el respeto que provocan en los demás miembros del grupo.

Los pendientes pueden constar de distintas partes, dependiendo del tipo de pendiente que sea:

• Parte Baja: esta es la porción del pendiente donde se coloca la gema o el elemento decorativo, en el caso del pendiente largo o de colgar.

• Parte Alta: es la zona que va pegada al lóbulo de la oreja.

• Palillo: Es el elemento que atraviesa el lóbulo de la oreja para conectarse con la parte trasera del pendiente, llamado cierre.

• Cierre: es la parte encargada de asegurar el pendiente para que no se caiga. Los más usados son los omega, de ballestilla y  a presión. Dependiendo del tipo y categoría del pendiente se usa uno u otro.

En la actualidad también se han abierto camino, una nueva modalidad de pendientes, estos son los llamados Piercings, constituidos por una sola pieza, y que debido a la diversidad de sus diseños pueden ser usados casi en cualquier parte del cuerpo, tanto por hombres como por mujeres.

Cada mes del año define perfiles de actuación de las personas. En febrero el romanticismo toca nuestros corazones. En mayo, todo gira alrededor de esa persona que nos dio la vida. En septiembre, el patriotismo nos invade. Sin embargo, en diciembre como que se conjugan muchas de esas emociones de los meses anteriores y afloran el romanticismo, la ternura, la benevolencia y… por supuesto, la generosidad.

Generosidad es lo que más debe abundar en esta época, valorando que los que tenemos comida, vestuario y un confortable hogar debemos compartir con los más necesitados, pues al final de cuentas, tal como diría San Francisco de Asís, “dando es como recibimos”.

Los romanos crearon la palabra generosus, para aludir a los 'nacidos de cuna ilustre', los nobles. El adjetivo se aplicaba también a los animales de buena raza. Y creemos que, todavía, quien da mucho desinteresadamente, es una persona noble.
La raíz prehistórica indoeuropea gena- se refería al acto de dar a luz un niño, con derivados que aludían a aspectos y resultados de la procreación, así como a lo referente a grupos familiares y tribales. 
Por ejemplo la forma sufijada gena-es llevó a la formación de vocablos que llegaron al español como generar, generación, congénere, degenerado, tras pasar por el latín genus etc. 
Surgió luego el sustantivo generositas que se refería a cualidades como la nobleza, la buena calidad de personas de clase alta, así como también cosas como el vino o la madera de ciertos árboles. 
Una de las virtudes que se atribuían a los nobles en Roma era lo que hoy llamamos generosidad, consistente en dar a los demás, de ayudar a los necesitados sin esperar nada en cambio. 
Cervantes parece dar a la palabra la denotación de 'nobleza', de 'buen linaje' en el Quijote, capítulo XXXII, cuando le hace decir al hidalgo: 

Si me tuvieran por tonto los caballeros, los magníficos, los generosos, los altamente nacidos, tuviéralo por afrenta inreparable; pero de que me tengan por sandio los estudiantes, que nunca entraron ni pisaron las sendas de la caballería, no se me da un ardite: caballero soy y caballero he de morir si place al Altísimo.

Cabe aclarar que “sandio” se refiere a una persona necia o simple.

Navidad es un término de origen latino que significa nacimiento, y da nombre a la fiesta que se realiza con motivo de la llegada de Jesucristo a nuestro mundo. El término también se utiliza para hacer referencia al día en que se celebra, que es el 25 de diciembre (para las iglesias católicas, anglicanas, ortodoxa rumana y algunas protestantes) o el 7 de enero (para las iglesias ortodoxas que no adoptaron el calendario gregoriano).

Aunque la tradición indica que el nacimiento de Cristo se produjo un 25 de diciembre en Belén, los historiadores creen que la verdadera natividad de Jesús tuvo lugar entre abril y mayo.

Esta teoría se basa en cuestiones geográficas imposibles de negar: por ejemplo, se sabe que en el hemisferio norte el mes de diciembre coincide con el invierno, lo cual pone en duda que los pastores hayan estado al aire libre, que el cielo de esa noche haya sido estrellado, todos elementos de los hechos narrados en los textos bíblicos.

De todas formas, la Iglesia Católica tomó la decisión de mantener la fecha convencional de la navidad. Se cree que sus razones fueron que coincidiera con los ritos paganos por el solsticio. De hecho, existían importantes festejos que se realizaban el 25 de diciembre aún antes del nacimiento de Cristo: el Cápac Raymi de los Incas, eNatalis Solis Invicti de los romanos y otros.

Para el cristianismo, el festejo de la navidad implica varias tradiciones. Suele realizarse un banquete que comienza en la cena del 24 de diciembre y se extiende hasta después de la medianoche (es decir, hasta el día del nacimiento), se arman belenes o pesebres, se cantan villancicos y se adorna un árbol.

La navidad ha trascendido los límites de la religión y tiene como símbolo a Papá Noel (también conocido como San Nicolás y Santa Claus), un personaje inspirado en un obispo griego, que se encarga de llevar regalos a los niños de todo el mundo.