REY MIDAS

La historia del rey Midas es un mito sobre la avaricia y narra lo que ocurre cuando no sabemos reconocer la verdadera felicidad. Midas era un hombre que deseaba que todo lo que tocara se convirtiera en oro. Sin embargo, no había pensado que este deseo no era realmente una bendición, sino una maldición. Su codicia nos invita a pensar y darnos cuenta de las consecuencias que pueden llevarnos a convertirnos en esclavos de nuestros propios deseos.

Midas fue un rey de gran fortuna que gobernó la región de Frigia, en Asia Menor. Tenía todo lo que se podía desear, vivía en un hermoso palacio con su hija, y pensaba que su mayor felicidad provenía del oro. ¡Su avaricia era tal que solía pasar sus días contando sus monedas de oro! De vez en cuando solía cubrir su cuerpo con objetos de oro, como si quisiera bañarse en ellos. El dinero era su obsesión.

Un día, Dionisio, el dios del vino y la juerga, pasó por el reino de Midas. Uno de sus subalternos, un sátiro llamado Sileno -dios menor de la embriaguez-, se retrasó en el camino. Sileno se cansó y decidió tomar una siesta en los famosos jardines de rosas que rodeaban el palacio del rey Midas. Allí, fue encontrado por el rey, quien lo reconoció al instante y lo invitó a pasar unos días en su palacio, hasta que Dionisio fue a por él. El dios de la vendimia, muy agradecido con Midas por su amabilidad, prometió a este satisfacer cualquier deseo que anhelara. El rey quedó pensativo y luego dijo: “Quiero que todo lo que toque se convierta en oro”. El dios le advirtió al rey que pensara bien sobre las consecuencias de su deseo, pero Midas insistió. Dionisio lo dejó estar y le prometió al rey que, desde el día siguiente, todo lo que tocara se convertiría en oro.

Al día siguiente, Midas, se despertó ansioso por ver si su deseo se había hecho realidad. Extendió su brazo tocando una pequeña mesa que inmediatamente se convirtió en oro. ¡Midas saltó de felicidad! Luego tocó una silla, la alfombra, la puerta, su bañera… y así siguió corriendo en su locura por todo su palacio hasta que se cansó. Se sentó a la mesa a tomar el desayuno y tomó una rosa entre sus manos para oler su fragancia. Cuando la tocó, la rosa se convirtió en oro. “Tendré que absorber la fragancia sin tocar las rosas, supongo…”, pensó con decepción. Sin siquiera pensarlo, ¡se dispuso a comer una uva pero también se convirtió en oro!Lo mismo sucedió con una rebanada de pan y un vaso de agua. De repente, comenzó a sentir miedo. Las lágrimas llenaron sus ojos y en ese momento, su amada hija entró en la habitación. Cuando Midas la abrazó, ¡se convirtió en una estatua dorada! Desesperado y temeroso, levantó los brazos y rezó a Dioniso para que le quitara esta maldición.

El dios escuchó a Midas y sintió lástima por él. Le dijo que fuera al río Pactolo y se lavara las manos. Midas lo hizo: corrió hacia el río y se asombró al ver que el oro fluía de sus manos. Cuando regresó a casa, todo lo que Midas había vuelto a la normalidad. Midas abrazó a su hija con plena felicidad y decidió compartir su gran fortuna con su gente. A partir de entonces, Midas se convirtió en una mejor persona, generosa y agradecida por todos los bienes que tenía. Su pueblo llevó una vida próspera y cuando murió, todos lloraron a su amado rey.

ABRACADABRA

Esta palabra cabalística apareció hacia el siglo II de nuestra era, inscrita en amuletos, y se creía que poseía ciertas cualidades mágicas. El nombre se habría tomado de la palabra griega abraxas, que designaba un amuleto en el cual el término latino abracadabra aparecía once veces, cada vez con una letra menos hasta terminar con una a.

El uso de estos amuletos era común en la secta dualista de los gnósticos –creían en un dios y un demonio igualmente poderosos–, que pensaban que la salvación podía ser obtenida mediante el conocimiento esotérico, al que llamaban gnosis. Esta secta fue fundada en el siglo II por Basílides, un profesor de la Universidad de Alejandría, quien postulaba la existencia de Abraxas, un ser que vinculaba al culto al Sol. A las siete letras griegas de abraxas se les atribuían números, cuya suma arrojaba un total de 365, la cantidad de días que la Tierra tarda en recorrer su órbita.

Esta etimología de abracadabra es la que suscribe la Real Academia Española en su diccionario. Sin embargo, no debe desdeñarse la opinión de etimólogos ingleses que señalan que el vocablo latino se puede haber originado en la expresión aramea abhadda kedabrah, que significa 'desintégrate (un mal o una enfermedad) como esta palabra'.

HIPOCONDRÍA

Esta es una palabra utilizado en la Medicina. El diccionario de la Real Academia de la Lengua la define como: Afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud.

Cada una de las zonas abdominales situadas a los lados del epigastrio (zona central superior), por debajo de las falsas costillas, recibe el nombre de hipocondrio.
El hipocondrio derecho aloja al hígado, y en el izquierdo, entre otros órganos, encontramos el bazo.
Hipocondrio proviene del griego hypokhondrion, del mismo significado, palabra formada por el prefijo hypo 'debajo' y khondros 'cartílago'.
Antiguamente, se creía que el hipocondrio era la sede de la melancolía, por lo que, en el siglo XVII, hipocondrio se usó con el sentido de 'espíritus inferiores' y de 'depresión'. De allí se derivó el moderno significado, en el sentido de 'aquel que siempre cree estar enfermo', que surgió en el siglo XIX, bajo la forma hipocondría. Los que padecen esta dolencia son llamados hipocondríacos o, en algunos países, hipocondriacos.

NAPALM

La palabra napalm es sinónimo de genocidio. La palabra se formó mediante las sílabas iniciales de sus componentes naftenato y palmitato, que era un explosivo utilizado masivamente en bombas incendiarias y en lanzallamas durante la guerra de Vietnam. Ya anteriormente durante la Primera Guerra Mundial los alemanes habían empleado gasolina con ese propósito, pero constataron que se consumía con demasiada rapidez.
Poco después de que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial, Washington destinó fondos a una investigación para lograr que la gasolina se extinguiera más lentamente, hasta que en 1942 la Universidad de Harvard y el Ejército norteamericano encontraron la manera de mezclar la gasolina con una sustancia gelatinosa, el palmitato de sodio, para que la combustión durara más tiempo y, de esa forma, hiciera más daño. La empresa que lo fabrica en exclusividad para el gobierno norteamericano es Dow Chemical.
El napalm se usó en Japón, Corea y Vietnam, donde causó tragedias tan horrorosas que fue condenado internacionalmente como arma genocida. En Irak y Afganistán, Estados Unidos cambió el napalm-B por un producto muy parecido, denominado Mark-77, al que considera legal porque no está incluido en la proscripción de las Naciones Unidas de 1980, aunque sigue siendo un arma que genera severos daños tanto a las personas como al medio ambiente.

VÍCTIMA

En los primeros siglos de Roma, victuma y, más frecuentemente, victima eran palabras que designaban a seres humanos o animales vivos que habían sido elegidos para morir en sacrificios ofrecidos a los dioses. Victimarius era el nombre del verdugo encargado de matar a esos hombres o animales.
Con el tiempo, víctima se fue aplicando no solo a las personas y animales inmolados, sino también a aquellos que sufrían agresiones, torturas, accidentes, incluso enfermedades, una evolución que no ocurrió en el español, sino ya en el propio latín, como vemos en estas palabras de Ovidio: victima decipientis error (Seré víctima de un defraudador).
¿Cómo llegó al latín la palabra victima? Debemos admitir que no está claro, pero podemos observar que muy cerca de este vocablo están victus 'alimento' (aunque, también, 'vencido') y vinctus 'encadenado'.
Lo único cierto es que el papel de la víctima es cargar con los pecados de todos, ser "sacrificada" –de sacrum facere 'hacer algo sagrado'– para que la sociedad se vea libre de sus culpas. Para los cristianos, ese fue el papel de Jesucristo, llamado cordero de Dios que quita los pecados del mundo, es decir, una víctima sacrificada para expiar las culpas de los demás.

ACROMEGALIA

Aunque nunca se ha documentado de forma fehaciente, solo con imágenes desenfocadas por el movimiento y la lejanía del objeto, todavía sigue vigente el mito del “hombre de las nieves”, que a decir por el síndrome descrito en 1885 por P. Marie como ACROMEGALIA, pueda que exista este gigantón.

Acromegalia se caracteriza por el desarrollo excesivo de las extremidades, de los huesos del rostro y de otros órganos internos. Casi siempre se debe esta anomalía a un adenoma acidófilo de la hipófisis.

Este síndrome morfológico puede acompañarse de algunas modificaciones psíquicas: astenia, apatía y alteraciones del humor. Es decir, que si existe el famoso “hombre de la nieves” o también llamado “pie grande”, este tiene como perfil el ostracismo, ya que además de ser aburrido, tampoco tiene desarrollado su libido, o sea, el deseo sexual. Eso puede explicar que de existir este “pie grande” sea tan esquivo cuando ve a otro humano.

NIÑO: DEFINICIÓN ETIMOLÓGICA

Según la RAE, la palabra niño o niña proviene de la voz infantil o la expresión onomatopéyica ninno, que refiere al que está en la niñez, que tiene pocos años, que tiene poca experiencia o que obra con poca reflexión y advertencia, entre otras características. Por otra parte, la niñez es definida por la RAE como: i) el período de la vida humana que se extiende desde el nacimiento a la pubertad –mismo significado de la palabra infancia–; b) el principio o primer tiempo de cualquier cosa; y c) la niñería, acción propia de niños. Tanto la palabra infancia como niñez sugieren el período vital que transcurre durante los primeros años de la vida humana. Para Wasserman (2001: 61) la palabra niño o niña presenta una polisemia muy amplia, aunque en general alude a la condición de las personas con pocos años de edad o que se encuentran en posición de subordinación social (servidumbre). La palabra niña también se utiliza para designar a la pupila del ojo, ya que “pupila” proviene del latín pupilla que significa huérfana menor de edad y que está bajo la autoridad de una persona tutora.

Durante el siglo XX se aprecia un aumento en la preocupación por las condiciones de vida de la niñez, sensibilidad que se plasma en la promulgación por parte de la ONU en 1989 de la Convención Internacional de los Derechos del Niño (en adelante CDN o Convención). Si bien es evidente la creciente protección que la sociedad despliega sobre las niñas y los niños, en la práctica se observan ciertas contradicciones en el trato que éstos reciben ya que no se permite su plena participación en la sociedad donde viven ni se consideran sus opiniones en los asuntos que les afectan. En este mismo período histórico, de modo particular en la sociología, son escasos los trabajos publicados que expresan un genuino interés por la infancia en tanto categoría social. Los conceptos de infancia y niñez presentan una gran complejidad no sólo a nivel social, sino desde la propia etimología de estas palabras.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), “Infancia” proviene del latín infant a, cuyo significado primario alude a la incapacidad de hablar y define a los înfâns o înfantis como aquellos que no tienen voz. Para la RAE actualmente la infancia es delimitada como: i) el período de la vida humana desde que se nace hasta la pubertad; ii) el conjunto de los niños de tal edad; y iii) el primer estado de una cosa después de su nacimiento o fundación. Por otro lado, la RAE define al infante como: i) el niño que aún no ha llegado a la edad de siete años; ii) el pariente del rey que por gracia real obtiene el título de infante o infanta; y iii) cada uno de los hijos varones y legítimos del rey, nacidos después del príncipe o de la princesa. Wasserman (2001: 61) resalta que la etimología de la palabra infancia proviene del latín in-fandus, que significa no habla o que no es legítimo para tener la palabra. Ella menciona que se le llame “infante” al hijo del rey que está en la línea sucesoria al trono y que no puede ser heredero mientras el primogénito –heredero de hecho– esté vivo. Por lo tanto, su etimología expresa claramente que la palabra infancia refiere más bien a quienes no tienen permitido hablar, y no tanto sobre quienes carecen de este atributo por los años de edad.

MACUMBA

 

“Ella es bella igual que una estrella
Y a los hombres los vuelve de cera
Ha puesto su mirada en el hombre que amo
Nada la detendrá por ganarlo

Macumba, macumba
tu no lo atraparás…”

Interpretada por Susana Zabaleta y la Sonora Dinamita o por la mismísima Verónica Castro, “Macumba” es una sabrosa cumbia de los 80. Sin embargo, la palabra Macumba es una designación genérica, aunque peyorativa, de algunos rituales propios de diversas religiones afrobrasileñas, como umbanda y candomblé.
La etimología es incierta, aunque el africanista brasileño Nei Lopes sugiere que puede proceder de cumba, que significa 'hechicero' en la lengua africana quimbundo y que, con el prefijo ma-, usado para el plural, forma macumba.
Sin embargo, Lopes menciona al también africanista Jacques Raymundo, quien señala el quimbundo makumba, plural de dikumba 'cerradura', 'candado', que podría aludir a las ceremonias religiosas de cierre de los cuerpos a fin de evitar la entrada del mal.

PARLAMENTO

Surgido en Inglaterra para contrabalancear el poder de los reyes, el Parlamento llegó a reducir a la monarquía a su carácter de instancia meramente simbólica en aquellos lugares de Europa donde todavía existe. El Parlamento constituye hoy uno de los tres poderes del Estado moderno, el Legislativo, alrededor del cual se organiza el Estado en los regímenes parlamentarios. Unicameral o bicameral, llamado Congreso en algunos países, en la democracia el Parlamento contiene la esencia de la representatividad por albergar en su seno representantes de todos los sectores de la sociedad.

En la Antigüedad, hubo cuerpos colectivos que guardaban algunas semejanzas con los parlamentos contemporáneos, desde el viejo Areópago de la Atenas aristocrática hasta la Bulé de los Cuatrocientos, más tarde convertida en Bulé de los Quinientos, para conferirle mayor representatividad.

El nombre de estos cuerpos surgidos en la época moderna proviene del francés antiguo parlement, que inicialmente significó 'consulta, conferencia', y luego pasó a ser 'cuerpo consultivo' y más tarde, 'órgano legislativo'.

Parlement provenía de parler 'hablar', que a su vez se derivaba del latín parabolare 'conversar', vocablo del cual provienen también parábola y palabra.