TIEMPOS POSTIZOS

¡Dianches! Se jueron los tiempos en que comiyamos chojoles fritos con manteca de tunco. Hoy todo es artificioso. Vestimos vanidá, comemos vanidá. La Menche se enfurruñó un día porque no le merqué unos pantalones de mezclilla con bolsas acolchonadas atrás pa´que se viera que teniya tremenda pantalla trasera. Hoy no sabemos si esos hermosos ojos verdes o esas pestañas y cejas son reales o artificiales.

La niña Mirna muestra en su feis tremenda panocha, pero es truco. La della se la comió la luna y lo que muestra es un tutuchte de algodón que simula una descomunal pupusa. Lo cierto es quihoy no se sabe cómo se verán las damitas cuando queden en pelota, porque todo es postizo. Hasta los labios los llenan de un material parecido al silicón. Las nalgas no se diga. Se las operan también.

Nombe, no hay derecho de fingir las que no son. Si diosito no las bendijo con alguna gracia corporal de apetitosa exigencia masculina, ni modo. Apéguense al dicho de que “no hay feya sin su gracia ni bonita sin su defeyto”. Pero no nos den atol con el dedo, y me incluyo, porque una damisela antes de la Menche cuando se me chuloneó perdió casi la mitad de sus encantos. Menos chiches, menos nalgas, pelona… Todo era postizo, hasta llegué a crer que era un hombre disfrazado de mujer.

Pero si lo falso en la mujer incomoda a más de alguno, lo artificioso en la comida es inaceytable. Yo de maje me compro una bebida de mango. Y aunque apenas leyo, me tomé el tiempo en ver que deciyan aquellas letritas finitas debajo de donde dice ingredientes. Y sabe usted que encontré? Una serie de nombres extraños.

Ácido cítrico, nitrato de sodio, óxido de silicio y por supuesto saborizantes artificiales y otros productos acidulantes, edulcorantes y antiaglomerantes de los que yo no sé qué putas son, pero del mango que anunciaba la bebida, neles. Juelacha. Estaba tomando y gueliendo puros químicos.

El boladués que hoy anda tanta gente joven con distintas achaques, pues todos los días están envenenando sus cuerpos, porque así como el jugo todo simulado, todo lo demás que nos hartamos tiene olor y sabor de lo que muestran en su viñeta, pero la verdá es que si son embutidos, de carne de res o de cerdo no tienen nada.

Jue cuando me dije, Micu decile a los bichos que cuiden su salú dejando de comer babosas enbolsadas y enlatadas. Recomendales que vuelvan a lo natural. Que eviten los transgénicos y prefieran los jugos naturales licuados con frutas de cáscara, carnosidad y semillas, en lugar de esos polvitos sacados de un laboratorio, menos esa mentada coca cola que es un menjurje peligroso.

Allá ustedes. Hoy cumplí con mi compromiso de pedirles que no se atiborren de babosadas.  Claro, el problema es que, como escribiriya el difunto Aristarco, “lo bueno es rico o pecado”. Yo diriya que ambos. Puejí.

13/11/2019

COMO PITA CON NUDO

¡Santo cielo! Ayer volví a ver chulona a mi Menche. Desde que nos rejuntamos la primera vez en su rancho, solo laviya visto una vez en pelotas… jue cuando  tembló, se le olvidó questaba en cueros y se aventó de la cama pa´salir corriendo. Gracias a Dios esa noche me habiya quedado  pacer cositas con ella, y si nues que la cojo de las greñas, todo el vecindario la habriya visto en traje de Eva. Agora la vide distinta y me sentí un poco  amelarchíyado, porque la Menche ya no es el mismo volado quera antes.

La Menche es pechistiya. Siempre ha sido así. Antes de que le quitara la corcholata era todavía más seca. Era como una nadadora olímpica que nada por arriba, nada por abajo, nada atrás, pero si mucho por delante, que es donde está la chonguenga y se encuentra el molino de hacer melcochas.

Ahora ya tiene carnitas la condenada. Tiene más tecomates. Pero sigue siendo penosita y muy huraña a que se las veya. “Solo toque”, me dice siempre y algunas veces agrega: “Pero si toca, no mallugue y si malluga me tendrá que comprar una pomadita tonificadora”. En un tiempo creí que era timidez porque tenía algunas culebritas en las nalgas, pero no, tiene el trasero bien limpio. ¿Entonces? Es pura onda religiosa.

Sus creencias son que mostrar el cuerpo es algo impúdico. “Pecamos con la vista. Y usted, Micu, tiene ojos de taimado”, me dijo una vez que le rogué me dejara ver las rodillas. Ya sé. Más de algún leytor se preguntará si coge vestida. Pues no.

Eso sí, cada vez que hacemos picardía debe ser en la oscuridad de la noche, que es cuando ella se vuela el vestido, pero se queda en short. Luego debo quitar las pantaletas, para luego bajar el calzón solo momentos antes de aquello. Y una vez terminamos, sale virada al baño a vestirse de nuevo y regresar a su hogar o si quien se queda en su casa soy yo, es a mí a quien le toca salir chaqueteado.

El boladués que, ahora que la volví a ver en cueros descubrí que ha cambiado su corporalidad. Siempre que termina de bañarse sale enrollada en una toalla blanca. Parece pajilla empapelada. Con la diferencia que hoy la vide como una pita con nudo. Con tremenda biomba. ¡Está pimpona la jodida! Por fin se le hizo hacerme tata, yo que tanto me cuidado. “Agora hágale guevo”, me dijo.

Puejí. De tanto meter el cántaro al río, al fin se rompe. Y a mí no me preocupa si soy o no soy quien la preñó, pues al final de cuentas como varias veces hemos dormido y desayunado juntos, juntos criaremos a la criatura. Además, como tata no es el que engendra, sino quien cría y si no se hace cargo, lo será cuando lo topen en la Procuraduría. Ahí está el detalle, como diría don Cantinflas.

6/11/2019