FEBRERO 2019

El aprendizaje universitario se sostiene en dos grandes andamiajes: los fundamentos teóricos que explican una disciplina y las técnicas para lograr resultados. Será en el devenir laboral cuando el profesional adquiera mayores destrezas que apuntalen sus conocimientos y hagan de él o ella a un experto.

Tomemos como ejemplo a quienes estudian Contaduría. Desde un inicio de su carrera reciben conocimientos básicos de contabilidad, los cuales se van profundizando y complejerizando a medida avanza su formación. De una contabilidad elemental llega a niveles que están relacionados con la Banca y el Estado.

Ciertamente y en tiempos pretéritos, muchos contadores se hacían en los departamentos de contabilidad de las empresas, teniendo como única base las enseñanzas en un bachillerato comercial. Sin embargo, por mucha experticia en su campo, estos "contadores" nunca podían firmar un balance o realizar auditorías. Esas funciones eran potestad de los contadores académicos.

Y es que las universidades no solo enseñan al futuro profesional a ejecutar acciones especializadas, sino que, por encima de todo, se les enseña a pensar. Esto, por supuesto no significa que haya profesionales no solo de pregrado, sino también con maestrías y doctorados con deficiencias y mala praxis. Pero estos casos son la excepción y no por ello se puede aceptar la tesis que circula a nivel político partidista, de que el futuro gobierno no tiene por qué estar conformado a nivel ministerial y mandos superiores o presidencia de autónomas por académicos universitarios.

Estas opiniones de algunos políticos, entre ellos hasta doctores en jurisprudencia, las justifican por el hecho de que los seis anteriores presidentes salvadoreños estuvieron rodeados de profesionales y estos solo demostraron ineficiencia y corrupción. Sin embargo, hay que decir que los antivalores y la deshonestidad afloran no del profesional, sino del político que nombra funcionarios por compadrazgo o nepotismo.

El mensaje de que los profesionales académicos no son indispendables en puestos de dirección gubernamental contrasta con las prácticas de la empresa privada, donde las gerencias o direcciones son encomendadas exclusivamente a profesionales con los más altos estándares y rendimientos académicos. Cuenta, inclusive, la institución en la cual ha sido formado. No es lo mismo alguien graduado de Berkeley que otro de la "universidad del manguito".

Aun en los casos de corporaciones familiares, los hijos son enviados a prestiosas universidades de Estados Unidos o Europa para que se hagan cargo de las empresas de sus padres. La madre de Lorena la envió a Francia a estudiar pastelería. A otro de sus hijos lo puso a estudiar ingeniería; esos aprendizajes explican en parte el éxito de Panadería Lorena, de San Miguel.

Sin desmeritar el empirismo, que el profesional académico lo obtiene en su práxis laboral, las decisiones tan delicadas de manejar a un país no puede ser encomendada a un bachiller, aunque los últimos tres presidentes lo sean, pues estos cargos no solo requieren experticia sino mucho sentido común y dominio de reglas básicas de sociología, psicología, leyes y abundante cultura general.

Negar esto es querer decir que de nada sirve estudiar en El Salvador una carrera universitaria, pues lo que hace un profesional académico también lo puede hacer Juan de los palotes, y quizá mejor, porque ahora resulta que algunos políticos que defienden obcecadamente el empirismo y más que ello el éxito y la fortuna producto de la viveza y la picardía, buscan echar toda la culpa de la corrupción y la incapacidad gubernamental a los profesionales, cuando han sido ellos los malandrines.

Los personajes que dicen esto si no rebuznan no es porque no tienen patas y rabo, sino porque los burros se enojarían tanto que les darían de coces en la trompa por decir estupideces. He dicho.

Rafael Orantes, 23 de febrero de 2019.

Es una ley de la física, para que la balanza funcione debe tener pesos iguales en ambos lados. En lo político a ese balance se le conoce como “pesos y contrapesos”, para que ni el poder ejecutivo se extralimite ni tampoco la oposición imponga sus caprichos. Así funcionan las más conocidas y respetadas democracias del mundo y El Salvador no debe ser la excepción, pues desde los llamados Acuerdos de Paz con esos balances entre izquierda y derecha sigue creciendo el sistema democrático. Y qué mejor prueba que los dos partidos hegemónicos hasta hace poco: ARENA Y FMLN cedieron su lugar a una tercera fuerza política, en unas elecciones que, solo para el ganador tuvieron visos de fraude. Nuestros abuelos dirían, “quien las hace, las imagina”.

Sin embargo, cuando un gobernante no tiene oposición, esta es débil, la anula con artimañas o se supedita a los intereses del régimen de turno, el totalitarismo llama a la puerta de un país, por muy democráticamente que haya sido electo un gobernante. Ejemplos: Hitler, en Alemania; Chávez y Maduro, en Venezuela y Ortega, en Nicaragua.

Nos referimos al tema de “pesos y contrapesos” porque con el fragor de un gane muy categórico que no deja dudas del apoyo ciudadano al futuro presidente, algunos fanáticos de Nuevas Ideas andan pregonando que hay que acabar con la oposición. Quieren volver a los tristes días de la aplanadora “verde” en tiempos de la Democracia Cristiana, que generó casi diez años de completa pobreza y bajo crecimiento económico en el país. Fue, como se dijo en su momento, una década perdida para El Salvador, mientras que los demás países del área crecían social y financieramente. Por supuesto, muchos de quienes hoy propagan ansias de dominio unipartidista ni siquiera habían nacido por aquellos tristes momentos cuando el PDC acaparó todo el poder.

Pensar, como equivocadamente se viene haciendo, que el bipartidismo es una amenaza, es menos peligroso que desear que un solo partido tenga el poder, tal como ocurre en Cuba, Corea del Norte y Nicaragua.

Quienes así piensan, olvidan que, como diría Lord Acton, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Por otro lado, criticar per se el bipartidismo, es criticar el único sistema hasta el momento que funciona para relevos de poder. Ahora, por supuesto, El Salvador carece de bipartidismo, pero en su lugar tiene tripartidismo. La pregunta es, ¿cambiará drástica y significativamente este nuevo guarismo partidario? ¿Será que por haber roto la hegemonía de dos partidos cambiarán en El Salvador las condiciones de vida de la sociedad más desprotegida? ¿Será que por haber llegado al poder GANA, un partido escisión de uno de los grandes se acabará la inequidad, la injusticia, la inseguridad, la exclusión social, la evasión y elusión fiscal y todos los males que empobrecen a los salvadoreños? Estas y otras interrogantes comenzarán a tener respuestas cuando el nuevo presidente oficialice a su gabinete y se conozcan también quienes dirigirán las instituciones autónomas y el TSE.

De acuerdo al criterio de sacar “a los mismos de siempre”, el pueblo, pero principalmente quienes no votamos por GANA, esperamos rostros frescos y profesionales capaces, probos e idóneos para los cargos a los que llegarán. Sabemos de antemano que el nuevo presidente, los dirigentes y los sobalevas de Nuevas Ideas justificarán nombres con pasado oscuro en el nuevo gobierno, no tanto porque lo de “los mismos de siempre” solo fue un eslogan de campaña, sino porque muchos personajes corruptos se acercaron al candidato de Gana porque vieron en Bukele una nueva oportunidad para seguir saqueando las arcas del Estado.

Son individuos que fueron expulsados de Arena, PDC, PCN y el Fmln por corruptos, pero que ahora no quieren que el gobierno que comenzará en junio les dé algo, sino que los pongan donde hay, así que no será remoto que un deshonesto como Walter Araujo lo tengamos dirigiendo el Tribunal Supremo Electoral. Nuestras predicciones no son infundadas, pero sí esperamos que no se hagan realidad por el bien del país y porque, pese a todo, Nayib Bukele como presidente de todos los salvadoreños merece el beneficio de la duda en su nueva gestión.

Rafael Orantes, febrero 16 de 2019.

Como en Facebook circula de todo y cualquier cosa se atribuye a quien sea, ni el connotado escritor colombiano Gabriel García Márquez se ha salvado de las llamadas “fake news”, pues años atrás se le arrogó la autoría de una carta titulada precisamente “LOS SALVADOREÑOS”, que circuló en todas las redes sociales, antes y después de su muerte. Lo cierto es que García Márquez jamás escribió tan curiosa misiva. Y como no sabemos quién fue el verdadero redactor de semejante ocurrencia, solo nos dedicaremos a comentar algunas ideas de este escrito, sin alabar el ingenio de su verdadero y desconocido autor.

Es importante aclarar que dicha carta no solo ha sido dedicada a los salvadoreños, también ha circulado una versión idéntica para los guatemaltecos, en la cual solo se ha cambiado el gentilicio. De una forma u otra, vale la pena reproducir algunas afirmaciones para reflexionar cuán cerca o lejos están las descripciones de quienes poblamos “el Pulgarcito de América”, mote que, de nuevo la equivocación, se le atribuyó en su momento a la poetiza chilena Gabriela Mistral, aunque en realidad fue el escritor nacional Julio Enrique Ávila quien lo dijo por primera vez en 1946 y en 1975 lo reafirmó universal Roque Dalton en su obra “Las historias prohibidas del pulgarcito”.

Pues bien, estas ocurrencias de “gabo”, quizá acrónimo de un genuino “gachupín arrebolado bolacero obcecado”, aseveran que los salvadoreños “Hacen música de su llanto y se ríen de la música… toman en serio los chistes y hacen chistes de lo serio. No necesitan leer, ¡todo lo saben! No necesitan viajar, ¡todo lo han visto! Los salvadoreños son algo así como el pueblo escogido, por ellos mismos. Los salvadoreños se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia y, en grupos, por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva en sí la chispa de genios y los genios no se llevan bien entre sí, de ahí que reunir a los salvadoreños es fácil, pero unirlos es casi imposible. No se les hable de lógica, pues eso implica razonamiento y mesura y los salvadoreños son hiperbólicos y exagerados. Cuando discuten, no dicen: No estoy de acuerdo con vos sino ¡Estas completamente equivocado! Tienen tendencias antropofágicas; así entonces ¡Se la comió! Es una expresión de admiración y comerse a una mujer guapa es señal de una situación admirable. Decirle a alguien “come mierda” es un insulto lacerante. El salvadoreño ama tanto la contradicción que llama “culo” a las mujeres hermosas y “animal” a los eruditos. Si te aqueja alguna situación de salud te advierten, ¡Hermano, debiste hablar conmigo para llevarte donde un chero mío, que es un médico cabrón! Los salvadoreños ofrecen soluciones antes de saber el problema. Para ellos nunca hay problema. Saben lo que hay que hacer para erradicar el terrorismo, encausar a países pobres del Caribe, eliminar el hambre en África, pagar la deuda externa, quién debe ser presidente y cómo Estados Unidos puede llegar a ser una potencia mundial. No entienden por qué los demás no les entienden cuando sus ideas son tan sencillas y claras, y no acaban de entender por qué la gente no quiere aprender a hablar castellano. ¡Ah, los salvadoreños… No podemos vivir mucho con ellos, pero es imposible vivir sin ellos!”.

Juzgue usted, apreciable lector, cuánto hay de cierto o de mentira en todo lo anterior, y si también les fue ofrecida a los chapines, bien puede estar dedicada a los catrachos y a los chochos, después de todo y antes que nada, somos hermanos de una misma madre y vivimos las mismas miserias y gozamos las mismas estupideces. Esto último no lo dijo “gabo”, sino yo, el autor de esta reflexión.

Rafael Orantes, 9 de febrero de 2019

El próximo presidente que tome posesión en junio deberá enfrentar desafíos comunes para cualquiera que hubiese sido electo. Estos son acabar con la inseguridad, mejorar el sistema de salud, reformar el régimen educativo en su contenido e infraestructura y combatir frontalmente la elusión y evasión fiscal. Todos los retos anteriores requieren de amplia negociación con todas las fuerzas vivas del país: partidos de oposición al gobierno, militares, sindicatos, gremios tanto empresariales como profesionales, instituciones académicas y organizaciones no gubernamentales comprometidas con reivindicaciones del pueblo.

Vemos que el país no debe tener como prioridad la construcción de un tren ultra rápido que atraviese todo el territorio en par de horas ni mucho menos un aeropuerto en los confines de Oriente y en general ninguna de las promesas de campaña del candidato que ha sido electo presidente. Cuál de los desafíos deberá enfrentar primero, dependerá de los intereses de cada quien, pero a nuestro juicio lo primero que deberá hacer el presidente Bukele es concretar una alianza fiscal que no solo disminuya el aparato burocrático a la mitad sino que también incremente los ingresos tributarios, no por medio de nuevos impuestos, sino a través de formalizar a quienes por no estar inscritos en el Ministerio de Hacienda no cobran ni pagan impuestos como comerciantes o micro empresarios.

Igualmente deberá establecer los mecanismos verificadores para lograr que todas aquellas grandes empresas dejen de eludir el pago de sus tributos, mediante estrategias corruptas que involucran no solo a los contadores y auditores fiscales, sino además a organizaciones llamadas “no lucrativas” que fingiendo ser fundaciones o instituciones de beneficencia son realmente formas para evadir impuestos. No mencionaremos a ninguna de estas, porque no es ético hacerlos.

Sin embargo, el mayor desafío que tiene el nuevo presidente no es sobre lo que hará o dejará de hacer a favor del pueblo o si cumplirá las expectativas de los casi millón 300 mil ciudadanos que votaron por él. El mayor desafío de Bukele es y será combatir los demonios que lleva dentro y que lo han llevado a ser intolerante, soberbio, prepotente, misógino y altanero.

El Salvador ciertamente necesita disminuir la polarización política que, en gran medida vienen creando los partidos Arena y Fmln desde los mal llamados “Acuerdos de Paz”, pero agregar un tercer elemento de discordia a esta polaridad en nada contribuirá a la paz social, y Bukele deberá recordar que será el presidente no solo de quienes votaron por Gana y ni siquiera por todos los que ejercimos el sufragio, sino por otros dos millones que se quedaron en casa, sabedores de que ninguna de las cuatro opciones era benéfica para los intereses del pueblo.

Este último desafío de Bukele no será fácil de vencer, pues los problemas de personalidad a pesar de que tienen cura enfrentan la muralla de la no aceptación de tener el problema. Entonces el paciente con cualquier trastorno de personalidad cree que todos los demás están equivocados y que él tiene la razón y que por ello lo victimizan.

Ojalá haya alguien entre quienes lo rodean que tenga la virtud y habilidad de hacerle saber al nuevo presidente que no todo es negro o rojo, sino que hay tonalidades, pero sobre todo, que su dios Alá le ha permitido servir a todo un país y que más de un millón de salvadoreños votaron por él confiando que mejorarán sus condiciones de vida gracias a una administración gubernamental que no solo dejará de robar, sino que también sabrá administrar lo poco o mucho que recoja de impuestos o de la colaboración internacional.

Por último, Bukele tiene en sus manos el espinoso reto de buscar y encontrar gente honrada y capaz para compartir su visión ya no de hacer historia sino de pasar a la historia como el gobernante que modificó significativamente el rostro de la sociedad salvadoreña y por ende de la nación.

Rafael Orantes, febrero 4 de 2019

ENERO 2019

El término democracia tiene un pasado sombrío y un origen todavía más cuestionado, porque fue inventado en la Grecia clásica esclavista, durante la cual no solo el acceso al poder sino también los electores tenían que ser de la clase privilegiada. Hoy en día, ciertamente ha cambiado mucho la ejecución del término democracia, aunque siempre se le permite únicamente aspirar al poder máximo a la clase dominante.

Lo que sí ha cambiado es el universo de quienes pueden elegir, aunque con profundas limitantes, que impiden que un obrero e incluso un intelectual liberal no esclavo de las ataduras partidistas pueda aspirar a un cargo presidencial. Los tamices para optar a ser un precandidato son tan cerrados que solo pueden competir quienes tienen la fortuna de su lado.

La democracia salvadoreña, con minúsculas para que no se confunda con el nombre de un partido político, viene transcurriendo paralelamente a la historia de los Acuerdo de Paz, firmados en 1992, es decir, ha madurado casi igual a ese oscuro y mercantilista pacto entre la oligarquía criolla y los guerrilleros del Frente Martí para la Liberación Nacional, ahora partido. O sea, muy poco en cuanto a su perfeccionamiento.

En primer lugar, hasta la reciente y actual elección se ha tomado un poco en serio la pre-selección de quienes representan a los partidos contendientes, al menos en los casos de Arena y Fmln, pues Vamos y Gana prácticamente escogieron “de dedo” a sus representantes, incurriendo, en el caso de Gana, a mancillar el ideal proselitista de quien se autoconsideraba el genuino representante de este partido, el migueleño Will Salgado, a quien los hermanitos Saca le hicieron, como se dice en buen salvadoreño, “la jugada del bobo”.

Decimos que poco se ha avanzado en materia electoral, pues quien es elegido presidente de El Salvador, una vez electo no hay mecanismos para revocar su mandato y el pueblo, en especial aquel sector que no votó por él, debe soportar todo clase de desmanes y equivocaciones, tal es el caso de la reciente declaración del profe Sánchez Cerén, con respecto de apoyar al tirano y sanguinario Maduro a nombre del pueblo salvadoreño.

Sin embargo, lo más delicado para los intereses de los salvadoreños siguen siendo los mecanismos que permiten a un ciudadano acceder a una postulación presidencial e incluso de una alcaldía y diputación, donde priva el volumen de dinero que tiene quien aspira a un cargo para pagar toda la parafernalia que involucra ser candidato.

 Se cumple así el dicho popular de que “quien traga más pinol es quien tiene más saliva”, o dinero. Sin este factor la democracia es un concepto vacío. O sea, le servimos al sistema partidista, pero el sistema político nos ofrece muy poco o nada. Nos utiliza para validar que uno de su clase oligárquica llegue al poder con credenciales democráticas.

Este hecho de exigir que un precandidato tenga la disponibilidad de sumas millonarias de dinero, descarta de tajo que un ciudadano común y corriente pueda competir en una votación presidencial, e incluso en las demás elecciones. Son un ejemplo claro de lo que hemos dicho, las fortunas de más de 8 dígitos de los actuales candidatos: Josué Alvarado, Carlos Calleja, Nayib Bukele y, no lo sabemos, de Hugo Martínez.

Entonces olvidémonos, como decían nuestras abuelas, de que un “pelagato” puede aspirar a una candidatura presidencial. Esto implica que ningún candidato actual y quizá ni a corto plazo representará los genuinos intereses del populacho, el cual solo es un instrumento de los representantes de la clase dominante, llámense Bukele, Josué Alvarado, Calleja o Hugo Martínez, ligado no a la ANEP, pero si al consorcio ALBA, del cual también es parte Nayib Bukele como socio mercantilista del exguerrillero José Luis Merino.

Para mayor información sobre este tema, puede leer la investigación realizada por el periódico digital EL FARO, visitando el sitio:

https://elfaro.net/es/201901/el_salvador/22845/Bukele-se-divorci%C3%B3-del-Frente-pero-no-del-grupo-Alba.htm

No nos extrañe por lo tanto que cualquier crecimiento económico del país a quien beneficia mayoritariamente es a las familias que financian a los partidos políticos, quienes además de patrocinar propaganda, mítines y toda la organización del proceso electoral partidistas ponen al candidato. Nayib Bukele, por ejemplo, tiene atrás de él a toda una comunidad palestina que apuesta –con dinero- que será “su” presidente. Jamás del pueblo.

Ingenuo será aquel salvadoreño que piensa que una vez su candidato llegue al poder, le satisfará todas aquellas demandas que, durante la campaña hizo de manera personal o por medio de sistemas informáticos al candidato de su predilección. Para ilustrar esto último, tomemos como ejemplo la mejora a la infraestructura vial que la administración del profe Sánchez Cerén realiza en estos momentos en la carretera hacia el Puerto de la Libertad.

Este y cualquier otro proyecto no responde a la necesidad de mejorar el ingreso y salida de los habitantes de los municipios costeros, sino que expresa el interés de la gran empresa, no solo nacional sino internacional, por contar con una carretera amplia que tenga fluidez para invertir en megas infraestructuras de turismo. Se beneficia al pobre, pero esto es coyuntural para que el obrero o dependiente llegue pronto a sus lugares de trabajo y rinda más.

Pese a todo este panorama gris de una democracia que desde su origen es curvada a los estamentos de poder, y porque es injusto que el 51% se imponga a los deseos de un 49%, la Humanidad no ha encontrado hasta la fecha otro sistema que garantice igualdad y el concepto seguirá siendo vació, porque lo de “poder al pueblo” solo seguirá teniendo contenido conceptual, por más que los partidos hagan primarias y los candidatos abracen a la gente durante la campaña proselitista.

Rafael Orantes. San Salvador, 26 de enero de 2019

PLAN DE NACIÓN O SÁBANA DE PLAGIOS

No nos sorprendió que el candidato de GANA diera a conocer un mamotreto que llamó “plan de nación”, sacado  de la “manga de la camisa” o, más propiamente dicho, copiado de distintas fuentes de internet con nombre y apellido: Ministerio de Salud, Universidad Pedagógica, Aeropuerto de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) y, quien sabe, si hasta de nuestra página Gentepoderosa.com, lo cual quizá nunca sabremos, dado que leer casi mil páginas de esa ensarta de quimeras no es fácil y damos por hecho que ni los propios dirigentes de Gana o el mismo Nayib lo han leído completo.

Desde un inicio supusimos que Bukele entregaría un esperpento textual como plan de nación, a partir de conocer a los individuos que lo estaban elaborando, entre ellos un personaje de oscuro pasado de nombre Paul Steiner, quien defendiendo en televisión su “copia” y “pega” de múltiples investigaciones académicas y científicas sin colocar citas o entre comillas, afirmó que lo que había sucedido fue que “las comillas se cayeron al momento de pegar los textos”.

¡Válganos Dios! O él se ha contagiado terriblemente de la inopia supina del topado confeso Felix Ulloa, o con el desdén que caracteriza a los representantes de NUEVAS IDEAS nos considera a los salvadoreños como retrasados mentales, incapaces de saber que ningún signo ortográfico se “cae” de un texto, sino que tales comillas que testificaban la transcripción de los textos fueron borradas adrede.

El “delete” de las comillas, la falta de citas, la colocación de fotos dadas a conocer como maquetas y las denuncias de los ofendidos de haber tomado sin su autorización documentos, investigaciones,  políticas nacionales, etc. convierten al plan de nación de GANA en un escrito increíble, el cual, para terminar de cerrar el círculo de la falacia fue dado a conocer en un programa que fue vendido como “en vivo”, pero realmente había sido grabado en 4 largas y conflictivas horas entre Nayib y el equipo de producción de Canal 12.

Ver el majestuoso aeropuerto de Abu Dabi, el cual fue presentado como maqueta de la terminal aérea que, solo en la mente engañadora de Bukele será construido en La Unión, nos aclara que el candidato de GANA está jugando con la inteligencia de los electores. Pero si es censurable la ensarta de engaños plasmada en el mal llamado plan de nación, es más delicado todavía que gran parte de sus seguidos creen todas esas mentiras.

El problema entonces no es, como diría el cantautor Ricardo Arjona, que Nayib Bukele trate de darnos “atol con el dedo”, sino que la gente humilde e iletrada hasta abre la boca para que le metan ese dedo embadurnado de falsificaciones, quimeras y payasadas, justificando su desatinado apoyo por el resentimiento y la frustración de gobiernos anteriores. Sin embargo, recordemos que, como diría Mandela, “el rencor es como tomar veneno y esperar que mate a nuestros enemigos”.

El salvadoreño debe de una vez por todas abrir su mente y descubrir que nada cambiaría con la llegada de Bukele, pues él es uno de los mismos a los que tanto ataca y si de devolver lo robado se trata, él deberá hacer cola también. Primero: para construir un remedo de aeropuerto como el mostrado requeriría de más de 400 millones de dólares, fondos que los tendría que sacar de nuevos impuestos que terminarán pagando quienes apoyan al candidato de GANA. Segundo: lejos de atacar a la oligarquía y a empresarios explotadores, Bukele fomentaría leyes que beneficien a este sector, porque él es uno de ellos.

De todos es conocido que en el pasado recibió más de $40 millones con su agencia de publicidad, pero esa empresa es solo la punta de iceberg. Bukele está ligado a toda clase de empresas, desde distribuidoras de motocicletas hasta venta de cerámica. Dinero tiene hasta para pagar una campaña electoral que hasta diciembre del año recién pasado superaba los 7 millones de dólares, de acuerdo a Acción Ciudadana.

En los próximos días se espera que hasta triplique ese gasto, pues días atrás invirtió cientos de miles de dólares para organizar 111 puntos para registrar a aquellos ciudadanos que estuvieran dispuestos a “defender su voto”. La convocatoria fue un rotundo fracaso. Luego gastó otros cientos de miles de dólares en organizar su show pregrabado para dar a conocer el por ahora comentado “plan de nación”, evento que incluyó pagar a varios canales para lo transmitieran.

Son tantas las equivocaciones que viene cometiendo el candidato de GANA, entre ellas unirse a este partido ligado al expresidente Saca y cuna de corruptos, que sensatamente cualquier diría que a Bukele solo lo seguiría su familia, pero no es así. La realidad es que tiene muchos simpatizantes, gente ciega a la realidad que no le importa caer en el vacío que ofrece un populista y aprendiz de caudillo.

Y como los pueblos tienen los gobiernos que merecen, una sociedad inculta y políticamente despechada como la nuestra no sería remoto que en el peor de los casos termine escogiendo a su propio verdugo, rehuyendo paradójicamente de elegir a cualquier de los otros candidatos, dizque por su lastre partidista, no obstante que los tres: Josué Alvarado, Carlos Calleja y Hugo Martínez tienen hojas de vida casi intachables, poseen las competencias para ser eficientes como presidentes y, hasta ahora han demostrado madurez política y mucha cordura sin revanchismo.

El pueblo salvadoreño debe recordar que ya tuvimos dos bachilleres populistas: Tony Saca y Mauricio Funes. Que la tercera no sea la vencida. El vivo entiende a señas y los tontos aprenden a palos.

Rafael Orantes, enero 19 de 2019

Estamos en la recta final del proceso electoral. Los cantos de sirena siguen pululando en los spots de televisión y cuñas de radio. La propaganda de algunos candidatos sigue enfatizando en acusar a los oponentes sin ofrecer concretamente nada al ciudadano honrado y trabajador, quien sigue enmarañado en sus vicisitudes, miserias e inseguridades.

Al escuchar una campaña electoral que hasta ahora no ha logrado aterrizar en ofrecimientos concretos, creíbles y ejecutables, principalmente del candidato que, según las encuestas va primero, seguramente habrá más salvadoreños que extrañe las figuras carismáticas de aquellos líderes que encendieron pasiones y crearon muchas expectativas en los años 70 y 80.

Desafortunadamente el liderazgo es actualmente el gran ausente en todos los ámbitos de la sociedad salvadoreña. El lugar de los líderes de antaño que guiaban a nuestra juventud es ocupado hoy por divas y figuras del espectáculo o del deporte y a nivel político las personalidades que siguen en la palestra son las mismas figuras de hace 20 o 10 años. Dinosaurios que se resisten a dejar sus puestos de poder. Prueba de ello es que seguimos viendo rostros decrépitos y marchitos que de una manera u otra impiden que las nuevas generaciones o "camaradas" con sangre joven asuman con propiedad los destinos de El Salvador.

Sin embargo, el liderazgo en El Salvador no es que haya perdido su efecto, quizá extraña su frescura. Lo que ocurre tanto en el plano social como cultural, político, deportivo y empresarial, es que pocas personas tienen los atributos y asumen los retos que conlleva ser líderes, pues algunos si bien es cierto están en boca de todos, en su esencia no dejan de ser políticos que se suman a los muchos oportunistas que buscan el poder para perpetuar influencias de clase, raza e incluso familias, pues la primera decisión que toman cuando llegan al poder es colocar a familiares en puestos claves, en detrimento de otros salvadoreños que por mérito les asiste el derecho de planificar y ejecutar el desarrollo social y económico de el Salvador.

La pobreza de líderes en nuestro país ha dado lugar o cabida a caudillos que como en los viejos tiempos del militarismo aprovechan cualquier coyuntura para ejercer el control no solo de los partidos políticos, sino del país, como fue el caso del nefasto primer presidente que ha tenido la izquierda salvadoreña, quien a través de su programa de entrevistas se "vendió" como paladín de la justicia, señor de la transparencia y defensor de los pobres, pero que cuando llegó al poder actuó a la usanza de los más corruptos gobernantes que le precedieron, o el caso del último presidente de Arena, quien pese a no haber demostrado dotes de estadista cuando ejerció el poder entre el 2004 y el 2009 ni haber resuelto los problemas que eran y son la tranca para que El Salvador avanzara, tuvo el descaro de postularse otra vez en las elecciones presidenciales del 2009 y pretendió o tuvo la osadía de tratar de convencer a la población de que tenía las soluciones para erradicar la pobreza, la violencia, la injusticia social, etc. Evidentemente y gracias a Dios, en esas elecciones cuando quiso una segunda oportunidad para quizá entronarse como "rey", sus recetas solo convencieron a unos 300 mil conciudadanos adeptos al partido GANA, que el promotor de las “reflexiones de Tony Saca”, atacando la corrupción, el despilfarro y las malas conductas de funcionarios, había fundado precisamente con dinero de Casa Presidencial.

No hay duda de que personajes como Roberto d´Aubuisson, José Napoleón Duarte o Schafik Hándal son cada vez más escasos y, curiosamente los tres fallecieron de manera dramática antes de tiempo. Los líderes de hoy carecen de carisma y muchos están en boca de todos más por el dominio de las redes sociales que tienen y los sostienen, por compra de voluntades o bien por las mafias que los apadrinan. Y lo terrible es que a falta de auténticos líderes, parte del pueblo ha puesto sus ojos y oídos en algún encantador o flautista que, con alguna cantaleta bien nos puede llevar a todos al matadero.

Insistimos. Hacen falta líderes, porque nadie tiene ese halo de atracción que llama a seguirlos, admirarlos e imitarlos, y en su lugar se vuelven como la luz de chanflones focos que atraen a las polillas. Pero resulta que el liderazgo no sólo debe magnificarse a nivel político, mucho menos influido por campañas mediáticas a favor o en contra, pues muchos de los seguidores de los líderes actuales lo son sólo de referencia, pero en realidad no se sienten respaldados por estos, ni siquiera se sienten identificados con ellos, como puede suceder cuando el líder visita nuestros hogares, comunidades o instituciones académicas, donde los efectos de un líder son más directos, multiplicadores, visibles y trascendentales.

Rafael Orantes, enero 12 de 2019