Rafael Orantes

La música pop, que surge antes que el rock´n´roll pero que se engrandece después del aparecimiento de míticas figuras rockanroleras como Elvis, Little Richard, Fat Dominos o Chuck Berry, se ha mantenido casi invariable durante casi 70 años, generando durante estos tres cuartos de siglo distintos subgéneros y variantes de una década a otra.

En los sesentas el pop fue una expresión ingenua relacionada con la diversión en las playas, ejemplo de este momento son los Beach Boys, The Surfaris o los Venturas, o al final como parte del movimiento hippie: The Mamas & The Papas, Scott Mckenzie y The Fifth Dimension. Las excepciones fueron aquellas agrupaciones que trascienden su tiempo, entre ellos el estadounidense Bob Dylan y los Beatles, Who o los Rolling Stones y quizá en general gran parte de grupos ingleses que formaron el movimiento de la invasión británica a los Estados Unidos, a partir de 1964.

En los setentas la música pop adquiere mayoría de edad y se mezcla con géneros sustanciales como el folk y el soul. Los Estados Unidos se quitan un poco la paternidad inglesa en cuanto a producciones de música pop y emergen figuras de la talla de los Carpenters, Romones, Aerosmith, Eagles, Doors, Kansas, Earth-Wind & Fire, Donna Summer, Jackson Five, John Denver, Don McLean y la banda Chicago, entre muchos otros, y fuera de los EE. UU. se destaca la presencia del cuartero sueco ABBA, todo ellos fueron importantes embajadores de la música contestataría, ecológica o simplemente con esenciales mensajes líricos y seductoras partituras.

En los ochentas el pop retoma las fuentes británicas  y se alimenta de canciones de Depeche Mode, Duran Duran, Dire Straits, Pet Shop Boys, U2, A-Ha, Human League y Talk Talk, entre otros. También hubo presencia de agrupaciones estadounidenses, pero menos impactantes que durante la década anterior.

En los 90 vemos el reforzamiento de otros géneros paralelos al Pop, entre ellos el reggaetón, que comenzó a difundirse en los 70 y luego el perreo, corrientes nacidas en las entrañas de barrios panameños y caribeños inspiaradas en el Reggae de Bob Marley y que traen otro concepto de letras, no solo comparado con el Pop en inglés, sino con el propio Pop en castellano que también tuvo en grupos como Soda Stereo, los Caifanes, Maná, Los Enanitos Verdes y Alejandra Guzmán a sus más dignos representantes.

Unos y otros han cantado de todo, haciendo referencia incluso al sexo. Así, mientras el crooner argentino Sandro le cantó en “Trigal” a la vulva en los 70 con las siguientes palabras: “Trigo maduro hay en tu pelo; robó quizá la luz al sol. Yo soy el dueño de tu fruto, soy el molino de tu amor... ¡Ay! Trigal, dame tu surco y dame vida, borra mi tiempo y esta herida, si ya es mío tu trigal”, en la segunda década del dos mil Nicky Jam dice en el tema “La Groupie”: “Ella quiere sexo, yo bellaquera, darte como una perra, como una cualquiera, halarte por el pelo, agarrarte por el suelo, usarte como escoba, aúlla como loba”.

Vemos que en la mayoría de perreos y reggaetones no existe el enmascaramiento y los mensajes son más que explícitos, obscenos. Pero aun así es la música en boga de en este siglo XXI y, quizá sin tener conciencia de sus mensajes, hasta niños de 5 años las cantan por doquier y no solo eso, también se mueven seductoramente al compás de sus sincopadas notas.

Rafael Orantes, jueves 19 de julio de 2018

El Mundial de Fútbol 2018 ha sido una competencia suigéneris. Los favoritos, ALEMANIA, ARGENTINA, ESPAÑA, PORTUGAL y BRASIL se fueron quedando en el camino uno a uno; las selecciones chicas como PANAMÁ y COSTA RICA solo dieron la sorpresa de ser más pequeñas en su volumen de fútbol de lo que se esperaba; la campeona ALEMANIA se fue en la primera ronda; al equipo anfitrión RUSIA no le alcanzaron las barras dentro de los estadios para influir en los resultados y llegar a la final.

MÉXICO dio solo una sorpresa, ganar a los alemanes, el equipo Campeón de Brasil 2014, pero de ahí en adelante no logró lo que tanto ansiaban, que no era ser campeones y ni siquiera llegar a la final, sino alcanzar el famoso “Quinto partido” del cual se quedaron con las ganas.

Cuatro grandes perdedores del Mundial de Rusia fueron los equipos de Italia y Chile, así como los goleadores Zlatan Ibrahimović que no fue convocado por el entrenador de Suecia ni Karim Benzema que fue apartado del sorpresivo campeón Francia, sin oportunidad de estar en su segundo Mundial.

Qué lectura dar entonces a los resultados ya conocidos de este Mundial de Rusia 2018. En primer lugar los equipos ya mencionados como favoritos lo fueron porque previamente habían ganado copas en distintos mundiales. Brasil ha ganado cinco, Alemania cuatro, Argentina dos y España 1. Uno de los grandes ganadores de copas ausentes de este mundial es Italia, que fue despachada en las eliminatorias previas. Uruguay tiene 2 copas en su aparador e Inglaterra y Francia una copa, ganadas en el 66 y 98, respectivamente.

De todos los ganadores de copa, solo Francia sigue vivo y enfrentará el domingo 15 a Croacia, cuyo mejor desempeño fue el Tercer Lugar en el Mundial de Francia 1998.

Es curioso, pero también puede tener explicaciones más allá de lo deportivo, que las selecciones favoritas que se quedaron en las primeras rondas cuentan con los jugadores más representativos del fútbol mundial.

Argentina y su Messi, Portugal y su Cristiano, España y su Iniesta, Brasil y su enclenque Neymar y Alemania con figuras para formar no sólo una selección A, sino varias.

Reflexionando que tenían o tienen en común las selecciones que pese a ser favoritas resultaron un chasco en el Mundial de Rusia, lo que tienen es precisamente a esos llamados “crack” o jugadores de máxima calidad, únicos con su estilo y exitosos como goleadores. Pero ninguno brilló anotando goles, tal como se esperaba.

Pero no solo no resplandecieron con luz propia tal como los hinchas de todo el mundo lo esperaban, sino que contagiaron a sus compañeros de una actitud derrotista, pues siendo ellos delanteros consagrados y estrellas adoradas en quienes se depositó toda la confianza de ganar, no solo las aficiones sino también los entrenadores y los demás integrantes de sus selecciones, tal parece que los nueve restantes de sus equipos no vieron en ellos a un genio con quien compartir momentos de gloria sino una sombra que opacaría cualquier esfuerzo y deseos de triunfo. Decimos 9, porque los guardamentas sí hicieron un decoroso papel en este Mundial.

Si tan buenos son como la prensa deportiva los ha ensalzado, Messi, Cristiano, Iniesta, Neymar debieron demostrar su valía en la cancha, pero desafortunadamente el fútbol es trabajo de equipo y Messi no tuvo a sus consagrados compañeros del Barcelona ni Cristiano a los suyos del Real Madrid.

Aunque es hipotético decirlo, pero quizá Argentina hubiera tenido un mejor desempeño sin Messi y Portugal sin su CR7. Nunca lo sabremos pues a estas alturas esa conjetura resulta ser una ordinaria utopía que más de alguno compartirá, mientras otras dirán lo que se les ocurra.

Lo cierto es que no podíamos dejar de reflexionar sobre este Mundial de Rusia que ha sido el gran distractor mundial que nos hizo olvidar al coreanito Kim Jong-un, la crisis de Nicaragua y al dictador Maduro, entre muchos otros eventos que son más trascendentales en sus respectivos países.

Rafael Orantes, jueves 12 de julio de 2018

Hombre y mujer no somos iguales, por mucho que traten de equipararnos los grupos feministas y algunos políticos de izquierda. Dios no lo quiso así o la evolución con su sapiencia natural nos hizo indiscutiblemente diferentes.

No vemos mujeres calvas, excepto que estén sometidas a quimioterapia. La mujer tiene ovarios, vientre, útero, mamas desarrolladas, más carnosidad en los glúteos, voz suave y fina, rostro delicado.

El hombre, en cambio, tiene voz áspera, “manzana de Adán”, músculos pectorales, barba y bigote y algunos centímetros extras entre sus piernas. Algunos hombres llamados “metrosexuales”, se acicalan, desarrollan nalgas y disminuyen su cintura. Pero siguen siendo hombres, porque jamás, aunque se pongan en tratamiento hormonal o se hagan cirugías se volverán anatómicamente mujeres, en el más perfecto sentido de la palabra MUJER. Ni siquiera los hermafroditas o los transexuales podrán tener hijos alguna vez.

Aceptar el hecho de que hombres y mujeres somos distintos pero complementarios no es el problema, pese a que algunos grupos defensores de la igualdad y abanderados de la inclusión de género nieguen esa realidad y pretenden de forma mediática o mediante decretos forzar la anulación de tales distinciones entre hombre y mujer.

El problema es que escudados en esa natural desigualdad el hombre ha sometido a la mujer, colocándola en algunos momentos de la historia y en determinadas regiones como un ser de segunda clase. En la religión no se diga. Jesucristo no tuvo ningún apóstol femenino y la mención de la mujer en los libros sagrados no es de la forma más loable para dignificación a la mujer. Si no, veamos que en Genesis se nos habla de que “Dios tomó de la costilla del hombre e hizo una mujer”. O bien que, “con mujer ramera o infame no se casará (el hombre, sino que) tomará por esposa a una mujer virgen”. Ya no se diga que en el Antiguo Testamento hay una especie de alegoría a la poligamia.

A nivel social, de hecho la mujer hace menos de un siglo no era considerada ciudadana con todos los privilegios que esa nominación exige.

En El Salvador, solo fue hasta la década de los 50 del siglo pasado cuando se  reconoció, mediante decreto constitucional, que todas las personas mayores de 18 años tenían el mismo derecho al voto, más allá de su género.

Los defensores del concepto “inclusión” en su afán por reivindicar derechos de la mujer, cometen el error de excluir al hombre. Organizaciones como ISDEMU, las Dignas o las distintas “Ciudad Mujer” ven al hombre de menos y aunque pueda aportar ideas o prestar sus servicios profesionales, lo marginan solo por el simple hecho de ser… varón. Es decir, dignificar a la mujer no debe significar mancillar al hombre, solo por su género.

Como lo dijimos líneas arriba, que hombres y mujeres somos distintos es indudable, pero ciertamente son esas diferencias las que nos hacen complementarios unos a otros. Sería muy aburrido que fuéramos iguales.

Rafael Orantes, 5 de julio de 2018