LA AMBIVALENCIA DEL FENÓMENO NAYIB

SEGUNDA DE TRES PARTES

En la primera entrega de esta reflexión sobre lo que llamamos Fenómeno Nayib, concluimos diciendo que la personalidad del alcalde capitalino es demasiado ambivalente. Lo dijimos porque por un lado se declara abiertamente de izquierda. Tuvo al desaparecido comunista ortodoxo Salvador Arias como uno de sus referentes, pero también tiene entre las filas de su partido en formación a un voluble Walter Araujo a la par de un marxista como Dagoberto Gutiérrez.

Cualquiera diría que esa extraña mezcolanza responde a la integración de un partido multiideológico, pero lo cierto es que Nuevas Ideas parece que será un mondongo de criterios, pero solo habrá una ideología, una voz y una decisión: la del mismo Nayib, sin saberse a ciencia cierta hasta la fecha si el alcalde respondería a su supuesta creencia izquierdista, a sus intereses de clase y su posición empresarial, dado que pertenece a una estirpe nada cercana a promover ideas socialistas o bien a su propio egocentrismo exagerado.

Además, por mucho que se hable de ideas nuevas para gobernar, los megaproyectos de la actual administración edilicia capitalina dejan en claro que esas “Nuevas Ideas” están cargadas de “viejas mañas”, pues tanto las remodelaciones del Centro Histórico como el alquiler del Mercado Cuscatlán no han sido nada transparentes.

El Centro Histórico podrá al final –no se sabe cuándo, luego de casi un año de haberse iniciado– mostrar un rostro más cosmopolita de la Capital, a tono con las grandes urbes que sirven para solaz esparcimiento de propios y extraños; sin embargo, los costos no solo financieros directos de inversión puestos por los ciudadanos vía impuestos, sino también el precio que los habitantes hemos pagado con los tremendo y cotidianos congestionamientos que dichas obras han generado, ponen en tela de juicio la capacidad operativa del planificador de esta magna obra. Y si así ha funcionado de mal un proyecto municipal dirigido por el alcalde capitalino, ¿qué nos esperaría si las obras fueran a nivel nacional?

En cuando al Mercado Cuscatlán, el contrato de arrendamiento fue suscrito por el alcalde de San Salvador, por un monto mensual de $85,000 a 25 años plazo. Es decir que los contribuyentes pagamos un millón 20 mil dólares al año. Multiplique usted cuanto se le dará al dueño de este local… por supuesto de la misma etnia que el alcalde: palestino. Y no solo en el arrendamiento del local hay transacciones turbias, pues también por el alquiler del parqueo adyacente se paga una suma onerosa con dinero de los contribuyentes. 

Ese local, por viejo e inadecuado según la zona, tendrá a lo sumo un precio no mayor a los 10 millones de dólares con “marufia” en su plusvalía, aunque cuando el alcalde hizo el lanzamiento del proyecto, dijo que el valor del edificio ascendía a $7 millones.  Pese a ello, el balance 2008 de la Sociedad Desarrollo Universal S.A., dueña del edificio, inscrito en el Centro Nacional de Registros (CNR), demuestra que el inmueble tiene un valor de $828 mil.

En cuando a la conformación del Partido Nuevas Ideas, no está por demás recordar el viejo adagio: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. A las “viejas mañas” de cómo gobernar hay que sumar ahora que se van anexando al partido en formación corruptos de siempre, viejos y vetustos rostros con oscuro pasado político y resentimientos por haber sido expulsados o marginados de alguno de los partidos tradicionales.

Como ya lo expresamos en la entrega de la semana pasada, es de genuino interés patriótico saber qué es lo que realmente piensa impulsar el actual alcalde capitalino con su nuevo partido. Por ahora solo le damos a Nayib Bukele el beneficio de la duda a mediano plazo, dando tiempo para que se vayan aclarando esas “nuevas ideas” y el Fenómeno Nayib tenga un fundamento más sólido cuando deje de ser el cascarón que ahora es.

Esperamos también que el alcalde defina el papel que jugarán en su nuevo partido y sobre todo en su equipo de trabajo, al viejo modo de “Los Amigos de Mauricio Funes”, a los que muchos llaman “los amigos de Nayib”, un grupo con políticos taimados que vienen de hacer daño al pueblo o que nunca han demostrado fidelidad mucho menos ética en sus gestiones gubernamentales debido a sus sucios y obscuros trabajos paralelos al partido que representaban.

Todo este ambiente empañado nos lleva a presentar en la próxima edición de Gente Poderosa el Decálogo del por qué no votar por Nayib. No es un conjunto de razonamientos escritos en piedra, pues ya dijimos que hay mucho por ver en el devenir de Nayib Bukele.

Esperamos que el Tribunal Supremo Electoral no ponga cortapisas al alcalde para inscribir a su partido Nuevas Ideas y que tampoco él como candidato tenga ninguna objeción en su carrera presidencialista. En los regímenes democráticos a los buenos se les premia con un puesto de mando y a los malos se les castiga no eligiéndolos. El pueblo como que ya descubrió el poder que tiene su voto. Caso concreto, no elegir por fotos a diputados del Fmln.

Confiamos en la sensatez de los salvadoreños, que aunque muchos son iletrados, que aunque pobres la mayoría, sabrán no dejarse embaucar por un encantador que por ahora navega en una burbuja y cuyos hechos contradicen a sus elocuentes palabras, pero sobre todo a su aparente rol de redentor.

Ciertamente falta mucho camino por recorrer, aunque sean apenas 10 meses para elecciones presidenciales, por lo que seguiremos esperando esa plataforma electoral de Nuevas Ideas, aunque sabemos que si son esos rancios políticos que se mencionan cercanos al alcalde, como lo son Walter Araujo, Juan Ramón Medrano (excomandante guerrillero), Porfirio Chica (ex mano derecha de René Figueroa) y el diputado electo Juan José Martel, entre otros,  desde ya anticipamos que Nuevas Ideas ofrecerá una plataforma de gobierno demagógica y populista, es decir, más de lo mismo que ha fracaso en los seis gobiernos anteriores, con el aderezo de que su líder ha mostrado muchos aspectos negativos para un buen gobierno, tal y como lo espera y merece la sociedad salvadoreña.

Rafael Orantes. San Salvador, 16 de abril de 2018

SIGUIENDO AL FLAUTISTA DE SIVAR

Las sociedades en crisis actúan muchas veces como lo hacen aquellas personas que son arrastradas por frenéticas corrientes marinas. En lugar de proceder con calma y sensatez se desesperan y terminan ahogadas en su propia impotencia.

Así lo hizo el pueblo alemán de principios de los años treinta, cuando sumido en la pobreza y el derrotismo causado por la Primera Guerra Mundial, optó por escoger como gobernante a un tipejo con aires de grandeza, llamado Adolfo Hitler.

Lo mismo hizo la sociedad venezolana en tiempos más recientes, cuando cansados de políticos corruptos y sinvergüenzas eligieron al autoproclamado salvador de la patria bolivariana, el comandante Hugo Chávez.

Nadie ignora el sufrimiento que viven los venezolanos, quienes languidecen en un país rico en recursos naturales, pero con un Nicolás Maduro y sus secuaces que no muestran la más mínima intención de abandonar el botín llamado gobierno.

Acá y ahora, los salvadoreños hemos dado testimonio de nuestro propio cansancio de una rancia clase política, enquistada en todos los órganos del Estado cual sanguijuelas, gozando de inmerecidos privilegios que ofenden el noble desempeño de un funcionario público.

Podemos afirmar que es justo que la población sienta asco por la voracidad de nuestros políticos, desde los presidentes de los tres poderes del Estado, hasta los alcaldes y diputados, pasando por funcionarios de confianza como ministros, viceministros, presidentes de autónomas y cualquier otro cargo que tenga poder decisorio.

Esta frustración del pueblo salvadoreño podría llevarnos a la ruina total, como le ocurrió a los países ya mencionados, Alemania y Venezuela. Y es que con la soga al cuello, nuestros ciudadanos podrían escoger a falsos paladines que prometen transformaciones sociales, pero que al final solo darán cambios involutivos que terminarán esclavizándonos.

El pueblo en su particular idiosincrasia, sigue creyendo en “pajaritos preñados”. Todavía en pleno siglo XXI hay muchas personas crédulas e ingenuas que esperan estar ante un líder perverso, solo si este amenaza con dañar al pueblo.

Estos salvadoreños olvidan que ni Hitler, Mussolini o Chávez anticiparon que llevarían a sus pueblos por los peores derroteros de su historia social, política, cultural y económica.

El Salvador afronta a un posible caudillo como presidente. Nayib Bukele es una seria amenaza, y no para los partidos políticos tradicionales, sino para las libertades individuales de los salvadoreños.

Pese a ser por ahora solo un cascarón, pues hasta el momento sus “nuevas ideas” no tienen soporte real y creíble, mucho menos esencia, el alcalde capitalino gana cada vez más nuevos fanáticos. Es el calificativo más exacto para tipificar a quienes los siguen, no solo en las redes sociales sino en sus mítines que en algo recuerdan las concentraciones apasionadas de Hitler.

Son fanáticos como los que siguen a un grupo de heavy metal o a un equipo deportivo; un público ciego que no ve o no quiere ver las falsedades y falencias de su líder.

Tratando de ahondar en lo que podríamos llamar “Fenómeno Nayib”, nos hemos cuestionado acerca de cuáles son las reales virtudes y competencias que tiene este particular personaje promovido inicialmente por el decaído Frente Farabundo Martí. Esperaremos a ver si de manera fortuita nos llega su libro biográfico, escrito por un “tinterillero” a sueldo de apellido Galeas, para mejores señas, exguerrinche.

Por ahora todos quienes defienden a Nayib lo hacen como si defendieran a un dogma religioso, lo cual indica que el alcalde capitalino tiene la habilidad del flautista de Hamelin: atrae a la gente, en especial a los jóvenes, solo con el sonido, no de una flauta, sino de embaucadoras palabra. Es el moderno Flautista de Sivar, para utilizar una frase chocarrera propia del lenguaje de los golondrinos.

Muchos quisiéramos saber, y principalmente de la propia boca de su promotor, en qué consiste el proyecto de “Nuevas Ideas” y de qué manera beneficiará a un pueblo sediento de justicia social, equidad, mejores oportunidades.

Es de genuino interés patriótico saber qué planes tiene para erradicar la violencia de nuestras comunidades rurales y urbanas. Cuáles serán los beneficios concretos que impulsaría para elevar los decaídos niveles de calidad de vida de los salvadoreños, con enfoque en los más pobres, que son la mayoría. También es importante conocer cuál es su posición clara y frontal, sin ambages, frente al aborto, la pena de muerte y los matrimonios entre hombres.

En resumen, hay mucho por conocer, no del eventual candidato, que al final mitad mentira mitad verdad lo podremos saber leyendo accidentalmente su biografía, sino que de su eventual programa de gobierno, especialmente porque Nayib es una persona demasiado ambivalente.

PRIMERA DE TRES PARTES

Rafael Orantes, abril 9 de 2018