EL TRUMP-UDO SACÓ “LA CAJA DE LUSTRE”

Comunicador y maestro universitario

Es inevitable reflexionar ante lo dicho la semana pasada por el presidente Trump. Y no es que con su epíteto la Tierra se haya desviado un ápice o al día siguiente nos hayan faltado los frijolitos con huevo y el cafecito en la mesa. Los comentarios de este Trump-udo nos tienen sin cuidado. Es parte de su personalidad actuar unas veces como payado y otras como un chapucero de los arrabales de su nativo Nueva York. Que es inteligente está fuera de cualquier duda; sin embargo, sus opiniones la mayoría de veces ponen en duda la sanidad de su pensamiento, a tal grado de que ya más de alguno en su país ha sugerido que se diagnostique su higiene mental y se le declare incapaz de gobernar.

Y aunque a veces sorprenda, el mundo en poco tiempo se ha acostumbrado a esperar de todo de don Trump-udo, pues cada vez que este septuagenario y controversial millonario habla dice una estupidez o se expresa de manera maleducada y lasciva, especialmente cuando se refiere a las damas o a las personas que no son de su misma etnia, creencias y origen.

Lo dijo de forma fehaciente ese día en la Casa Blanca cuando nos calificó de “shithole”. No quiere a gente de nuestros países, sino de Noruega… La risible petición del Sr. Donald pone de manifiesto una supina apreciación de la cultura nórdica, lo cual amerita una sonora carcajada, porque la gente de ese país jamás llegaría a los Estados Unidos como inmigrante ilegal, menos a trabajar levantando cosechas, lavando platos, construyendo edificios o de jardineros. Un noruego podría ir a Estados Unidos, pero a ocupar la silla de la oficina oval en la cual Trump se sienta y lo haría con mucha más solvencia y con mejor beneficio al mundo, porque uno de los gobiernos más eficientes y sanos es el que tiene su sede en Oslo.

Sin se Sigmund Freud, cualquier puede ver en Trump a una víctima de los trastornos de la personalidad tipo B. Es histriónico y narcisista. De hecho la frase vulgar "Por qué recibimos a gente de países de mierda", que ha motivado tanto alboroto, fue dicha por el presidente como una respuesta de su frustración ante la posición contraria de los legisladores que llegaron a su oficina a negociar alternativas para los inmigrantes que les venció el TPS.

Trump es un personaje impulsivo, emocional, extrovertido y, social y emocionalmente inestable. Se le nota en sus ademanes y en su retórica, siempre escandalosa y alcanzando el linde de lo patético, que no es una persona normal. En nuestro caso, ha olvidado, como diría el expresidente mejicano Chente Fox, que "su boca es el más vil agujero de mierda en el mundo (y) ¿cón qué autoridad proclama quién es bienvenido en Estados Unidos y quién no lo es? ¿Olvidó su origen inmigrante, Donald?".

Como dijimos al principio, el calificativo del presidente Trump-udo hacia nuestro país y hacia otros que han estado amparados al TPS no debe afectar en lo mínimo nuestra estima. “País de mierda” de hecho es un denominador que los mismos compatriotas nos dicen cuando escapan de El Salvador, frustrados por no encontrar las condiciones mínimas para desarrollarse como personas y profesionales por la serie de gobiernos corruptos que nos han gobernado en los últimos 28 años.

Muchos salvadoreños acá mismo en el país dicen lo mismo del gobierno del profe Sánchez Cerén, pues a un año de –afortunadamente- terminar su pésima gestión, nada ha mejorado, solo los bolsillos de nuestra clase política corrupta. La economía sigue en picada y los organismos de seguridad no encuentran la brújula que les permita controlar los índices de criminalidad que nos tienen entre los diez países más violentos del mundo.

Y hablando de un gobierno contradictorio e incapaz, parece que nos dejará esperando la refutación oficial y diplomática a lo dicho por el Trump-udo. El que calla otorga. Y la verdad duele, pero no deja de ser verdad, la diga un salvadoreño enfadado o un presidente racista, narcisista e histriónico.

Reflection written in the country of the shithole, on January 15, 2018, by Rafael Orantes