Iniciamos esta semana reflexiones acerca de cada uno de los cuatro candidatos a presidente. Cuáles son sus falencias  y en alguna medida el por qué no debe ser electo.  Estamos conscientes de que cada uno de ellos tiene sus virtudes y fortalezas para competir, pero de ellas que se encarguen sus equipos de campaña, aparte de que gran parte de los que se pondere en los medios de comunicación y las redes sociales, podemos afirmar a priori que es falso, porque en estas campañas lo que más priva es la demagogia, es decir, el empleo de halagos, falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir y otros procedimientos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política de los candidatos, de los dirigentes de los partidos y de quienes los financian. Comenzaremos con los candidatos de derecha: ARENA, representado por el Lic. Carlos Calleja y de VAMOS, el Sr. Josué Alvarado.

CARLOS CALLEJA

Carlos Calleja es el vicepresidente de Grupo Calleja, la controladora de Súper Selectos, la principal cadena de ventas al detalle del país, que genera alrededor de 7.000 empleos directos y unos 12.000 indirectos. Las operaciones comerciales y filantrópicas llevaron al Lic. Calleja a conocer y establecer nexos amistosos con el magnate mexicano Carlos Slim, el expresidente de EE.UU. Bill Clinton y el benefactor social Frank Giustra.

Lo primero que se nos ocurre por qué no votar por Carlos Calleja, es por el oprobioso pasado del partido que representa. Para nadie es desconocido que Arena ha sido un partido que solo ha beneficiado a sus financistas y ha afectado significativamente al pueblo con medidas privatizadores y gobernantes corruptos.

¿Pero que otros atributos nos permiten decir por qué no debo votar por Calleja? Porque ha sido demasiado tibio hasta ahora en sus planteamientos de cómo sacar adelante a El Salvador. No se sabe si por falta de experiencia política o por lineamientos de su partido. De hecho se le ha criticado ser “demasiado nuevo” en política, dado que su experiencia ha sido primordialmente empresarial y como se sabe, el manejo de la empresa privada difiere en mucho de administración gubernamental.

Algunos, quizá por malicia o por ignorancia, sostienen que no puede ser presidente por ser hijo de padres que no son salvadoreños. Sin embargo, tal parece que es salvadoreño por nacimiento. Pero serán los demás partidos quienes autentiquen el lugar de nacimiento de Calleja.

También se le critica porque la valoración de su persona la ha sustentado en comentarios de su propia familia, de acuerdo a un spot que se estuvo divulgando por la televisión. El punto es que no hay madre en la tierra que hable mal de un hijo. Quizá lo mejor hubiera sido que algunos de sus empleados vertieran opinión sobre su liderazgo.

Al candidato de Arena igualmente se critica su insensibilidad social, a raíz de que en un evento público ignoró a una indigente. Según las conformidades políticas en tiempos de campaña, Carlos Calleja no solo debió atender a la mujer menesterosa, sino que abrazarla y quizá hasta darle un beso en la mejilla, pues es lo que hubiera hecho Hugo Martínez u otro candidato en busca de notoriedad en tiempos de proselitismo. Esta insensibilidad también ha estado asociada a su rol como empresario, pues se le ha criticado que no es lo suficientemente sensitivo con las necesidades de los empleados de su cadena de supermercados y por lo tanto, hay duda razonable de que no lo sea, en caso de llegar a ser presidente, con la clase trabajadora en general.

Finalmente vale ponderar las críticas de algunos dirigentes de su propio partido, que al menos durante las primarias lo percibieron más débil que Javier Simán, un segundo candidato. Ignoramos si a la fecha estos políticos, entre ellos algunos diputados, ya lograron digerir la postulación de Calleja y en lugar de estar socavando su candidatura a presidente, se han sumado a su campaña.  No sería nada extraño en una clase política que dice una cosa y hace otra diametralmente opuesta, que los peores enemigos de Carlos Calleja sean de su mismo partido, incluyendo algunos activistas y correligionarios que están acostumbrados a candidatos políticamente curtidos y capaces de todo.

JOSUÉ ALVARADO

En cuando a Josué Alvarado, el candidato de VAMOS, pese a ser seguramente la única opción limpia, su principal falla es que no ha logrado posicionamiento En países como el nuestro, las figuras públicas logran penetrar en la mente de la gente haciendo cosas descabelladas o victimizándose y siendo burdos en sus análisis de la realidad. Personas como don Josué, muy moderado y con un ingenuo optimismo los votantes los pasan desapercibidos.

Su planteamiento político, que creemos forma parte de su eje de campaña, nos parece demasiado gastado. Decir que no está en contienda por dinero o poder, resulta no solo inverosímil, sino demagógico.

Aunque siempre habla de combatir la violencia y buscar el beneficio de las clases más desprotegidas, nunca aterriza en dar estrategias de cómo lo va a lograr. Sus opiniones siempre han resultado difusas. En honor a la verdad, para nosotros es la auténtica alternativa, aunque sabemos que otro de sus defectos es que carece de una verdadera maquinaria electoral como la tienen Arena, el Fmln y Gana, que están invirtiendo muchos millones de dólares en sus spots, cuñas y anuncios de prensa.

De igual forma el partido VAMOS no tiene la presencia territorial y su candidato, para ser honestos, como que le falta carisma, ese factor que a los políticos les permite ser exitosos y atraer votantes, aunque en algunos casos hasta llegan a parecerse excreta atrayendo moscas, como podría estar ocurriendo con alguno de los cuatro postulantes.

No hay duda que Josué Alvarado necesitará de algún fenómeno propagandístico para volverse competencia de los otros tres candidatos. Y lo peor para él y su partido es que su arrastre no depende de la decadencia de los demás contendientes, pues aunque uno u otro baje su popularidad, el favoritismo hacia VAMOS depende de cómo su candidato vaya penetrando en la consciencia de los votantes; de la forma como mercadee su figura y nos haga saber su plataforma de gobierno. Pero como sabemos que nuestro pueblo de lo más carece es de sabiduría, dudamos que logre despuntar en los próximos y decisivos meses.

Rafael Orantes

San Salvador, octubre 13 de 2018

Temas apasionantes como el periodismo y la docencia, quizá solo la censura, campo en el que me desenvolví de 1984 a 1995 en la Dirección de Espectáculos Públicos, Radio y televisión, en esos años adscrita al Ministerio del Interior, ahora de Gobernación. Crítico de cine venía ejerciendo desde principios de los 80, en la Revista Semana.

Sin saberlo, por diez años desempeñábamos nuestra tarea como censor con un reglamento ilegal, tal como lo enfatizara la Corte Suprema de Justicia en el 2013, al aclarar que carecía de una ley que lo respaldara.

Aparte de ilegal, el reglamento de espectáculos era obsoleto, pues fue redactado en 1948, una época donde no existía la televisión y a los teatros las damas iban con sombrero, de ahí que una de las normativas era que debían quitarse la capota al ingresar a un teatro.

Sin embargo, el llamada “departamento de la censura” siempre cumplió su rol de interventor y contadas excepciones, las cadenas de cine o los canales de televisión nunca se “salieron del huacal”, como se dice coloquialmente.

Entre los casos que hubo desacato a la opinión del censor cabe mencionar la transmisión de los Simpson, que en los años 80 todavía resultaban irreverentes, en especial el trato de Bart a su padre Homero. Con el correr de los años vendrían series mucho más excesivas en su lenguaje soez y/o plástica violenta. Lo curioso es que los Simpson siguieron y nada infernal se le puede achacar a esa familia disfuncional.

Evaluar los espectáculos, como se sabe, es una obligación del Estado, sean estos cinematográficos, televisivos, radiales o en escenarios. Es un mandato ineludible estipulado en el Art. 6 de nuestra Constitución, dado que los medios de comunicación y las salas de cine deben cumplir requisitos básicos que garanticen la salud mental de los espectadores y promuevan aquellos valores universales.

Sin embargo, una ley y su respectivo reglamento que evalúe y autorice una obra debe respetar las predilecciones de los distintos sectores. Nos referimos que en cuestiones de arte, y en alguna medida el cine y los programas de tv. lo son, debe haber para todos los gustos, incluso predilecciones que desentonan con las preferencias de las mayorías, tal como ha ocurrido con la controvertida oposición a la llegada del grupo de heavy metal Marduk, obstrucción que carece de fundamento de parte de algunos políticos, pues asistirán al concierto personas que, venga o no venga esta banda, es su tipo favorito de música y como ciudadanos mayores de edad les asiste el derecho de ver y oír lo que les plazca.

Otros gustarán a reguetoneros, habrá quienes a bachateros y, por qué no decirlo, hay quienes gustan admirar a cantantes de ópera o géneros y artistas que usted o nosotros detestamos. Entonces debe privar el adagio de don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Es curioso que durante 65 años el gobierno salvadoreño evaluó espectáculos con una ley arbitraria y que durante los pasados cinco años la Dirección de Espectáculos Públicos se ha desempeñado sin ninguna ley. Y decimos ha funcionado, porque contadas ocurrencias y disparatados criterios de alguno de sus evaluadores, no hemos sido testigos de ninguna evaluación que trastornara el orden público.

No obstante esa funcionalidad casi empírica, a meses de abandonar el poder viene el Fmln y mediante el ministro de Gobernación presenta un anteproyecto de ley que a todas luces es propio de gobiernos totalitarios, con literales que resultan absurdos, como es el caso del Art. 15, literal D, que señala que los programas categoría D y E solo podrán transmitirse de las 7 de la noche a las 5 de la madrugada.

Esta disposición, de llegarse a aprobarse esta ley, obligaría a los canales de televisión a no presentar noticieros matutinos, puesto que son calificados como D y que por lo general comienzan a las 5:30 am. y siguen a las 12:30 y 1 de la tarde, luego a las 6 de la noche. Todo indica que el fracasado gobierno del profe Sánchez Cerén quiere que la ciudadanía no esté informada del acontecer nacional e internacional.

Al margen de la franja horaria que obliga al ciudadano a ver noticias de las 7 de la noche a las 5 de la mañana, nos parece inadecuado prohibir que un púber o un adolescente vea noticias, pues los hechos violentos, culturales, sociales o deportivos también le incumben a esta franja etaria. Es el mundo concreto que vive el niño y ver la realidad en la pantalla no cambiará nada.

Otro aspecto sumamente peligroso para las libertades ciudadanas que trae esta ley farabundista, es el referente a que será el Gobierno quien diseñará las políticas de contenidos en cualquier medio. Es decir, para que lean en Gentepoderosa mis reflexiones primero deberé mostrarlo a la Dirección de Espectáculos y solo después que ellos aprueben su contenido podré publicarlo. Como diría el aforismo romancero español: “Cosas veredes…”.

Dicho todo lo anterior, lo que los rastreros del Fmln deberían hacer es irse en masa a Venezuela y así “disfrutar” de la censura total que el finado Chávez dejó y que ahora ha intensificado Maduro. Los salvadoreños queremos continuar con el privilegio de ver, escuchar y disfrutar lo que nos ronque la gana. Y si se nos antoja ver al diablo en calzoncillo, ¿por qué hemos de ver a la ciguanaba en fustán?

Y la Dirección de Espectáculos, de la cual fui parte durante diez años, lo mejor que podría hacer es recobrar los cursos para locutores de radio y televisión, que ahora han sido usurpados por la ASDER, haciendo de estas capacitaciones un negocio y no el perfeccionamiento permanente que urgen muchos de quienes tienen el privilegio de hablar en radio o televisión.

Sábado 6 de octubre de 2018, año todavía con libertades ciudadanas y a 120 días de acabar con las torpezas de los rojos e impedir que cualquiera que tenga el corazoncito a la izquierda llegue al poder para seguir jodiéndonos la existencia.

Rafael Orantes

Teníamos otro tema en agenda, pero ver a muchas mujeres marcar posición a favor del aborto nos hizo cambiar el contenido de nuestra reflexión, comenzando por enfatizar que no estamos a favor del aborto bajo ninguna premisa, excepto las ya contempladas por la ley y la sensatez clínica, mucho menos si la justificación es “NOSOTRAS PARIMOS, NOSOTRAS DECIDIMOS”.

Desde el momento en que el espermatozoide rompe e ingresa en el óvulo se gesta una nuevo ser, una nueva vida que día a día va definiendo todas las características humanas, aunque al principio cuesta diferencias entre un embrión de vaca, cerdo o de humano, pero pasados los meses todo muestra que en el feto las características fisiológicas propias de la raza más inteligente sobre la Tierra.

No vamos a entrar en elucubraciones religiosas, pues en ningún texto bíblico o cualquier referencia del cristianismo hace alusión exacta contra el aborto, aunque si pide castigo severo para quien lo ocasionara aunque sea de manera accidental. Lo más cercano a la defensa del embrión lo encontramos en el Antiguo Testamento.

Fue Jeremías, Capítulo 1, versículo 5 quien dice textualmente: “Antes de que te formases en el vientre te conocí, y antes que nacieras te santifiqué”. Es decir, que no solo hay vida dentro del vientre, sino que además ya cuenta para Dios esa personita llamada feto. Quizá por ello  las feministas sostienen que la iglesia no debe intervenir en tan aciaga decisión.

Sin embargo, el punto neurálgico de las defensoras del aborto legal es que la dueña del cuerpo, o sea la mujer que ha sido preñada, es quien debe decidir si permite que esa criatura se desarrolle y nazca o, sencilla y cómodamente suspender abruptamente el proceso de gestación. Dicho en palabras de gente temerosa de Dios, asesinar a una criatura indefensa que jamás tuvo culpa de ser fecundado.

Las promotoras de la despenalización del aborto, que el viernes 28 desfilaron por las calles de San Salvador, gracias precisamente a que sus madres nunca cometieron el delito de abortarlas, en ningún momento aceptan alternativas justas y legales para defender a la mujer que ha sido violada y dejada encinta, entre ellas dar en adaptación a la criatura o proteger y socorrer a la mujer victimizada para que saque adelante a su hijo, no solo con medidas financieras y laborales, sino también con educación y soporte psicológico.

Son miles de salvadoreños, ahora ciudadanos ejemplares y productivos, cuyas madres fueron en su momento violentadas sexualmente y como producto de esa agresión nacieron ellos, gracias a que en ningún momento pasó por la mente de sus madres interrumpir su embarazo.

El problema de legalizar el aborto, tal como lo reclaman políticos que tienen su corazoncito a la izquierda y organizaciones no gubernamentales, tampoco responde a hechos de sexualidad forzada, pues las estadísticas nos dicen algo que debe sorprender a cualquier lector: Más del 50% de las mujeres que abortan lo hace por razones que poco tienen que ver con sus condiciones económicas, personales o afectivas. De hecho, casi la mitad de las mujeres que interrumpe la gestación, lo haría en cualquier circunstancia: aunque ganara más, tuviera un mejor trabajo o una pareja estable.

Vemos entonces que tener una ley en la que cualquier mujer pueda abortar cuando quiera, solo responde a una forma saludable de que la mujer corrija el error de haber quedado embarazada, por cualquier razón, y se deshaga de un hijo, que lo es desde el momento en que quedó embarazada.

Por supuesto que si defendemos el derecho a la vida, también es justo reclamar que cada salvadoreño que nace tenga mejores condiciones de vida. Por otra parte, las leyes salvadoreñas deben profundizarse contra los violadores y contra los machos irresponsables que solo preñan con engaños a una mujer y luego se hacen los desentendidos.

Cabe ya pensar en una ley que aunque resulte medieval podría considerarse como alternativa. Hablamos de los procesos de castración, tanto quirúrgica como química, pero además las penas también deben ser más severas y las cuotas alimenticias mucho más elevadas y no las migajas que les quitan de su salario a padres irresponsables.

Rafael Orantes. Sábado 29 de septiembre de 2018

El controversial diputado a quien no le alcanza el sueldo, Ricardo Velásquez Parker, ha solicitado modificaciones en el Art.151 de la Constitución para que los candidatos a presidente de la República demuestren su instrucción notoria mediante un título universitario de Economista.

Al respecto, hay un dicho que bien aplica a este legislador que siempre anda en busca de protagonismo para luego venir a decir que trabaja y necesita ganar más: “más papista que el Papa”. Y con ello no es que apoyemos que “chinche y telepate” pueda aspirar a ser jefe de Estado, pero que sea economista nos parece un absurdo. En todo caso también tendría que ser abogado, administrador de empresas, ingeniero y muchas otras profesiones para ser eficiente dando indicaciones a sus ministros.

Sin embargo, ninguna carrera académica garantiza que el portador de un título será un buen presidente. Para comenzar porque son tantas las áreas sobre las que debe saber tomar decisiones y por otra parte cabe preguntar entonces cuál será el papel de los ministros que deben ser idóneos dirigiendo una determinada cartera de estado, aunque en el caso del profe Sánchez Cerén solo dos ministros le han sabido responder, pese a que no son ni ingeniero ni relacionista internacional.

Nos referimos a Gerson Martínez y Hugo Martínez, que demostraron competencia. Los demás, comenzando por la Violeta Menjívar y terminando con Sandra Guevara, ministra de trabajo, en lugar de sacar adelante al país lo vienen destruyendo con sus decisiones desatinadas, pese a que la Licda. Guevara tiene un postgrado en derecho laboral, lo que pone en duda la efectividad de los títulos.

Volviendo a la petición de Velásquez, el llorón “mal pagado”, ser graduado universitario per se quizá certifica cierta instrucción, pero no necesariamente notoria, menos que garantice moralidad, que es lo más importante frente al manoseo que nuestros funcionarios hacen del erario público, como si fuera caudal heredado de algún pariente rico. Si no, veamos lo que han hecho todos los gobiernos desde los Acuerdos de Paz, a pesar de que todos, menos Tony Saca, mostraron títulos universitarios, pero que fueron nada éticos en el desempeño de su función.

El primero robó la banca nacionalizada en los noventas, al vender los bancos estatizados y comprarlos él mismo a precios no de mercado, sino según su conveniencia y sin pagar los respectivos impuestos.

El segundo, ya fallecido, privatizó instituciones que bien administradas darían mucha riqueza al país, entre ellas ANTEL. El tercero, también ya bajo tierra, dolarizó la economía y cometió una serie de actos de corrupción, algunos de ellos confesados públicamente.

Del cuarto presidente de Arena, ni hablar. La condena reciente, que al final parece un remedo de castigo lo dice todo. Aunque este apenas llegó a ser bachiller, pero fue excelente en los negocios turbios… Bueno, no tanto porque ha terminado en Mariona.

Entonces, ¿qué se necesita para que un candidato ejerza correcta y honestamente su rol como presidente? De entrada que no sea un político ya manoseado por la tentación de la podredura que da el poder. Hablamos de los alcaldes o diputados que se enquistan en su cargo y solo dejan el puesto para aspirar a otro más lucrativo para ellos. Poco les importa mantener al pueblo sumido en la desgracia y desigualdad, aunque su discurso para continuar en el poder habla de cambiar lo corrompido y los malos.

Pero como lo anterior realmente no garantiza que cualquier candidato sin pasado oscuro, sin licitaciones fraudulentas o negocios turbios, tal como ha ocurrido con el Mercado Cuscatlán que generan cien mil dólares de pérdida a la comuna capitalina, ejerza correctamente su mandato, lo que realmente necesita El Salvador es consolidar la efectividad de las instituciones contraloras de la eficiencia y eficacia de los funcionarios y que estos desempeñen con probidad el rol que el pueblo a través del voto les ha conferido o bien el que se les da por elecciones de segundo grado o nombramientos ejecutivos.

Hablamos de organismos como la Fiscalía, las procuradurías (de la República y de los Derechos Humanos), las intendencias, la oficina de Transparencia y por supuesto las abanderadas de fiscalizar al Estado: la Corte de Cuentas, la Secretaría de Transparencia y Anticorrupción, y la oficina de Probidad de la Corte Suprema de Justicia.

No dudamos que el salvadoreño es pícaro y así lo demuestran sus refranes: “En arca abierta el justo peca”, “No me den, póngame donde hay” (Mario Moreno “Cantinflas”). La historia de casos de corrupción en El Salvador es de vieja data y rica en ejemplos. Únicamente en la gestión del General Maximiliano Hernández Martínez hubo honestidad en el manejo de los bienes públicos. Después de Martínez nunca más, aunque hay que aclarar que la corrupción en los gobiernos del PCN fueron una nimiedad  comparados con los robos de los últimas seis administraciones, incluyendo por supuesto al gobierno actual.

Rafael Orantes. 22 de septiembre de 2018

El concepto independencia hoy en día es sumamente subjetivo y relativo, especialmente en aquellos países subdesarrollados como El Salvador. Incluso Rusia, China, Japón y los Estados Unidos, para solo mencionar cuatro, no pueden jactarse de ser completamente independientes, pues la globalización los hace de alguna manera interdependientes, ya sea en materia comercial, geopolítica o de materias primas que tienen otros países.

Los Estados Unidos dependen en gran medida de la mano de obra de los indocumentados y de los inmigrantes en general. El día que, por alguna descabellada razón se le ocurriera al presidente de la primera potencia mundial expulsar a todos los trabajadores ilegales, ese país se vería en serios aprietos y podría fácilmente perder protagonismo como nación imperio.

Por supuesto que la dependencia de países tercermundistas como el nuestro es más evidente y crítica. Tomemos como ejemplo, ¿que pasaría si el discriminativo Trump decidiera congelar todas las remesas que nos vienen de los compatriotas, tanto legales como ilegales? La economía salvadoreña se desplomaría totalmente en pocos meses y nuestro país se declararía en bancarrota, creando inestabilidad social y seguramente una guerra civil por la escasez de comida, gasolina, medicamentos y todo cuanto adquirimos con las divisas que nos envían los connacionales en los Estados Unidos.

La independencia que celebramos, por lo tanto, viene a ser una retórica que inició de manera oscura en el siglo XIX, cuando los terratenientes y sus representantes –no el pueblo- rompió con la llamada “Madre Patria” para dejar de seguir enviando impuestos a España.

Encontramos en Wikilibros la siguiente nota explicativa: “…Entre algunos ejemplos de los intereses económicos que se escondían tras la lucha independentista, podemos mencionar al P. José Matías Delgado quien era propietario de la hacienda Buena Vista de producción añilera y con una extensión de más de 1500 manzanas; al Gral. Manuel José Arce con propiedades que sumaban 11,648 manzanas, entre las que destacaban las haciendas San Lucas y San Diego en San Salvador; y al prócer libertador de los esclavos, P. José Simeón Cañas, quien poseía la hacienda Jalponguita en Zacatecoluca, con una extensión de 1728 manzanas”.

Pero lo irónico es que tan pronto abandonamos la tutela del rey Fernando VII, caímos en las naguas de los mexicanos y luego en las fauces de los estadounidenses, porque la relación desequilibrada entre El Salvador y Estados Unidos es de vieja data y el rol de los obreros cuscatlecos ha estado siempre presente en el desarrollo de esa potencia, incluyendo poner mano de obra, sudor y sangre en la construcción del Canal de Panamá.

Por supuesto que vivir una fiesta independentista siempre es y será una experiencia alborozada y probablemente por eso nadie refuta que El Salvador, al igual que muchos países, nunca ha tenido una real independencia, quizá vivimos una interdependencia, para usar un eufemismo,  que beneficia según sus propios requerimientos a los Estados Unidos y a nosotros, siendo nuestro mejor socio comercial y por décadas proveyendo albergue a millones de salvadoreños que literalmente huyen del país tanto por la violencia como por las condiciones paupérrimas imperantes.

Rafael Orantes

San Salvador, 15 de septiembre de 2018

Hay temáticas en la semana que nos podemos dejar pasar inadvertidas, como por ejemplo las propuestas anticorrupción que ha dado a conocer el candidato del partido ARENA, Lic. Carlos Calleja, que nos parecen necesarias y ejecutables, aunque reconocemos que hará falta mucho más para disminuir la corrupción galopante que sangra nuestros impuestos.

Mientras otros candidatos presidenciales y partidos ofrecen fantasías y obras descomunales y por lo tanto ilusorias, como es el caso del líder de Nuevas Ideas-Gana que ha ofrecido construir un mega aeropuerto de primer mundo en Oriente o, peor aún, como en el caso del candidato del Frente que junto a su gente más cercana ofrece corregir los errores de los gobiernos de Funes y del profe Cerén.

Carlos Calleja, con todo y las críticas que pueden hacerle, algunas justificadas,  habla específicamente de 5 acciones concretas para comenzar no solo a transparentar el futuro gobierno, sino para tener mayores recursos para invertirlos en salud y educación, que son las cenicientas de la atención estatal a los ciudadanos.

La corrupción en el gobierno, principalmente en Casa Presidencial, viene desde tiempos de Napoleón Duarte y su Democracia Cristiana, pasando por los gobiernos areneros de Cristiani, Calderón Sol, Paco Flores y Saca, hasta terminar en Funes y ahora el profe Sánchez Cerén, que usaron la llamada “partida secreta” únicamente a su beneficio.

La partida presupuestaria asignada a Casa Presidencial y manejada discrecionalmente por el presidente, ha sido una auténtica huaca que ha servido no solo para enriquecer a los gobernantes de turno y sus familiares y allegados, sino también para oscuras transacciones, como compra de voluntades corrompiendo a diputados, fiscales, magistrados y jueces.

Esta partida ha derrochado miles de millones, sin que el pueblo sepa en qué se han utilizado dichos recursos, pues no deja facturas ni recibos ni tampoco es fiscalizada, que es lo que ahora pretende impulsar el Sr. Calleja.

La propuesta concreta del candidato arenero para las elecciones del próximo febrero propone también elevar de 10 a 20 años el periodo para que funcionarios puedan ser investigados por corrupción, así como regular viajes que no han sido otra cosa que vacaciones con el dinero del pueblo.

Nos parece correcto que se suspendan las costumbres viajadoras que tienen los diputados, ministros, magistrados de la Corte Suprema y presidentes de autónomas. Que viajen, pero con su dinero, después de todo tienen salarios arriba de los cuatro mil dólares.

Otro punto importante de la propuesta del candidato de ARENA es abolir el NEPOTISMO, término que el Diccionario de la Academia de la Lengua define como la: “Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos”. El presidente actual del Fmln tiene a toda su parentela en puestos de gobierno con salarios arriba de los cinco mil dólares, incluyendo a nietas que todavía huelen a bolsón del colegio.

Calleja podrá fácilmente evitar el nepotismo, pues no nos imaginamos a uno de sus padres o hijos en un puesto burocrático. Hermanos ni tiene. Pero la prohibición será no solo para él, de llegar a ser presidente, sino para todos sus designados e incluye, como dice la definición, concesiones, que en el caso de Nayib cuando fue alcalde las obtuvo no para la alcaldía, pero si del gobierno que era de su mismo partido, sin dejar de recordar que contrató a su propio hermano y fue sancionado por ello.

Finalmente la promesa de Carlos Calleja es prohibir mediante una ley que se siga asignando fondos a ONG que son propiedades de políticos inescrupulosos, manejadas por esposas o amantes y que en el pasado reciente han recibido millones de dólares, sin justificar su uso.

Los ciudadanos como votantes debemos diferenciar si lo que nos ofrecen los cuatro candidatos son quimeras o acciones que se pueden concretar. Por ahora los demás candidatos de Nuevas Ideas-Gana, Fmln y Vamos parecen andar por las nubes, quizá porque confían que sus seguidores no son juiciosos y van como borregos al matadero, guiados solo por una perversa consigna: acabar con el bipartidismo y con los partidos corruptos del pasado. Pero olvidan, por ejemplo, quien es el partido GANA y quien fue su fundador y actual titiritero: Tony Saca, a través de Herbert Saca, que es el hombre detrás de todas las confabulaciones recientes.

Rafael Orantes

Septiembre 8 de 2018

En los años ochentas, Estados Unidos y Rusia pusieron dinero y armamento para nutrir nuestra guerra civil. El Salvador puso los muertos y lisiados; más de ochenta mil fallecidos, la mayoría de ellos gente civil que no apoyaba ni a la guerrilla ni al Ejército.

La Guerra Fría pasó luego del desmoronamiento de la URSS, en 1989, con un Gorbachov que puso punto final a la “cortina de hierro”. Vinieron pronto otros conflictos, especialmente regionales y raciales, esta vez por el dominio de recursos o la hegemonía de una etnias sobre otra, como en los casos de los Balcanes, las islas Malvinas o las invasiones a Iraq. Pero en términos generales el mundo volvió a respirar tranquilidad. El Salvador alcanzó una firma que garantizaba el cese del conflicto, en 1992.

Ante esta atmósfera sosegada, emergió la otrora cerrada China comunista, que se abrió al mundo adoptando medidas económicas propias del sistema capitalista, aunque en lo social y político siguió mancillando a su pueblo.

Los réditos de esa adopción capitalista llegaron pronto, pues en menos de dos décadas la China roja se convirtió en la segunda economía más pujante del mundo. El descomunal crecimiento de este monstruo asiático causó escozor a la nación más hegemónica de la Tierra en los últimos 75 años. La llegada del ultraconservador y chovinista Donald Trump agudizó el conflicto económico entre China roja y los Estados Unidos, pleito que sigue y ahora arrastra a nuestro El Salvador.

Como en los viejos tiempos, los ahora desteñidos socialistas del Fmln toman una sorpresiva decisión a meses de terminar, de una vez por todas, su tiempo de gobernantes: rompen con Taiwán y se alían a la China roja, necesitada de expandir su dominio territorial.

Con esa discutida relación El Salvador vuelve a ser pieza geopolítica de las dos grandes potencias mundiales. Se liberó de la Unión Soviética y ahora quiere caer en las garras de la China de Mao Tse Tung.

China quiere mayor presencia en América, no solo comercial, sino geopolítica y nadie mejor como aliados de esa potencia que un grupo de insidiosos guerrinches en fase de morir políticamente. Por supuesto que los Estados Unidos ven esta relación como una agravio en su propio “patio trasero” y la posición de nuestro país como un desaire al poder hegemónico y económico que ejerce sobre El Salvador, vía remesas, importaciones y los programas de asistencia.

El presidente Trump percibe esta nueva relación China roja y El Salvador como un acercamiento de nuestro país a su mayor enemigo comercial. Ciertamente somos apenas el último de los países en romper con Taiwán. Costa Rica fue el primero del Área y luego vinieron otros como Panamá y Nicaragua, que como premio recibieron un estadio de fútbol, promesas de ayuda y la invasión de productos “made in China”. No se ha visto mayor repercusión en sus economías como resultado de esa relación con China roja.

Pero a Costa Rica si le afecto mucho que Intel, de los Estados Unidos, se haya ido de ese país. Pero más allá de que la primera potencia mundial no haya hecho berrinche cuando los demás países centroamericanos establecieron nexos con China comunista y ahora el Departamento de Estado vocifera que revalorará las relaciones con El Salvador, debemos suponer que este conflicto tiene raíces más profundas que el simple hecho de que viven más de tres millones de salvadoreños en la tierra del tío Sam o que los Estados Unidos es nuestro mejor socio comercial.

Entre telones se habla de que el auténtico interés, tanto de los EE. UU. como de China continental tiene nombre, color, peso y volumen, y se llama petróleo. Miles de millones de metros cúbicos podrían estar en toda la zona del Golfo de Fonseca. Pero no solo habrá el llamado “oro negro”; se supone que también hay otros metales preciosos para el desarrollo armamentista de cualquiera de ambas potencias.

Por ahora nos quedamos con la expectativa por saber en qué terminará la anunciada revaloración de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con El Salvador, entre cuyas medidas probables podría estar disminuir la asistencia o cancelarla y en los casos extremos profundizar la expulsión de nuestros compatriotas que están ilegales. Pero podría ser también que se congele el envío de remesas.

Dentro de todo este clima de incertidumbre, que como es usual la comandancia del Fmln y altos funcionarios del gobierno del profe Cerén minimizan, tenemos a la vista la elección de un nuevo gobierno.

Si el Fmln y sus aliados ocultos Gana, Cd y Nuevas Ideas no convencen con hechos a la población de que las relaciones diplomáticas con China roja será de notable e inmediato beneficio, los ciudadanos tendremos la valiosa oportunidad de elegir a un presidente que desde ya se comprometa a romper con China comunista porque pone en peligro la estabilidad económica de todos los salvadoreños, incluidos los que están en los Estados Unidos. Arena ya confirmó que de llegar al poder rompera con la China comunista. Por lo tanto ya no será una votación pensando en el pasado oprobioso de algunos gobernantes areneros, sino en el futuro de nuestros hijos, porque tanto Nayib Bukele como Hugo Martínez tienen  su “corazoncito a la izquierda” y los izquierdistas latinoamericanos son enemigos de los estadounidenses, sino veamos los casos de Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Y acá, ocurrirá lo mismo. Después de todo, como decían nuestras abuelas, “gallina que come huevos aunque le quemen el pico…”

Rafael Orantes

San Salvador, 1 de septiembre de 2018.

En 1952, en Cleveland, un locutor de radio usaba por primera vez el término Rock´n´roll. El creador de esta palabra era Alan Freed, quien ciertamente pasó a la historia por este aporte que tipificaba al más revolucionario y cimbreante ritmo de la historia musical. Sin embargo, Freed tuvo un final poco feliz: fue acusado de “payola”, encontrado culpable y condenado. Murió en 1965, a los 43 años.

“Payola” proviene del verbo inglés “pay”, que significa pagar y el sufijo de vitrola, una especie de tocadiscos, y se refiere exactamente a recibir dinero a cambio de programar en radio determinadas canciones e intérpretes.  Freed no negó nada, solo dijo que él llamaba “propinas” al dinero que recibía de artistas y casas disqueras.

En El Salvador a esos dineros por promover algo o alguien se le ha conocido como “menta”, quizá porque los personajes agradecidos por un favor comunicacional entregaban, estrechando la mano, un rollito de billetes que simulaba un tubo de las famosas mentas gallito. También se dice que la palabra “menta” era porque el proveedor del soborno agregaba como saludo a la hora de la entrega: “para sus mentas”.

Lo cierto es que este contubernio entre funcionarios, empresarios y periodistas y locutores es de vieja data, llegando en los años 60 y 70 a ser una práctica formal y normal en las distintas carteras de estado, Casa Presidencial, Corte de Cuentas, Corte Suprema de Justicia, alcaldías y algunas federaciones deportivas,  grandes empresas y hasta embajadas.

Lo formal era que los periodistas iban cada mes a la dependencia que cubrían como fuente, porque tenían que firmar una planilla especial para ellos, que no eran muchos, particularmente reporteros del Diario de Hoy, la Prensa Gráfica, Diario El Mundo, Diario Latino y algunos pocos radionoticieros de aquellas emisoras que transmitían noticias, tales como YSKL, YSU.

En el Ministerio de la Defensa estos periodistas estaban de alta como militares, porque esa era la única manera de pagarles. La nómina más grande era la de la Alcaldía de San Salvador. Además de dar dinero, la Dirección General de Tránsito quitaba esquelas a todo periodista o los trámites por licencias o tarjetas de circulación eran expeditos, como una forma de agradecimiento y mantener al gremio siempre dispuesto a “colaborar”.

Corporaciones como Cigarrería Morazán, La Constancia, destilerías y casas disqueras no tenían a los periodistas en sus gastos fijos salariales, pero entregaban mes a mes valiosas dotaciones de sus productos, además de festejar el día del Periodista, la Navidad y en algunos casos hasta patrocinar casamientos y cumpleaños de algunos comunicadores, en tanto que las embajadas proporcionaban becas de estudios, principalmente a hijos de jefes de prensa.

La “menta” es entonces un soborno en dinero o especies que no solo ha comprado voluntades de periodistas, llámense reporteros, editores, jefes de prensa o directores, sino que también ha sido una forma de promover engaños al público y tal parece que los comunicadores extranjeros en El Salvador han sido siempre los más diestros en esta artimaña.

Desde los años 80, cuando se dio la eclosión de medios televisivos y aumentó significativamente la cantidad de radio y noticieros, el excesivo número de comunicadores sociales condujo a que ya no se diera más “menta” a los reporteros, tanto en dinero como en especies, por ejemplo canastas navideñas o cualquier otra clase de regalos, pues salía muy oneroso, así que se comenzó a dar estipendios bajo la mesa solo a jefes de prensa y directores. La cantidad obviamente comenzó a ser alta y los pocos regalos muy valiosos.

Por lo tanto, no es raro ni mucho menos descabellado lo que se dice sobre directores de medios que recibieron miles de dólares durante los mandatos de los presidentes Saca y Funes. Si la Fiscalía escarbara más podría encontrar que esa corrupta práctica también se dio en tiempos de Napoleón Duarte, Fredy Cristiani, y los desaparecidos Calderón Sol y Paco Flores. Y por qué no decirlo, también ahora con el profe Sánchez Cerén, administración en la que a algunos comunicadores los tienen en comités y consejos de algo para no hacer nada, solo comprar su silencio o que tergiversen la realidad.

Rafael Orantes

San Salvador, 25 de agosto de 2018.