Rafael Orantes, comunicólogo y escritor

No nos sorprendió que el candidato de GANA diera a conocer un mamotreto que llamó “plan de nación”, sacado  de la “manga de la camisa” o, más propiamente dicho, copiado de distintas fuentes de internet con nombre y apellido: Ministerio de Salud, Universidad Pedagógica, Aeropuerto de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) y, quien sabe, si hasta de nuestra página Gentepoderosa.com, lo cual quizá nunca sabremos, dado que leer casi mil páginas de esa ensarta de quimeras no es fácil y damos por hecho que ni los propios dirigentes de Gana o el mismo Nayib lo han leído completo.

Desde un inicio supusimos que Bukele entregaría un esperpento textual como plan de nación, a partir de conocer a los individuos que lo estaban elaborando, entre ellos un personaje de oscuro pasado de nombre Paul Steiner, quien defendiendo en televisión su “copia” y “pega” de múltiples investigaciones académicas y científicas sin colocar citas o entre comillas, afirmó que lo que había sucedido fue que “las comillas se cayeron al momento de pegar los textos”.

¡Válganos Dios! O él se ha contagiado terriblemente de la inopia supina del topado confeso Felix Ulloa, o con el desdén que caracteriza a los representantes de NUEVAS IDEAS nos considera a los salvadoreños como retrasados mentales, incapaces de saber que ningún signo ortográfico se “cae” de un texto, sino que tales comillas que testificaban la transcripción de los textos fueron borradas adrede.

El “delete” de las comillas, la falta de citas, la colocación de fotos dadas a conocer como maquetas y las denuncias de los ofendidos de haber tomado sin su autorización documentos, investigaciones,  políticas nacionales, etc. convierten al plan de nación de GANA en un escrito increíble, el cual, para terminar de cerrar el círculo de la falacia fue dado a conocer en un programa que fue vendido como “en vivo”, pero realmente había sido grabado en 4 largas y conflictivas horas entre Nayib y el equipo de producción de Canal 12.

Ver el majestuoso aeropuerto de Abu Dabi, el cual fue presentado como maqueta de la terminal aérea que, solo en la mente engañadora de Bukele será construido en La Unión, nos aclara que el candidato de GANA está jugando con la inteligencia de los electores. Pero si es censurable la ensarta de engaños plasmada en el mal llamado plan de nación, es más delicado todavía que gran parte de sus seguidos creen todas esas mentiras.

El problema entonces no es, como diría el cantautor Ricardo Arjona, que Nayib Bukele trate de darnos “atol con el dedo”, sino que la gente humilde e iletrada hasta abre la boca para que le metan ese dedo embadurnado de falsificaciones, quimeras y payasadas, justificando su desatinado apoyo por el resentimiento y la frustración de gobiernos anteriores. Sin embargo, recordemos que, como diría Mandela, “el rencor es como tomar veneno y esperar que mate a nuestros enemigos”.

El salvadoreño debe de una vez por todas abrir su mente y descubrir que nada cambiaría con la llegada de Bukele, pues él es uno de los mismos a los que tanto ataca y si de devolver lo robado se trata, él deberá hacer cola también. Primero: para construir un remedo de aeropuerto como el mostrado requeriría de más de 400 millones de dólares, fondos que los tendría que sacar de nuevos impuestos que terminarán pagando quienes apoyan al candidato de GANA. Segundo: lejos de atacar a la oligarquía y a empresarios explotadores, Bukele fomentaría leyes que beneficien a este sector, porque él es uno de ellos.

De todos es conocido que en el pasado recibió más de $40 millones con su agencia de publicidad, pero esa empresa es solo la punta de iceberg. Bukele está ligado a toda clase de empresas, desde distribuidoras de motocicletas hasta venta de cerámica. Dinero tiene hasta para pagar una campaña electoral que hasta diciembre del año recién pasado superaba los 7 millones de dólares, de acuerdo a Acción Ciudadana.

En los próximos días se espera que hasta triplique ese gasto, pues días atrás invirtió cientos de miles de dólares para organizar 111 puntos para registrar a aquellos ciudadanos que estuvieran dispuestos a “defender su voto”. La convocatoria fue un rotundo fracaso. Luego gastó otros cientos de miles de dólares en organizar su show pregrabado para dar a conocer el por ahora comentado “plan de nación”, evento que incluyó pagar a varios canales para lo transmitieran.

Son tantas las equivocaciones que viene cometiendo el candidato de GANA, entre ellas unirse a este partido ligado al expresidente Saca y cuna de corruptos, que sensatamente cualquier diría que a Bukele solo lo seguiría su familia, pero no es así. La realidad es que tiene muchos simpatizantes, gente ciega a la realidad que no le importa caer en el vacío que ofrece un populista y aprendiz de caudillo.

Y como los pueblos tienen los gobiernos que merecen, una sociedad inculta y políticamente despechada como la nuestra no sería remoto que en el peor de los casos termine escogiendo a su propio verdugo, rehuyendo paradójicamente de elegir a cualquier de los otros candidatos, dizque por su lastre partidista, no obstante que los tres: Josué Alvarado, Carlos Calleja y Hugo Martínez tienen hojas de vida casi intachables, poseen las competencias para ser eficientes como presidentes y, hasta ahora han demostrado madurez política y mucha cordura sin revanchismo.

El pueblo salvadoreño debe recordar que ya tuvimos dos bachilleres populistas: Tony Saca y Mauricio Funes. Que la tercera no sea la vencida. El vivo entiende a señas y los tontos aprenden a palos.

Rafael Orantes, enero 19 de 2019

Estamos en la recta final del proceso electoral. Los cantos de sirena siguen pululando en los spots de televisión y cuñas de radio. La propaganda de algunos candidatos sigue enfatizando en acusar a los oponentes sin ofrecer concretamente nada al ciudadano honrado y trabajador, quien sigue enmarañado en sus vicisitudes, miserias e inseguridades.

Al escuchar una campaña electoral que hasta ahora no ha logrado aterrizar en ofrecimientos concretos, creíbles y ejecutables, principalmente del candidato que, según las encuestas va primero, seguramente habrá más salvadoreños que extrañe las figuras carismáticas de aquellos líderes que encendieron pasiones y crearon muchas expectativas en los años 70 y 80.

Desafortunadamente el liderazgo es actualmente el gran ausente en todos los ámbitos de la sociedad salvadoreña. El lugar de los líderes de antaño que guiaban a nuestra juventud es ocupado hoy por divas y figuras del espectáculo o del deporte y a nivel político las personalidades que siguen en la palestra son las mismas figuras de hace 20 o 10 años. Dinosaurios que se resisten a dejar sus puestos de poder. Prueba de ello es que seguimos viendo rostros decrépitos y marchitos que de una manera u otra impiden que las nuevas generaciones o "camaradas" con sangre joven asuman con propiedad los destinos de El Salvador.

Sin embargo, el liderazgo en El Salvador no es que haya perdido su efecto, quizá extraña su frescura. Lo que ocurre tanto en el plano social como cultural, político, deportivo y empresarial, es que pocas personas tienen los atributos y asumen los retos que conlleva ser líderes, pues algunos si bien es cierto están en boca de todos, en su esencia no dejan de ser políticos que se suman a los muchos oportunistas que buscan el poder para perpetuar influencias de clase, raza e incluso familias, pues la primera decisión que toman cuando llegan al poder es colocar a familiares en puestos claves, en detrimento de otros salvadoreños que por mérito les asiste el derecho de planificar y ejecutar el desarrollo social y económico de el Salvador.

La pobreza de líderes en nuestro país ha dado lugar o cabida a caudillos que como en los viejos tiempos del militarismo aprovechan cualquier coyuntura para ejercer el control no solo de los partidos políticos, sino del país, como fue el caso del nefasto primer presidente que ha tenido la izquierda salvadoreña, quien a través de su programa de entrevistas se "vendió" como paladín de la justicia, señor de la transparencia y defensor de los pobres, pero que cuando llegó al poder actuó a la usanza de los más corruptos gobernantes que le precedieron, o el caso del último presidente de Arena, quien pese a no haber demostrado dotes de estadista cuando ejerció el poder entre el 2004 y el 2009 ni haber resuelto los problemas que eran y son la tranca para que El Salvador avanzara, tuvo el descaro de postularse otra vez en las elecciones presidenciales del 2009 y pretendió o tuvo la osadía de tratar de convencer a la población de que tenía las soluciones para erradicar la pobreza, la violencia, la injusticia social, etc. Evidentemente y gracias a Dios, en esas elecciones cuando quiso una segunda oportunidad para quizá entronarse como "rey", sus recetas solo convencieron a unos 300 mil conciudadanos adeptos al partido GANA, que el promotor de las “reflexiones de Tony Saca”, atacando la corrupción, el despilfarro y las malas conductas de funcionarios, había fundado precisamente con dinero de Casa Presidencial.

No hay duda de que personajes como Roberto d´Aubuisson, José Napoleón Duarte o Schafik Hándal son cada vez más escasos y, curiosamente los tres fallecieron de manera dramática antes de tiempo. Los líderes de hoy carecen de carisma y muchos están en boca de todos más por el dominio de las redes sociales que tienen y los sostienen, por compra de voluntades o bien por las mafias que los apadrinan. Y lo terrible es que a falta de auténticos líderes, parte del pueblo ha puesto sus ojos y oídos en algún encantador o flautista que, con alguna cantaleta bien nos puede llevar a todos al matadero.

Insistimos. Hacen falta líderes, porque nadie tiene ese halo de atracción que llama a seguirlos, admirarlos e imitarlos, y en su lugar se vuelven como la luz de chanflones focos que atraen a las polillas. Pero resulta que el liderazgo no sólo debe magnificarse a nivel político, mucho menos influido por campañas mediáticas a favor o en contra, pues muchos de los seguidores de los líderes actuales lo son sólo de referencia, pero en realidad no se sienten respaldados por estos, ni siquiera se sienten identificados con ellos, como puede suceder cuando el líder visita nuestros hogares, comunidades o instituciones académicas, donde los efectos de un líder son más directos, multiplicadores, visibles y trascendentales.

Rafael Orantes, enero 12 de 2019